21 jun. 2026

Sumisión

Hay que decirlo y reconocerlo. Nada direccionado a la justicia se puede esperar de esta Corte desde el momento en que su mayoría se somete al poder político con beneplácito y bonhomía. No quiere ser en su mayoría ni independiente, ni autónoma ni libre. Les encanta estar sometida al poder político y a estos someterla a las humillaciones más viles como en el caso de Kattya González.

Se esperaba la resolución en contra, pero todos queríamos saber cómo superaban los grandes escollos de no tener la mayoría para echarla que los mismos senadores se habían concedido. Sumado, al hecho de que no le dieron el tiempo establecido para su legítima defensa. Lo primero ha sido digno de antología. Dijeron que a pesar de que los mismos senadores habían reconocido que la resolución de los 30 votos estaba vigente y se asentó en actas, encontraron el argumento de que ese tipo de resoluciones no entra en vigencia al día siguiente de su aprobación, sino hasta que las siguiente reunión lo apruebe. Tuvo razón el senador Nakayama que con esa interpretación las mismas resoluciones de la Corte que los afectan carecen de validez porque entraron en vigencia al día siguiente de su aprobación. La mayoría de los 30 votos estaba vigente desde el 21 de diciembre del 2023 y no desde el 15 de febrero de 2024.

La legítima defensa tampoco la tuvieron en cuenta y ni les importó que esta cuestión central en un Estado de derecho no se cumpliera. Les pasó por el quinto forro y sostuvieron con su fallo la prepotencia con la que actuó la mayoría del Senado para expulsar a uno de sus miembros. Esto lo fundamentaron argumentos risibles que caen en la categoría de prevaricadores a los seis ministros de Corte que lo aprobaron. Ellos se suponen que saben de derecho. Decimos, suponer, porque a juzgar por su fallo ya ponemos en duda si no habían sido compañeros de Hernán Rivas en la imaginaria Facultad de Derecho que desató todo ese escándalo de nuestra democracia. Kattya González le había hecho un favor a la República denunciando que el juez de jueces no tenía título habilitante de abogado y apenas podía comunicarse en español. Esa fue la razón por la que echaron previo debate en el gabinete del guincho donde, según el propio senador Ovelar, él se había opuesto a tamaña injusticia a pesar de que luego dio su voto a la expulsión. Finalmente, fue ese propio Senado que despachó contra su voluntad al corsario Rivas que fungía de abogado. Los hechos le dieron la razón a Kattya Gonzalez y en vez de agradecer sus servicios a la democracia, la Corte cuyos miembros son parte del JEM y sufrieron la humillación del juez de jueces no tuvieron las agallas de hacer justicia en este caso abiertamente contrario a ella.

Este fallo debe ser analizado en todas las facultades de Derecho como caso de estudio de venalidad y como una síntesis del comportamiento pusilánime y entreguista de una Justicia al poder político del momento. No tiene nada de diferente con la Corte de la dictadura obediente y servil que respondía al tirano a pie juntillas. La de Argaña o Von Leppel es absolutamente igual. Con algo más de lectura para sostener lo insostenible. Pero los seis que fallaron en este caso no pudieron ser más abyectos demostrando una torpeza argumental digna de la universidad de Hernán Rivas con el padre de Nenecho de decano. El caso es tan vergonzante que un relator de la Corte preguntó a la inteligencia artificial que analizara el fallo y ella se espantó de su injusticia. Ahora el caso concluirá en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Costa Rica en unos buenos años cuando varios de los votantes del fallo ya se habrían jubilado o pasado a la otra vida. Pero los costos de este fallo con categoría de mamotreto los vamos a pagar nosotros y nuestra descendencia. De momento y de cara al país y el mundo el caso de Kattya González es una mácula a la Justicia y una vergüenza hacia adentro y hacia afuera. No vivimos en un Estado de derecho y nadie puede estar seguro con una Corte cuya interpretación de un caso claramente ilegal e injusto tiene muestras de capitulación, entrega y pusilanimidad frente al poder político. Los seis que votaron en mayoría cargarán sobre sus espaldas la vergüenza de haber sido abyectos y entregados al poder político. El mayor enemigo de la justicia hoy son los jueces venales, corruptos y entregados al poder político. La ministra Llanes está equivocada. No son los poderes mediáticos los que aprietan a los magistrados, sino son los mismos políticos con los que ellos se encuentran a hurtadillas, son electos y viven controlados por ellos. Los peores enemigos de la justicia están en la misma Justicia paraguaya sus amos políticos de ocasión.

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