18 jul 2026

¿Por qué la Albirroja afectó tanto lo emocional? Salud mental colectiva y las “heridas abiertas” del Paraguay

El regreso de la Albirroja al Mundial tras 16 años trajo consigo alegrías, pero también frustraciones y ofensas que generaron crispaciones, llegaron al Congreso y fueron un conflicto que escaló a nivel internacional. ¿Por qué la Selección afecta tanto lo emocional? Tras analizar el concepto identitario de “lo paraguayo”, el psiquiatra Agustín Barúa lo resume en “heridas abiertas hablantes” de nuestro país, transversales a la política, la historia, el fútbol y la vida social en Paraguay.

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La Albirroja desde la salud mental comunitaria, “heridas abiertas que hablan” y heroísmo como mecanismo de defensa. Un análisis de Agustín Barúa Caffarena.

Fotos: Renato Delgado y Andrés Catalán. Edición ÚH.

¿Cómo se representa lo paraguayo? ¿Qué es la Albirroja a nivel colectivo? ¿Por qué cuesta tanto reconocer discriminaciones? El especialista Agustín Barúa Caffarena sostiene que somos una “herida abierta que habla”, como introducción a un tema que él mismo resume como complejo, y busca la manera de curar las heridas; sugiere trabajar los duelos, que son colectivos y del Paraguay, en un análisis académico que se cruza con el fútbol, lo histórico, lo político, lo social y lo comunitario.

Barúa Caffarena es médico, psiquiatra, escritor y conforma grupos de investigación de la Universidad Nacional de Pilar. Su línea de investigación es la salud mental comunitaria, concatenada con la antropología social y la perspectiva de derecho, buscando entender los comportamientos colectivos desde una mirada académica.

La Albirroja como elemento de cohesión identitaria

En ese marco, en Monumental 1080 AM le preguntaron sobre qué es la Albirroja, como un concepto de identidad nacional, y luego de aclarar que es un fanático “de ronquera y llanto” de la Selección, enmarcó su análisis de “lo paraguayo” desde tres perspectivas.

Barúa aborda el fenómeno y la conducta colectiva señalando como primer punto la salud mental comunitaria, “que incluye afectos, vínculos, traumas, comprensión, responsabilización, cambios, y un pool de cosas”. Aclara que no es lo mismo pensar desde la salud mental comunitaria que desde otro lugar.

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Agustín Barúa Caffarena, médico, psiquiatra e investigador.

Foto: Rodrigo Villamayor

Como segundo ítem, menciona a la antropología, que piensa lo particular y no la generalidad; es decir, “no dice ‘los paraguayos’ o ‘los franceses’ e interpreta lo que pasa”.

Las “identidades paraguayas”, algo “superimportante”, sostienen su tercer punto. En él, habla de la “condición espectral de lo paraguayo”.

“Upéva he’ise (eso quiere decir) que pendulamos entre vivos y muertos; a veces estamos muy vivos y nos ponemos muy enojados, y a veces estamos muy muertos y estamos muy acallados. Y ahí vengo con los duelos colectivos, porque tenemos muchos”, dijo sobre “las pérdidas que no hemos trabajado”.

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En contexto

Con esos tres puntos explicados a modo introductorio, dice que quiere trabajar en una pregunta, después de lo que fue el Mundial 2026 donde la Albirroja se eliminó ante Francia, con la gente viendo por televisión un trato no muy cordial de los futbolistas europeos y un Kylian Mbappé, capitán y figura del conjunto europeo, evitando devolver un saludo al arquero Orlando Gill y declarando que Paraguay jugaba “sucio” tras el partido.

Mbappe y orlando gill

Tras el final del partido, con la clasificación de Francia concretada y la eliminación de Paraguay, Orlando Gill busca saludar a Mbappé, pero este se desentiende y lo esquiva.

Foto: AFP.

