16 sept 2026

Mediterráneos de la geografía, no de la cabeza

Forbes Paraguay publicó a fines de agosto los números de un proyecto que merece más atención. Una universidad paraguaya propone convertir parte del Centro Histórico de Asunción en un distrito universitario internacional, que partiría de 1.190 estudiantes extranjeros en 2027 para superar los seis mil en 2032. Con un gasto promedio de 1.350 dólares mensuales por estudiante, el derrame directo iría de unos 16 millones de dólares a cerca de 87 millones por año, que acumularían cerca de 300 millones de dólares en el período, en vivienda, alimentación y servicios. La novedad no es la internacionalización de la educación superior, que ya lleva años entre nosotros, sino que por primera vez llega al centro político de la República, donde no podrá escapar de la atención pública.

Asunción es la estación más reciente de un tren que ya convirtió a Ciudad del Este, Pedro Juan Caballero, Mariano Roque Alonso, Salto del Guairá y San Lorenzo en ciudades universitarias. Según el informe del Cones de 2025, existen cerca de 40.000 estudiantes de medicina provenientes del Brasil, que eligen Paraguay por cercanía geográfica, costos accesibles, estabilidad política y económica. Frente a la inestabilidad boliviana y al encarecimiento argentino, Paraguay quedó como el destino más conveniente para los jóvenes brasileños y, cada vez más, crece el número de argentinos que se mudan a estudiar. Esta situación nos pone ante un desafío de una escala que no hemos tenido: la posibilidad de formar profesionales para toda la región. Nunca estuvimos frente a una coyuntura similar para nuestra educación superior; queda por ver si estamos a la altura de las circunstancias.

La internacionalización de la educación superior trae consigo tres reflejos políticos que convendría desarmar. El primer reflejo es el nacionalismo excluyente, siempre disponible como bandera electoral para quien quiera llamar la atención. Ningún país latinoamericano se desarrolló cerrando fronteras, y los Estados más sólidos demostraron que se puede alimentar una identidad propia y abrirse al mismo tiempo, siempre que haya políticas públicas capaces de integrar. Eso es lo que necesitamos: políticas educativas, de seguridad social y de bienestar, que garanticen un mínimo común para que ningún sector se sienta pisoteado por otro.

El segundo reflejo es la idea de que la educación estatal es el único modelo legítimo. Cada vez que se debate sobre universidad reaparece la consigna de que la educación no es un negocio, casi siempre sin mayor examen crítico. Más allá de lo que cada uno prefiera sobre el Estado y el mercado, la realidad es más compleja. En primaria y secundaria el sector privado se instaló hace décadas con costos diferenciados, y no es un escándalo que los colegios privados cobren, incluso cifras elevadas, sobre todo en un contexto en el que el sector público tiene muchas brechas por resolver. En lo particular preferiría una educación pública de mejor nivel, pero mientras tanto no puedo juzgar a quien paga un colegio privado buscando algo mejor para sus hijos. Lo mismo para las universidades.

El tercer reflejo es el ensimismamiento. Nuestros problemas domésticos son enormes, pero no deberían absorber la mirada estratégica de un Paraguay que necesita ganarse un mejor lugar en el escenario internacional. Los países desarrollados entendieron hace tiempo que atraer estudiantes extranjeros es diplomacia y “soft power” sobre las sociedades que los envían. Países como Estados Unidos, Francia y el Reino Unido destinan sumas enormes a becar jóvenes extranjeros. Nosotros los tenemos dispuestos a venir, financiarse ellos mismos y luego volver a sus países, con la oportunidad de incidir en la experiencia que se lleven cuando vuelvan. Quedarán ligados a Paraguay de por vida, como aliados y puentes estratégicos en nuestras relaciones internacionales. A eso se suma que su llegada financia el desarrollo de la educación superior, aporta recursos para la investigación y permite tener docentes mejor pagados. No hay calidad académica sin recursos, y hoy el presupuesto público ya no alcanza para ser la única fuente.

Sabiéndonos mediterráneos en la geografía, dejemos de lado la mediterraneidad mental. Internacionalizar la educación superior y formar a los profesionales que Paraguay y la región necesitan deben estar en la agenda de prioridad nacional para la próxima década.

Director Ejecutivo de la UFAMEP (Unión de Facultades de Medicina Privadas del Paraguay)
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