10 sept 2026

Un Estado que niega oportunidades a las mujeres indígenas

En el Día Internacional de la Mujer Indígena que se recuerda en la fecha es oportuno reflexionar e instar a las instituciones sobre el importante rol que tienen las mujeres indígenas en nuestra sociedad. Es necesario reconocer su aporte en cuanto a la preservación de la riqueza cultural del país y, al mismo tiempo, la indiferencia ante la discriminación y la violencia que sufren a diario.

Cada 5 de setiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, para reconocer su lucha y aportes. Esta fecha fue instituida en 1983 en honor a Bartolina Sisa, una mujer indígena aymara que había luchado contra el dominio colonial español y fue asesinada en 1782 en Cusco, Perú.

En el Paraguay, con mucha frecuencia se menciona que las mujeres indígenas son el pilar fundamental de la identidad cultural, la transmisión de valores y, sobre todo, de la lengua. Se narra una historia en la que el guaraní fue transmitido por las mujeres indígenas guaraníes y que el idioma sobrevivió gracias a las mujeres.

En la realidad, en el día a día, sin embargo, la mujer indígena es probablemente el grupo más discriminado. No solamente por ser mujer, sino también por ser indígena. Son inmensos e innumerables los obstáculos que tienen para alcanzar el derecho a una vida digna.

De acuerdo con el IV Censo Nacional de Población y Viviendas para Pueblos Indígenas del año 2022 en el rubro de la salud, el acceso a seguro médico llega a apenas el 19% de la población indígena total, y en el caso de las mujeres indígenas, llega solo al 18%; agrega el censo que en algunos pueblos como los Mbya Guaraní, Ava Guaraní, Aché, Maká y Angaité los porcentajes son menores al 4%. En cuanto a la alfabetización, esta es menor en mujeres indígenas: En la franja etaria de las mayores de 60 años solamente el 43,7% sabe leer y escribir.

Todos los factores juegan en su contra, el analfabetismo, el exceso del trabajo de cuidados y del hogar hace que apenas puedan acceder al mercado laboral, donde según los datos, llega a apenas el 26,7%, y es prioritariamente en el empleo doméstico.

Es evidente, a la vista de estos datos que las indígenas tienen muy pocas oportunidades, y es el Estado el que debe crearlas y promoverlas.

Ante este abandono por parte del Estado, las mujeres y las niñas se encuentran expuestas a todo tipo de violencia, y los casos van en aumento por el alto nivel de impunidad.

Es inaceptable que, en un país que se dice democrático, se haya permitido la normalización de la violencia contra mujeres y niñas, lo mismo que la explotación sexual que sufren niñas y adolescentes, que son víctimas de desaparición y con frecuencia también son víctimas del crimen organizado.

En nuestras ciudades las personas han normalizado la situación en la que viven niños y adolescentes nativos que viven en las calles, consumen drogas y duermen en baldíos o viviendas abandonadas.

Ellos no solamente deambulan y mendigan en los barrios sino que sobre todo, están expuestos a todo tipo de violencia y abusos, en especial las niñas.

Niñas y adolescentes sufren las consecuencias del abandono a los pueblos originarios, pues primero han sido sus familias las que tuvieron que abandonar sus comunidades, muchas veces para hacer algún reclamo de tierras o pedir asistencia ante la miseria que azota sus comunidades. Pasado el tiempo es frecuente que permanezcan en las ciudades y así se inicia la terrible espiral de abandono y explotación, en uno de los países más desiguales del continente.

En este Día Internacional de la Mujer Indígena convendría recordar un suceso de hace seis años cuando fue hallado el cuerpo de una niña Mbya Guaraní, de tan solo 12 años, abandonado en un patio baldío en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus de Asunción.

Aquella niña habría sido una de las tantas que deambulaban por la zona, siendo víctimas de todo tipo de atropellos y abusos; poco antes, otra adolescente de 14 años también indígena había sido encontrada en una situación similar. Las niñas, tras ser abusadas sexualmente fueron maniatadas y abandonadas en un predio abandonado.

Estos hechos de violencia han quedado en su mayoría impunes, pero como sociedad no podemos normalizarlos. Es necesario que cada institución del Estado, cada autoridad electa y cada funcionario se sientan interpelados y se esfuercen para que todos los habitantes del país puedan vivir con dignidad, en particular los más vulnerables como son las mujeres indígenas.

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