Estos señalamientos desencadenaron en que la senadora Celeste Amarilla (PLRA) desatara su furia con mensajes racistas en redes sociales que fueron rápidamente amplificados. Tanto el alcalde de París, como el presidente de Francia, Emmanuel Macron, así como la ONU se expresaron, calificando de “despreciables” sus dichos, al igual que el propio Mbappé, que remató con un mensaje en X, donde la calificó de indigna del cargo.

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Mucho dolor

En ese marco, Barúa se plantea “por qué nos cuesta reconocer las discriminaciones”. Es la pregunta a trabajar. “O sea, ¿por qué inferiorizamos tan levemente, tan desde el py’a (alma)?”, plantea. “Y yo creo que es porque gran parte de la población paraguaya es, o somos, una herida abierta que habla. ¿Qué quiere decir eso? Que somos mucho dolor”, se responde.

“Uno, cuando está dolido, no piensa; (por el contrario) ataca o se defiende”, dice Barúa, pero aclara que se trata de un “dolor sin conciencia o dolores de los que no somos conscientes”.

Ese dolor, según el investigador, “viene de violencias colectivas, históricas, impunes, sucesivas y no dueladas”. “¿Y qué quiere decir duelar algo? El duelo. Quiere decir hacer el proceso de reparación por una pérdida importante”, profundiza.

Las pérdidas importantes a nivel colectivo son varias en Paraguay. Entre ellas, Barúa cita como ejemplo desde la conquista española, la Guerra de la Triple Alianza, la Guerra del Chaco, la Revolución de 1947, el genocidio aché o el largo periodo de la dictadura de Alfredo Stroessner, todas situaciones del pasado, pero también “la falta de derechos que vivimos día a día”.

“Nosotros no hemos hecho duelo a una cantidad de pérdidas; tenemos una sucesión de pérdidas importantes que no hemos trabajado”, sentencia.

Ante la consulta de cómo se trabajan esas pérdidas y duelos, Barúa es claro y señala que “ese proceso implica conectarse, reconocer el afecto, vivir la emoción, pedir ayuda, ser acompañado, darse el tiempo”. Para el médico y psiquiatra, “ahí uno va redescubriendo nuevos sentidos, nuevos procesos” y es lo que, como paraguayos, “no hemos hecho”.

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El hincha paraguayo vivió, se entusiasmó, se alegró y entristeció por la Albirroja.

Foto: Renato Delgado.

¿Cómo se viven los duelos?

Barúa considera que los duelos en Paraguay se viven “de manera defensiva”, lo que se refleja en la “narrativa heroica”, según sostiene, es decir, “el león y la garra guaraní, lo de vencer o morir, 13 Tuyutí…”.

“Esa es la identidad que hemos construido y que nos sostiene como un andamio”, explica, aclarando que no se trata necesariamente de algo negativo.

El andamio es la narrativa heroica, insiste, algo que “no se puede tocar así nomás”, ya que “eso nos sostiene, y sostiene nuestra identidad”. Solo que con un problema: “Eso no nos permite hacer esos duelos”, asegura el investigador.

Siguiendo con el análisis, Barúa cree que, como sociedad, la tendencia es a escudarnos de manera inconsciente. “No hacemos esto interpretativamente, no es que la gente dice ‘voy a escudarme en 13 Tuyutí’”. Simplemente pasa.

Por eso es que “esas defensas psíquicas no se extirpan como un tumor”, sino que “se trabajan”.

“Es un proceso. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Todo lo que toque lo paraguayo, entendido como lo paraguayo desde una cierta mirada, duele”, asegura Barúa, “porque duele todito lo anterior”.

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“Nosotros no hemos hecho duelo a una cantidad de pérdidas, sino que tenemos una sucesión de pérdidas importantes que no hemos trabajado”, analiza el psiquiatra.

Foto: Rodrigo Villamayor.

Los duelos se conectan

“No duele la Albirroja nomás. Se conectan en secuencia todos los duelos”, señala, agregando que los duelos “son así”, en general. “Cuando uno duela esto, si yo lloro hoy, lloro por esto, pero lloro por todo lo que no lloré todavía. Así funciona el psiquismo humano”, agrega.

