“Si bien el monto acumulado del Fondo sigue siendo relevante, el uso recurrente de sus rentas para cubrir déficits operativos limita gradualmente su margen de maniobra. De mantenerse esta dinámica, la función del Fondo como garantía del sistema podría verse comprometida en el largo plazo, a menos que se implementen medidas”, se lee en el documento.
Cuando las rentas se vuelvan insuficientes para cubrir el descalce entre aportes y beneficios, el sistema entrará en una fase crítica: Tras el consumo de las rentas (2036 en adelante) el IPS no solo usará los intereses, sino que deberá empezar a consumir el capital acumulado del Fondo de Reserva para cumplir con los pagos de las prestaciones.
Se analizan distintos supuestos de rentabilidad sobre el Fondo de Reserva: Un escenario sin rentabilidad, “equivalente a no invertir los recursos del Fondo de Reserva y mantenerlos inactivos, asumiendo que el capital no genera ningún rendimiento y tampoco conserva su valor real”; y un escenario con rentabilidad real del 0% (rendimiento igual a la inflación), donde “se proyecta que los recursos del Fondo serían suficientes para cubrir los compromisos por jubilaciones y pensiones hasta aproximadamente el año 2043.
Más escenarios. También se prevé un escenario rentabilidad real del 1% (inflación + 1%), que estima “que los recursos del Fondo serían suficientes para cubrir los compromisos por jubilaciones y pensiones hasta aproximadamente el año 2045”; y un escenario con rentabilidad real del 2% (inflación + 2%), que prevé “que los recursos del Fondo serían suficientes para cubrir los compromisos por jubilaciones y pensiones hasta aproximadamente el año 2046”.
“En todos los escenarios analizados, rentabilidades reales positivas, es decir, superiores a la inflación, permiten extender de manera transitoria el horizonte de sostenibilidad financiera del Fondo de Reserva. Sin embargo, estos efectos no modifican la trayectoria de desequilibrio y el agotamiento del Fondo de Reserva resulta inevitable en ausencia de ajustes paramétricos. En este marco, la sostenibilidad debe entenderse como una característica dinámica del sistema previsional, determinada por la interacción de factores demográficos, económicos, financieros e institucionales, tanto internos como externos, que requieren una evaluación y actualización periódica de los parámetros del modelo previsional”, revela el informe.
El informó añade que “el análisis conjunto del déficit corriente, el uso de las rentas y los distintos escenarios de rentabilidad confirma que las rentas del Fondo de Reserva cumplen un rol clave como mitigador financiero, permitiendo ganar tiempo frente al crecimiento del déficit, pero no resultan suficientes por sí solas para garantizar la sostenibilidad del sistema previsional de manera indefinida. En este sentido, se pone de manifiesto que aún existe una ventana de oportunidad para implementar medidas orientadas a fortalecer los ingresos, moderar el crecimiento de los egresos y preservar el capital del Fondo de Reserva”.
En rojo desde 2020
El documento expone que “el déficit corriente mantiene una tendencia creciente desde 2020, reflejando el desbalance” entre aportes y los beneficios jubilatorios pagados. “Esta evolución ha implicado una creciente utilización de las rentas del Fondo de Reserva para complementar el financiamiento del sistema, reforzando la dependencia operativa del régimen respecto a este mecanismo de respaldo”, detalla. El monto acumulado del Fondo aún es relevante, pero el uso recurrente de sus rentas para déficits limita gradualmente su margen de maniobra. “De mantenerse esta dinámica, la función del Fondo como garantía del sistema podría verse comprometida en el largo plazo, a menos que se implementen medidas que reduzcan la presión financiera sobre el régimen o fortalezcan sus fuentes de ingresos”, apunta el informe.