15 jul 2026

Tarda en llegar

Disculpen por interrumpir el entusiasmo futbolero, pero la semana pasada sucedió algo digno de mención en este país y no tiene que ver con la Albirroja.

La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia confirmó la condena de 30 años para el ex comisario stronista Eusebio Torres por hechos de tortura cometidos en abril de 1976 en el Departamento de Investigaciones.

Sucedió hace una vida, pero en este país desmemoriado es necesario resaltar, valorar y celebrar la condena a un torturador. La condena llegó tarde para las víctimas; sin embargo, como decía Cerati, tarda en llegar y al final hay recompensa.

En el mes de octubre pasado, el Tribunal de Apelación Penal, Segunda Sala, en mayoría había ratificado la pena de 30 años de cárcel para Torres por torturas de los hermanos Luis y Carlos Ernesto Casco y Teresa Aguilera de Casco; los hechos ocurrieron hace 48 años y según reportaba ÚH, poco antes de conocerse la deliberación del Tribunal de Sentencia, en febrero del 2025, el torturador había declarado que los denunciantes se “confundieron”, motivo por el cual pidió ser absuelto de pena y culpa.

Claro, como si uno fuera capaz de olvidarse del tipo que te garroteaba con un tejuruguái, intentaba ahogarte en una pileta llena de agua sucia y te hacía descargas de electricidad en los genitales con una picana eléctrica.

De acuerdo con la acusación, Carlos Casco, la víctima, fue detenido en el Puerto de Asunción, cuando estaba llegando desde la Argentina en abril de 1976; de ahí lo llevaron a Investigaciones, donde cayó en manos de Camilo Almada Morel y Lucilo Benítez, ambos torturadores y ya fallecidos.

Según el relato, después de tres días apareció Eusebio Torres, quien le torturó y amenazó con matar a su esposa y después de seis meses fue derivado a la cárcel donde tenían encerrados a los presos políticos en Emboscada. Carlos Casco quedó libre en agosto de 1978.

En su defensa, el comisario stronista torturador había dicho que, en el tiempo en que ocurrieron los hechos denunciados, él no se encontraba en el área de Investigaciones de la Policía. Sin embargo, el argumento fue rebatido de manera contundente cuando declararon testigos que sí lo vieron en la sede policial en los años 1974, 1975 y 1976. Euclides Acevedo, Dionisio Borda, Miguel Ángel Perito y otros que habían estado detenidos en Investigaciones así lo declararon.

El policía que torturó fue condenado a 30 años de cárcel, pero como tiene 88 años no sé si –como merece– va a pasar el resto de su miserable vida en prisión. No obstante, esta condena sí que ameritaba ir a festejar en el Panteón.

Eusebio Torres pudo disfrutar de la democracia.

Desde el día en que su único líder Alfredo Stroessner corrió impune del país, ni él ni los demás colaboradores y cómplices de la dictadura sufrieron persecución ni molestia alguna, y a diferencia de él, sus víctimas nunca pudieron defenderse en un tribunal, ni los torturados, ni los exiliados, ni los que fueron muertos por tortura en las cárceles.

La lista de quienes ejecutaban la represión durante la larga dictadura stronista es extensa, y solo algunos fueron llevados ante la justicia para responder por sus crímenes. Gente como Pastor Coronel, Alcibiades Brítez Borges, Lucilo Benítez, Juan Martínez, Alberto Cantero, Agustín Belloto, Francisco Ortiz Téllez, y otros fueron sentenciados en ocho casos llevados ante la Justicia en los años que llevamos de democracia. El resto, y en particular Alfredo Stroessner, lograron impunidad. El dictador murió lejos, y es bueno que allá hayan quedado sus restos.

Hay que tomar este pedacito de justicia y aferrarse bien a él. Porque no se olviden que ese siniestro pasado no quedó tan lejos ni este presente se siente tan seguro.

El otro día vi en una camioneta lujosa una calcomanía con la firma de Stroessner y la leyenda 1954-1989; y se debe mencionar que durante el primer Gobierno de Horacio Cartes, el policía torturador Eusebio Torres fue condecorado en la ceremonia de conmemoración de los 50 años de egreso de los oficiales de la Escuela de Policía General José E. Díaz.

Porque, y parafraseando al Che Guevara, no se puede confiar en los autoritarios y fascistas, pero ni tantito así. ¡Nada!

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