Llevándolo al plano más personal y como ejemplo para señalar cómo se siente cuando una persona llora, Barúa cuenta: “Yo, por ejemplo, lloré muchísimo por la Albirroja y decía, yo estaba llorando por la muerte de mi madre, que fue el 31 de diciembre. Me decía: Lloraste la Albirroja y lo de tu vieja”.

En ese marco, y referenciando lo que fue el enojo generalizado por ver en televisión cómo Kylian Mbappé, futbolista y capitán de Francia, no saludaba a los atletas paraguayos, se reía y luego del partido señalaba que la Albirroja juega “sucio”, Barúa dijo que “nosotros no nos enojamos por el no saludo a Gill de Mbappé o por la sonrisa de Mbappé nomás”.

“Nos enojamos porque se toca probablemente el principal símbolo vigente de los paraguayos, vigente, colectivo, consensuado hoy, que es la Albirroja. La Albirroja no es una remera nomás, no es un canto de cancha, no es un gol nomás. Es probablemente el único símbolo colectivo masivo de validación que tenemos. Y había una carga gigantesca. Una carga emocional previa que potenció más todavía. No fue solo desde la clasificación”, analiza el especialista.

Hay una mirada poco crítica sobre lo que pasó en el juego entre Francia y Paraguay, que despertó mensajes de la senadora Celeste Amarilla y la posterior respuesta de Mbappé, “pero no logramos empatizar con ese dolor”, según expone.

“No logramos conectar con eso. Y yo creo que no lo logramos racionalmente porque todos estamos prácticamente envueltos en esa herida. ¿Quién habla por fuera de la herida? Uno puede ser más racional, más intelectualizado, tener un argumento más pulido, si querés, pero llegamos a la Albirroja y colapsamos. Algunos colapsamos de una manera más fuerte, otros menos fuerte, pero nos afecta. Ese es el punto que quiero recalcar y conversar”, indica.

Mbappé y Gustavo Velázquez

Mbappé sonríe ante la marca de Gustavo Velázquez durante el partido entre Francia y Paraguay, por los octavos de final del Mundial 2026. Estas actitudes generaron todo tipo de rechazo y desencadenó en dichos considerados racistas tanto por la senadora paraguaya Celeste Amarilla, así como de la vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, a quien la Embajada francesa en Argentina declaró persona no grata.

Foto: Équipe de France de Football.

Tras la derrota ante los franceses, Barúa experimentó un viaje que le permitió ver gente cabizbaja, triste, decaída, porque “el golpe emocional es gigante”. En ese marco, Amarilla, la senadora, salió a expresarse de manera racista contra Mbappé, lo que llevó a una discusión sobre la discriminación, el racismo y la xenofobia.

Sin embargo, más allá de esa discusión, que para él es necesaria, habla de que existen problemas de base. “Y si eso no lo discutimos, nos quedamos en una cuestión que no está reparada. Y eso tiñe nuestras posiciones, nuestros análisis. Incluso yo a veces discuto con gente muy querida, con quien comparto muchas cosas, posiciones en la universidad, pero que no le dan lugar ni a lo traumático, ni a lo emocional”, dice el médico.

“O sea, todo es intelectualizado y racionalizado. Todo es la razón. ¿Y lo emocional? No, eso no tiene que ver, no tiene espacio. Entonces, incluso a la propia academia, de donde yo vengo, nos cuesta incluir estas dimensiones en la mirada. Por eso yo recalcaba que es una mirada que cruza la salud mental y cruza la antropología, que defiende la particularidad”, agrega.

Todo ese relato heroico, entonces, “funciona como un tapón; tapa”, por lo tanto, “no permite destapar y conectarnos”. “Si pensamos en la particularidad de nuestra historia, hay elementos que hacen pensar en eso, porque no lo hemos reparado. No lo hemos conectado con el dolor. (...) Y una herida, para sanar, hay que limpiarla. Y limpiar las heridas, duele”, recuerda.

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¿Y cómo se limpian esas “heridas”?

