15 jun. 2026

¿Pueden los impuestos más bajos generar más recaudación y crecimiento?

Si uno revisa la campaña del presidente de Chile, Antonio Kast, y las declaraciones de su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, las promesas económicas centrales eran llegar al equilibrio fiscal estructural, es decir, un balance cercano a cero, reducir el gasto y volver a crecer cerca de 4% anual.

Para lograrlo se proponía una rebaja gradual del impuesto corporativo de 27% a 23%, una invariabilidad tributaria de largo plazo para inversiones, incentivos a la inversión y –como no– una simplificación regulatoria. La idea era que una economía creciendo cerca del objetivo ampliaría la base tributaria y compatibilizaría menores tasas sin deteriorar las cuentas públicas.

Pero, como suele suceder, el plan se encontró con la realidad, y es común que cambie apenas al implementarse. El conflicto entre Israel e Irán disparó los precios de los combustibles y puso a prueba el programa económico. Inicialmente el gobierno eligió trasladar el aumento a los consumidores. Cuando los efectos se hicieron evidentes terminó congelando tarifas, otorgando subsidios y ayudas para hogares vulnerables. El propio Gobierno terminó reconociendo que esos objetivos no se alcanzarían en los términos previstos. La nueva meta es un déficit de 1,5% del PIB en 2030 y la expectativa de crecimiento apunta más bien a 3%–3,5%.

La simple hipótesis inicial –de que bajar los impuestos aumenta la inversión, acelera el crecimiento, amplía la base tributaria y termina recuperando la recaudación– tropieza, incluso en el mejor de los casos, con un problema de desfase temporal. La caída de la recaudación puede ocurrir hoy, pero los beneficios del crecimiento tardan años en aparecer. Mientras tanto, el déficit no mejora.

En resumen, nos encontramos con una versión moderna de las políticas desarrolladas por Reagan y Thatcher, basadas en la hipótesis de Arthur Laffer, que puede resumirse en que con una tasa de impuesto de 0%, el Estado recauda cero y con una tasa de 100%, también recauda cero. Entre ambos extremos existe un punto donde la recaudación es máxima. Si una economía se encuentra a la derecha de ese punto óptimo, una reducción de tasas podría aumentar la inversión, la recaudación y el empleo. La curva existe, pero no sabemos dónde está ese punto. Aunque la intuición era correcta, la verdad es que Laffer tampoco lo sabía.

La evidencia posterior sugiere que las economías avanzadas suelen ubicarse a la izquierda del punto de máxima recaudación, por lo que las rebajas tributarias tienden a reducir los ingresos fiscales incluso cuando impulsan la actividad económica. Asimismo, muestra que suelen ser más efectivos incentivos específicos, como la depreciación acelerada, que una reducción general de tasas (Hanappi, Millot y Turban, 2023). También encuentra que los recortes tributarios son menos expansivos cuando existe deuda elevada o fragilidad fiscal, porque los agentes anticipan futuros ajustes (Fotiou, Shen y Yang, 2020).

La reducción de impuestos puede estimular la inversión si mejora el retorno esperado. Pero cuando se financia con más déficit, deuda o se perciben ajustes futuros, parte del efecto desaparece. La pregunta nunca fue si la curva de Laffer existe. La pregunta es si una economía se encuentra en el punto donde una rebaja tributaria genera más crecimiento del que destruye en recaudación. La evidencia sugiere que ese escenario es mucho menos frecuente de lo que suelen prometer. Porque en Economía, como en la física, una teoría puede ser correcta y aun así fracasar cuando se la aplica en el lugar equivocado.

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