30 nov. 2025

Un sueño del alma mía

Escribo este comentario antes del partido de fútbol de Paraguay con Ecuador, en el que esperamos alcanzar el sueño de clasificarnos para el Mundial de Fútbol. Demasiados juky los niños de varias escuelas con remeritas de la Albirroja y carteles con expresiones como “Tengo una ilusión en el pecho: Que ganes de nuevo”, “Somos vencer o morir”. “Somos guerreros de cuna”. “Yo voy contigo a la Luna”… “Alegrame el alma mía”. “Somos garra guaraní”… En fin, pura emoción…

No sé cuál será el resultado del partido, pero lo que rescato, además del sentimiento de unidad que genera este encuentro deportivo, son algunos conceptos que renacen y se renuevan desde nuestro sentido común, es decir, desde nuestras raíces culturales. Por ejemplo, el unir en el corazón la dimensión racional con la dimensión afectiva de las personas, desde donde nace el deseo de ir más allá de la rutina, de la mediocridad, del estatismo que inmoviliza, y la trascendencia que podemos simbolizar con la palabra Luna, ya que ella está en el cielo y el “ir” indica un dinamismo que nos mueve a desear cosas grandes y vivir aventuras hacia mejores estados de vida. La garra y la condición de guerreros hacen referencia a nuestra capacidad de lucha, a la valentía que nos da la experiencia sacrificada y la herencia histórica que nos viene desde la “cuna”. Luego esa bella expresión que invita a “alegrar el alma”, que une una virtud difícil de conseguir hoy en el mundo posmoderno y un atributo que nos ponderan los visitantes, la capacidad que reírnos y de ser positivos incluso en las circunstancias más complicadas de la vida, con la conciencia de que tenemos una interioridad personal valiosa, la cual que definimos como alma.

Claro que el fútbol no expresa toda la riqueza de nuestra cultura, también sirve de vehículo para las emociones negativas, no lo negamos. Por eso, de esta punta de ovillo cultural, tendríamos que estirar un poquito más para redescubrir y valorar el tejido moral de la nación (como decía monseñor Rolón), que subyace en las expresiones populares.

En esta semana que culmina tuvimos la suerte de contemplar esta misma garra del alma guaraní en otro contexto mucho más serio, el de la defensa de los niños paraguayos por nacer, brillantemente fundamentada, racional y moralmente, desde la medicina, la bioética, la ley, la lógica y el sentido común, por parte de médicos especialistas en fertilidad, ginecología, neurología y otras áreas, también abogados y otros profesionales, sobre el peligro de abrir puertas a la manipulación genética de seres humanos, es decir de personas con dignidad inalienable, en los estadios iniciales de la vida, mediante el uso de dinero estatal para métodos de inseminación in vitro, que en todas sus técnicas desechan embriones humanos con ADN irrepetible, y con éxito escaso y carísimo en todo sentido. Hay otras vías que sí son éticas para ayudar en su fertilidad a los esposos que desean ser padres y lograr su sueño sin desechar embriones humanos. También está el generoso camino de la adopción. Lo cierto es que el Estado paraguayo tiene otras prioridades y urgencias en materia sanitaria, de lo cual doy fe, ya que este año me tocó ser hospitalizada y tratada por una pancreatitis aguda, evento delicado que me llevó a compartir la suerte de miles de paraguayos enfermos que necesitan apoyo y que muchas veces no lo encuentran ni mínimamente.

No critico para nada a los padres, ni mucho menos a los niños que nacen con el uso de estas técnicas. Al contrario, justamente, porque valoro la vida humana como sagrada es que me uno a esos padres a buscar la verdad con especialistas éticos, varios de ellos eminencias como el Prof. Dr. Enrique Demestral, la Dra. Angélica Sarmiento y otros que explicaron a los parlamentarios en la Audiencia Pública del lunes pasado de los peligros que encierra hacer política pública mercantilista, por mucho que sus promotores se arropen de buenistas.

Ojalá que hoy sea un día de celebración comunitaria después de una victoria que ya se vislumbra esperanzadora en las horas previas al encuentro de fútbol, cuando escribo este comentario, pero también es mi deseo ir más allá, hacia la Luna, como dicen los niños, y que esa unidad nacional aguerrida se manifieste también en la defensa de todos los niños por nacer, que son personitas paraguayas muy atacadas hoy en muchos sentidos.

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