A pocos días de celebrar el Día de la Amistad en Paraguay, creo que es importante resaltar el valor de este “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato” (DLE). Considero más que necesario detenernos un momento para preguntarnos qué significa tener un amigo de verdad, una amistad verdadera. ¡Y qué acertada la acepción del diccionario!, porque es en la compañía donde la amistad se hace fuerte.
Hay que reunirnos con los amigos, hay que compartir experiencias sanas, hay que escuchar antes que hablar. Hay que estimar la confianza, no atacarla a la primera oportunidad, dando a conocer, por ejemplo, la vida de otros. Serán comunes los errores, las interpretaciones equivocadas, la falta de explicaciones, las diferencias, las personas que busquen separar una relación así, pero la perseverancia puede llevar a que se salven estos problemas.
Principalmente, un amigo quiere que estemos bien, es feliz si nosotros somos felices, nos acompaña en los buenos y malos momentos.
En la amistad también hay que aprender a pedir disculpas, y perdón si es necesario, y disculpar y perdonar. No somos perfectos, y eso tiene consecuencias, pero vale esforzarse constantemente para evitar caer en los tropiezos. Apelo a –y coincido con Perplexity–, que responde que la amistad “es una de esas pocas experiencias humanas que le ponen piso emocional a la vida”. “Cuando todo se desordena –el trabajo, la familia, la salud, la incertidumbre económica, las decepciones– un amigo auténtico puede convertirse en una especie de refugio moral. No resuelve los problemas, pero ayuda a no enfrentarlos en soledad”, agrega.
Me parece por eso también tan oportuno el versículo bíblico del libro de Proverbios: “Un amigo es siempre afectuoso, y en tiempos de angustia es como un hermano” (17, 17). Muchas veces es difícil encontrar a ese amigo verdadero (e incluso hasta a un buen hermano), y en estos tiempos de inteligencia artificial la tarea enfrenta nuevas dificultades. Conservar una amistad requiere renunciamientos, tolerancia, invertir tiempo, y hoy parece que la mayoría está sin ese espacio para cultivarla, al menos es lo que veo en la capital del Paraguay.
Y cuidado con tratar de reemplazar a una persona con un chatbot, porque es cierto que la inteligencia artificial puede ayudarnos a ordenar ideas, “ofrecer información y hasta servir de desahogo momentáneo, pero no reemplaza el vínculo humano”. El bot conversacional que cité antes admite que “conviene insistir en eso porque hoy existe una tentación muy moderna: Confundir disponibilidad con compañía, y respuesta rápida con afecto”. “Una máquina puede contestar a cualquier hora; un amigo, en cambio, decide estar. Esa diferencia parece pequeña, pero es enorme. La amistad verdadera implica voluntad, memoria, cuidado, paciencia y reciprocidad. No es un servicio, es una relación”, apunta.
La sociedad acaso está como está también porque faltan más amigos, porque “la amistad también cumple una función social que a veces subestimamos”, considerando que cuando abundan el estrés, la polarización o la prisa, “los vínculos amistosos operan como una red invisible de contención”. De hecho, los amigos moderan nuestro aislamiento, y pueden recordarnos que la vida no se reduce “a productividad ni a rendimiento”, corrigiéndonos cuando sea necesario, consolando en tiempos difíciles, y acompañando sin atacarnos o invadirnos.
Una IA tal vez nos puede servir para explorar ideas, pero un amigo nos ayuda a practicarlas. Aquella es un espejismo en momentos de soledad, pero el otro puede ser el vínculo necesario para seguir.
Son varios los beneficios de tener un amigo: Confianza mutua, apoyo emocional, cuidado espontáneo, sentido de pertenencia y bienestar por esa relación humana recíproca. ChatGPT también aceptó que no puede “reemplazar a un amigo de verdad”, citando sus utilidades luego. Remató con un mensaje ambiguo, pero yo subrayo lo que viene tras la conjunción adversativa: “Si tu pregunta viene de una experiencia personal –por ejemplo, porque sientes que no tienes un amigo cercano o porque te han decepcionado–, eso cambia el contexto. En ese caso, puedo acompañarte en la conversación y ayudarte a pensar qué hacer, pero seguiría creyendo que una amistad genuina tiene un valor que una IA no puede reemplazar”. ¡Feliz semana y feliz Día de la Amistad!