Eficiencia, bienestar, compromiso… desde la inteligencia y la voluntad, desde la razón o la emoción, si no volvemos a mirar a la cara a la persona que trabaja, todo lo que se asocia al trabajo humano se reduce y se manipula por intereses de poder.
“No sé si se nos creerá, pero hemos conocido obreros con ganas de trabajar, que no pensaban sino en trabajar... Se levantaban por la mañana pronto y cantaban solo pensando en que se iban a trabajar. Trabajar constituía su alegría y la raíz profunda de su ser. Y su razón de ser. El trabajo gozaba de un honor increíble, el más hermoso de todos los honores... Hemos conocido esa piedad del trabajo bien hecho llevada hasta la exigencia última. Durante toda mi infancia he visto ajustar los mimbres de las sillas exactamente con el mismo espíritu y con el mismo corazón, y con la misma mano, que ese mismo pueblo había levantado sus catedrales”, escribía el intelectual francés Peguy, contraponiendo esa actitud “encarnada” de los trabajadores reales a la “mística abstracta” que predicaban sus aburguesados colegas socialistas en la universidad.
El trabajo es importante porque tiene detrás a un ser humano, que no es solo un recurso, ni siquiera un votante o un ciudadano del Estado paternalista que pretende reglamentarlo, ni el individuo a secas del capitalismo llevado a sus últimos lindes de eficacia y productividad.
Del trabajo se ha hecho muchas veces un discurso, o bien victimista o bien cínico, según la perspectiva que asuma el vocero del poder. Incluso los sindicatos se han deformado. Los gremios que antes protegían ese “bien hacer” de sus miembros, y negaba membresía a los desamorados de su profesión, los gremios que ponían su orgullo en el saber hacer que se transmitía con celo de generación en generación, hoy se han convertido en fantasmas que deambulan entre nubes discursivas y utopías o en un pragmatismo que raya la indiferencia hacia los trabajadores que dicen defender.
La famosa encíclica Rerum Novarum (1891) del Papa León XIII tiene un hilo interpretativo que sigue vigente en nuestros días, ya que comprendía el trabajo humano desde la dignidad de quien lo ejerce, no como simple mercancía que se compra y vende.
Considera que el trabajador no debe ser tratado como un esclavo o un objeto de producción, sino con respeto a su condición humana y espiritual, es decir, de persona. El obrero merece su salario, el cual debe ser suficiente para el sustento familiar (salario familiar), permitiéndole vivir con dignidad y también ahorrar. Condena el fraude en el salario como un “gran crimen que clama al cielo”. Liga el acceso al trabajo con el derecho natural a la propiedad privada, esencial para que el trabajador pueda mejorar su condición y progresar. No obstante, los bienes conseguidos implican una responsabilidad social. Aboga por las asociaciones profesionales gremiales para defensa de los intereses legítimos, como buscar mejoras laborales y promover la justicia social, pero está en contra de las revueltas sin sentido y de la violencia de clase. El trabajador debe cumplir “íntegra y fielmente” con el trabajo acordado, sin dañar la propiedad ni la persona del empleador, que no es su enemigo. Además, defiende el derecho a la limitación de la jornada laboral y el descanso dominical, que ordena y compagina vida personal y trabajo.
Los avances tecnológicos se suman al ya complejo entramado de las expectativas, condiciones, limitaciones y confusiones de la aldea global en relación al trabajo hoy. La IA podría reemplazar muchos oficios, pero no puede encarnarse como ser humano.
La creatividad, la vocación, la pasión, el sentido del sacrificio para concretar una obra, no se consiguen con algoritmos. No podemos seguir anestesiados tan solo consumiendo, la vida nos llama a despertar nuestro yo con todas sus dimensiones, anhelos, preguntas y desperfectos, y arriesgarnos a cuestionarnos sobre nuestra genuina contribución al mundo, sobre la felicidad, sobre la trascendencia de nuestro trabajo. La comunidad ha de educar y crear las condiciones para que renazca lo humano en el trabajo, con una visión realista. Feliz día a todos.