16 abr. 2024

Un país VIP

Hace aproximadamente una década, escribí en esta misma columna que nuestro país debía intentar convertirse en una suerte de país VIP, es decir, verde, inclusivo y productivo. Hoy más que nunca creo que debemos movernos decididamente en dicha dirección, aprovechando las oportunidades que se presentan a nivel internacional y las necesidades locales.

El gran desafío que se plantea a la humanidad para este siglo tiene que ver con la perspectiva verde. Los países se están moviendo aceleradamente hacia economías bajas en emisiones de carbono y eso modifica el funcionamiento de muchos mercados, tanto desde la perspectiva de nuevas regulaciones como así también del propio comportamiento de los consumidores a nivel mundial.

La evidencia científica que sustenta el peligro que corre la humanidad con el cambio climático es irrefutable y eso justifica este enorme cambio en los mercados.

Nuestro país tiene un potencial enorme para aprovechar las oportunidades que se presentan ante la necesidad de una economía más verde. Tenemos una enorme producción de energía limpia y renovable, agua dulce en abundancia tanto a nivel superficial como subterráneo, un suelo fértil y disponible para la producción, bosques y suficiente sol durante casi todo el año. Vale decir, podemos atraer importantes inversiones vinculadas a estos recursos que nuestro país tiene en abundancia para un mundo que los precisa y valora más que nunca.

La idea de que lo “verde” es solo una cuestión de los ambientalistas y que la misma está separada de la gente y se opone a la producción es un prejuicio arcaico y superado.

Lo inclusivo se refiere al imperativo ético que tiene el Paraguay de transformar rápidamente la degradante estadística de casi un tercio de su población por debajo de la línea de pobreza, empleos de muy baja calidad, enorme informalidad y escasos esquemas de protección social. Aquí también debemos superar la limitada teoría del “derrame”, la que sustenta que el crecimiento económico por sí solo acabará derramando la riqueza hacia los sectores más pobres. La evidencia demuestra que ante la ausencia de determinadas políticas públicas inclusivas y generadoras de igualdad de oportunidades y de condiciones, la inequidad aumentará incluso en épocas de auge económico.

Una educación de calidad es una de las más poderosas políticas públicas redistributivas a las cuales debemos centrarnos, más aún con los graves déficits de aprendizaje de nuestros estudiantes.

Igualmente, existe un gran espacio de mejora para el desarrollo de políticas públicas de salud y protección social que no pueden esperar más, considerando el creciente hartazgo de la población ante la ausencia de bienes públicos de calidad.

Finalmente, necesitamos impulsar un Paraguay realmente productivo. Eso significa crear riqueza a través de inversiones en varios de los sectores en los que tenemos ventajas competitivas. Industrias que precisan de energía limpia y renovable, producción de alimentos, el sector forestal, maquila, entre otros. Son solo ejemplos de áreas en las que podemos atraer importantes inversiones.

Para ello, se requiere una política bien orientada a la atracción de inversiones, generando condiciones cada vez más propicias. Eliminar las trabas para los negocios, apuntar decididamente a conseguir el grado de inversión y mantener nuestra estabilidad macro, son cuestiones claves que deben ser una obsesión para los tomadores de decisión, dejando de lado posiciones absurdas como las que tuvimos con el increíble intento de desechar una cooperación de la Unión Europea basada en falacias y teorías conspiraticias que nos desvían la atención a lo que verdaderamente importa y necesitamos.

En fin, apartémonos de los viejos estigmas que solo conducen a confrontaciones que nos dejan atrapados en el pasado y centrémonos en construir el Paraguay VIP.

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