20 mar. 2026

Un libro que aporta una visión distinta sobre la época lopista

Recientemente se ha lanzado el volumen Un húngaro en el Paraguay del siglo XIX, que se refiere a la vida y trayectoria de Franz Wisner von Morgestern, del historiador alemán Günther Kahle, editado y traducido por el autor del presente artículo.

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Portada del libro, editado por Arandurâ ediciones.

Miguel Ángel Gauto Bejarano
Investigador


En la introducción al lanzamiento de la biografía del coronel Franz Wisner von Morgenstern el día jueves 11 de marzo en el local del Centro Cultural Juan de Salazar expuse brevemente algunos de los motivos que justificaban su publicación. En esta nota me gustaría volver a presentarlos de manera escueta.

El nombre de Franz Wisner von Morgenstern fue conocido en Paraguay, inicialmente, en relación con la biografía del dictador Francia escrita por el mismo El Dictador del Paraguay, José Gaspar de Francia.

Las investigaciones emprendidas por el profesor Günther Kahle en el Archivo de Austria y en archivos varios y publicadas en una separata, viene a ampliar significativamente las informaciones sobre el mismo, especialmente en cuanto a su influencia sobre los gobiernos de don Carlos Antonio y de Francisco Solano López. De aquellas emerge una figura multifacética de aspectos frecuentemente contradictorios, aunque ricos para el estudio de la historia del Paraguay.

La fortaleza de Humaitá

Liberal revolucionario en Europa durante su primera juventud, va convirtiéndose una vez instalado en el Paraguay al servicio de los dos López, en cortesano conservador. Su actuación en este caso no estuvo exenta de riesgos. Inculpado –sin mayor consistencia– del fracaso de la expedición militar paraguaya a las Misiones, estuvo a poco de ser fusilado por orden del entonces general Francisco Solano López. Rehabilitado por el presidente Carlos Antonio López en el contexto de un drástico empeoramiento de las relaciones con el Brasil, Wisner reinicia un rápido ascenso. Sus habilidades de ingeniero y constructor lo convirtieron en la persona indispensable para dirigir o acompañar construcciones no solamente militares: la fortaleza contigua a la iglesia de San Carlos Borromeo en Humaitá y el trazado de los planos del edificio del templo que lleva ese nombre, el del Palacio de Gobierno, el fortín Borbón, posteriormente, las trincheras de Curupayty, entre otras. En el ámbito civil se le atribuye la construcción de la casa de madame Lynch. La confección del mapa del Paraguay le valió importantes reconocimientos por parte de la comunidad científica austriaca en 1873 (el Mapa topográfico de la República del Paraguay 1873).

Cortesano culto y políglota

Sin embargo, sus habilidades de constructor y cartógrafo no fueron las únicas. Su notoriedad como cortesano culto, políglota y de distinguidos modales no parece haber pasado por alto entre las damas asiduas al círculo áulico. Se asume la existencia de una estrecha amistad entre Wisner y madame Lynch que duró hasta después de la guerra. Ambos habrían patrocinado fiestas y bailes (muchos de ellos de origen inglés) que –como lo señalara Antonio Pecci durante el acto de presentación del libro– se convirtieron con el tiempo en patrimonio cultural paraguayo. Estas cualidades de Wisner hallaron eco –a través de la tradición oral– en la novela histórica El país de las mujeres (Land der Frauen), de Katharina von Lombrovsky.

Wisner escribió un dictamen-recomendación sobre las relaciones internacionales en el Río de la Plata que le fuera entregado a Francisco Solano López. El mismo, con las advertencias pertinentes fue desatendido por este.

Su notable capacidad de adaptación a las cambiantes realidades le permitió al fin de la Guerra Grande servir con casi igual aplicación a la nueva administración presidida por Cirilo Antonio Rivarola. El informe preparado por Wisner sobre la riqueza pública del Paraguay habría permitido la concesión de un empréstito para el Paraguay en la Gran Bretaña.

La biografía de Wisner, en suma, le permite al lector abordar de una manera muy diferente a la de la historiografía tradicional sobre una de las épocas más complejas de la historia del Paraguay.

Así escribía Günther Kahle

A Wisner se le extendieron nuevamente pasaportes que le permitieron viajar sin restricciones dentro de Paraguay y prosiguió sus estudios topográficos y se dedicó también, a partir de 1856, a la construcción del ferrocarril iniciado en ese año y cuyo primer tramo de Asunción a Paraguarí se inaugurara en 1861. En el apogeo de las variadas actividades de Wisner, Carlos Antonio López lo distinguió, como ya se dijo, al mencionarlo por su nombre en su mensaje al Congreso del 14 de marzo de 1857 y al alabar sus servicios como ejemplares (…). La posición de Wisner en Paraguay no solo era ahora ya igualmente segura, sino que se había fortalecido a lo largo de los años. Además de su labor como topógrafo y de técnico-militar, también había ejercido labores como arquitecto y maestro de construcciones. Los edificios de la iglesia de San Carlos Borromeo, la Aduana y la casa palaciega de Elisa Alicia Lynch, amante de Francisco Solano López en Asunción, habrían sido construidas a base de sus planos. Sin embargo, la principal de las ambiciones de Wisner eran su aspiración claramente perceptible de actuar como asesor político del presidente y coparticipar en el diseño de la política exterior paraguaya. Realmente, el presidente Carlos Antonio López buscó y valoró clara y frecuentemente su opinión y en 1859, incluso, le encargó acompañar a su hijo Francisco Solano durante la campaña de mediación diplomática emprendida por este entre Buenos Aires y la Confederación Argentina.

Wisner se esforzó a la sazón por recuperar la confianza de Francisco Solano López, temporalmente perdida luego de los sucesos de 1849. Como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas paraguayas, este se perfilaba como potencial sucesor de su padre y como la personalidad ascendente de mayor significación en el panorama político paraguayo.

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