18 jun. 2026

Ucrania, entre el miedo y el hartazgo a una guerra interminable

Los habitantes de la capital ucraniana intentan llevar una vida normal en medio del conflicto bélico con Rusia que ya lleva más de dos años y medio. Alarmas, toques de queda, y escapadas a refugios ya forman parte del día a día. Hay memoriales y homenajes a los caídos por la ciudad.

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Normalidad. En Kiev, los habitantes intentan llevar una vida normal en medio del conflicto bélico con Rusia que ya lleva dos años y medio.

Las sirenas suenan y las alertas se encienden. Es un día más, o quizás un día menos. En Kiev, la capital de Ucrania, una ciudad caracterizada por una arquitectura variada, entre bizantina, industrial, soviética y modernista, esto se tornó normal a pesar de que el frente de batalla se encuentre a tan solo algunos kilómetros.

Escuchar el sonido de las alarmas advirtiendo sobre un posible ataque ruso y el llamado a buscar un refugio forman parte de la vida cotidiana desde que inició la guerra. Pero desde el 2014 se fue acentuando esta nueva normalidad. Es que en aquel tiempo Rusia anexó Crimea, y la ciudad autónoma de Sebastopol. Lo que ocurrió luego, fue solo una escalada del conflicto.

Última Hora, junto a otros 9 periodistas de distintos países de Latinoamérica estuvo en Kiev, la principal ciudad y capital de Ucrania que sigue persistiendo el embate ruso. El peligro no pasa nunca, y el hartazgo ciudadano se va acentuando cada vez más.

Pero aún así y pese a todas las medidas, los ciudadanos viven su vida normalmente en medio del fuego cruzado que se da en zonas fronterizas. En Kiev, el frente de batalla es visto como algo muy lejano.

La ciudad es bastante limpia y despierta un aire de frescura. Bien temprano, se ve a gente trotando, leyendo en las plazas, paseando al perro, o divirtiéndose en monopatín. El tránsito es fluido y tranquilo. No se ven muchos militares por las calles, aunque sí gente harta de la guerra.

En la ciudad todo parece homenaje y el sentido de pertenencia se percibe al andar. Banderas ucranianas flameando a cada paso son el primer indicativo. Los murales le dan el colorido y las personas vistiendo los colores alusivos a su país, el toque final.

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Normalidad. En Kiev, los habitantes intentan llevar una vida normal en medio del conflicto bélico con Rusia que ya lleva dos años y medio.

Las autoridades de este país buscan un mayor acercamiento hacia América Latina y un mayor apoyo de los líderes políticos de esta región, en medio de un conflicto que se encuentra en su punto más álgido y en donde los muertos se cuentan de a miles.

Kiev es la ciudad más protegida por tratarse de la capital, y las personas ya han sabido identificar el nivel de alerta emitida por las aplicaciones utilizadas para el celular.

“El celular te indica que tan grave es el aviso, por eso ya no hay pánico”, nos cuenta Javier, un ecuatoriano que emigró a este país hace 20 años. “La vida sigue, hay que trabajar, no podemos estancarnos como en pandemia”, continúa.

Esta aplicación también revela el grado de peligrosidad, es decir, las personas ya están al tanto si la amenaza se trata de un dron o un misil que sobrevuela el espacio aéreo ucraniano, pero confían en sus Fuerzas Militares. Sin embargo, Javier lamenta esta situación.

“Cuando viene una alerta estando en el bus o en otra parte de la ciudad hay que tomar una decisión en el momento, es dificultoso. Mi hijo de 14 años ya maneja la alerta al dedillo, no me parece bien que a esa edad tenga que estar haciendo eso, pero es la realidad”, señala Jorge, quien está casado con una ucraniana y pese a todo, no piensa salir del país.

Por las noches, las calles de la ciudad se llenan de jóvenes ávidos por vivir su vida de forma normal. Los bares se abren hasta poco antes de la medianoche, hora en que entra a regir la ley marcial del país y el toque de queda, hasta las 5 de la mañana.

“Entendemos que es muy difícil, sabemos que nuestros amigos están en el campo de batalla, pero es nuestra realidad, el ucraniano tiene el ánimo muy fuerte. Sabemos que tenemos que resistir, no somos invasores, estamos resistiendo, tenemos que seguir, no tenemos otra opción”, señala Alina, una joven de Kiev, con voz resquebrajada y en tono triste.

Al refugio

La experiencia fue vivida en carne propia. En la profundidad de la noche sonaron las alarmas. Parece que alguien dijo “acción” y todo comenzó a moverse. Las puertas de los dormitorios se abrieron inmediatamente y se escuchaban pasos por los pasillos, algunos más rápidos que otros. Los hoteles de la zona cuentan con refugios en caso de que las sirenas hagan su trabajo alertando sobre un posible ataque aéreo.

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Homenaje. En la Plaza de la Independencia, principal centro de protestas ciudadanas, hicieron un homenaje a los caídos en la guerra.

Para los ucranianos, esto ya forma parte casi de un ritual. Varios jóvenes comparten y sonríen mientras aguardan que la alerta se disipe y puedan regresar a sus dormitorios.

Tras unos minutos, la alerta recibida en sus aplicaciones, confirma que todo vuelve a la normalidad, y con ella, la tranquilidad de las personas que poco a poco se dirigen nuevamente a conciliar el sueño. En el centro de Kiev, estos búnkeres forman parte también del paisaje y están ubicados estratégicamente.

La Plaza de la Independencia, ícono de las protestas ciudadanas, hoy tiene un aspecto diferente de hace una década. Allí se alojan hoy día, miles de banderas de distintos países arropando una ofrenda a los caídos en la guerra.

Existen banderas latinoamericanas. En otra plaza llamada San Miguel distante a unos kilómetros, hay restos de tanques y blindados que quedaron varados luego de la retirada rusa de la región y también modestos autos particulares baleados e inutilizados exhibidos como en un museo.

Todo en las calles parece homenaje y también expresión de la furia y el hartazgo ciudadano que sigue viendo cómo se les pasa la vida buscando ser un país independiente y sin conflictos.

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