02 mar. 2026

Punch, Gaza y la sensibilidad... ¿Humana?

Personalmente, me considero una persona sensible que ama a los animales humanos y no humanos, y más aún me sensibilizo si son pequeñas crías en situación de vulnerabilidad, como el caso del pequeño Punch y su tierno peluche, peleando por ser aceptado por sus pares, o los niños de Gaza o África o de Paraguay, sufriendo en contextos de hambruna y violencia provocadas por la ambición de gente desalmada.

En las redes sociales, vi el posteo de una persona que se quejaba del aluvión de comentarios a favor del pequeño Punch, comparando con las imágenes de un niño palestino también refugiado en su peluche, en medio de la devastación de su hogar.

El debate se torna turbio cuando se plantea la selectividad de la sensibilidad, lo cual en parte es una realidad, según el contexto que nos rodea y la información a la que alcanzamos llegar, en una era de sobreestimulación, exceso de información, algoritmos y manipulación por parte de los generadores de contenido, ya sean estos grandes medios o individuos aislados.

Todo el universo de internet y redes sociales está sobrecargado de imágenes en videos o fotografías, o textos y audios que buscan atraer y estimular nuestra atención, apostando cada vez más a tecnologías diseñadas para atraparnos en la “telaraña informativa” o “entretenedora” donde hasta ya vemos como reales cosas inventadas por alguna inteligencia artificial.

Volviendo al debate de si es injusto o comprensible que un pobre monito haya generado más sensibilidad en la comunidad internauta que una niña en un conflicto armado puntual, mi opinión es que esto es relativo en varios sentidos.

Esta nueva era de la imagen potenciada por internet, los dispositivos móviles, las redes sociales, la inmediatez y la lucha por el poder de captación de la atención del “usuario” o “consumidor” nos tiene constantemente como “conejillos de Indias” y evoluciona a un ritmo cada vez más acelerado.

El fenómeno de Punch ha explotado en el ciberespacio y generado el aumento de visitas al zoológico donde se encuentra, y su imagen particular está atada a un elemento muy particular, el llamativo peluche de mono, que se convirtió en su compañero o madre en un momento de soledad y rechazo, rompiéndonos a todos el corazón.

Pero la historia va cobrando un rumbo feliz, que es la aceptación del grupo de monos al pequeño Punch, por lo que lentamente está abandonando a su protector felpudo y en poco tiempo Punch ya no podrá diferenciarse de los demás monos de su edad si ya no está con su característico compañero.

Por lo tanto, el fenómeno quedará en la anécdota y difícilmente volverá a ser “viral” su imagen, formando así parte del diario abandono de atención del cual son víctimas los productos de entretenimiento en la gigantesca red de información donde metemos la cabeza como avestruces todos los días y casi todo el día.

Yendo ahora a una realidad mucho más terrible, la realidad que viven los niños de Gaza y otras partes del mundo, como nuestro propio país, los algoritmos también juegan un rol clave aquí. Si bien hay una guerra de propaganda, los medios de comunicación más serios han publicado informes e investigaciones serias respecto a cuánto se han vulnerado los derechos humanos de miles de niños y el caso de Gaza es particularmente emblemático porque hay un foco importante de atención allí.

Aún así, hay gente que se atreve querer negar estos horrores o querer desviar la atención hacia otros horrores o relativizar el horror. En Paraguay, es grande la deuda con la niñez, tanto en comunidades campesinas e indígenas de zonas rurales como en los cinturones de pobreza extrema urbana, donde no vendría para nada mal viralizar y sensibilizar sobre esta realidad para presionar por soluciones reales y no solo para romantizar el instante.

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