El análisis de Barúa entiende que las nuevas generaciones “están menos heridas” que las de los grupos de mayor edad.

Señala que una investigación que realizaron el año pasado llevó a entender que, “de alguna manera, mientras uno ve gente más joven, está menos anclada”. “Nosotros hicimos una investigación el año antepasado sobre cuál es la presencia sensible, por ejemplo, de una de las heridas, la Guerra Contra la Triple Alianza, en la adolescencia asuncena de hoy, en cuatro colegios de Asunción, donde toda la muestra, era mitad varones, mitad mujeres, y dijeron pérdida”, cuenta.

“Todos asociaron la pérdida. Pero la pérdida no era necesariamente cargada con un sentido trágico o enojado. Pero reconocían claramente, y fue de lo único que salió como que toda la muestra era la pérdida. Imagínense las generaciones mayores. Yo que también me siento hijo de la dictadura, tengo esa marca muy fuerte, no tengo yo ese relato heroico fuerte, me enojo heroicamente. A pesar de que soy un cagón (sic), pero después me enojo heroicamente”, reflexiona.

Por lo tanto, continúa: Una cuestión es el paso del tiempo y, la otra, la falta de derechos. “Yo creo que necesitamos derechos. Porque de alguna manera, el discurso heroico funciona como compensación por la falta de derechos. Estamos recontra reventados, ‘pero no nos vencieron’. Entonces, quizás le pedimos al heroísmo que compense la falta de derechos”, sostiene Barúa, agregando que “es un problema político gigantesco”.

“Hay que decirlo así, porque, para mí, el tema de la salud mental tiene una dimensión colectiva política significativa”, subraya el especialista.

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Traumas generacionales

Barúa dedicó mucho tiempo académico a estudiar lo que denomina “procesos de duelo colectivos por traumas transgeneracionales”, aquellos que pasan de padres a hijos. Comentó que más allá de la realidad social paraguaya, estudió casos como la Guerra Civil Española, el caso de la dictadura militar en Argentina, “el mismo caso alemán también, que quiérase o no, es un duelo, el caso israelí, que también es un duelo”, enlistó.

“Imagínense que Israel, que está señalada como genocida en este momento, que es uno de los que más procesos reparadores hicieron, lo difícil que es reparar eso”, comentó.

Por todo ello, Barúa dice que “hay una cuestión de derechos” y procede a agregar como tercer elemento, además del paso del tiempo y la falta de derechos, que “necesitamos trabajar la integración entre razón y emoción en la educación”.

“Yo creo que eso nos va a hacer recuperar la idea de la sensibilidad y nos va a desembrutecer”, menciona, refiriéndose a lo “brutal” por “la insensibilización que hemos generado para no conectar con lo que nos duele muchísimo”.

“Me parece que esa también es una gran tarea de los diferentes niveles educativos”, señala.

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La Albirroja, la Virgen de Caacupé y el guaraní

Barúa considera que en Paraguay solo existen tres símbolos consensuados mayoritariamente por la ciudadanía toda: la Virgencita de Caacupé, la Albirroja y, como aporte del investigador Miguel Verón, menciona el idioma guaraní.

“Pobrecita, la Virgencita, y pobrecita, la Albirroja. Imagínense, la Albirroja pierde y entramos en crisis. Entonces necesitamos ampliar también otros sentidos colectivos que nos permitan validación”, sostiene.

Entonces, ¿a qué apuntar?

Barúa aclara que esa parte de la discusión no es solamente campo del especialista, sino más bien deben realizarse en “discusiones en el campo de lo colectivo”. Opina que “sería buenísimo que podamos construir comunitariamente los territorios, como por ejemplo, yo que vengo del mundo de la salud, de atención primaria de salud, de los equipos de la familia, hacer talleres sobre qué sentidos tiene la vida para la gente. Y potenciar eso. Ver qué está operando como sentido”, expresó como uno de los puntos, a modo de ejemplo.

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Celeste Amarilla tuvo un cruce con el futbolista Kylian Mbappé.

Gentileza

Sin embargo, apuntó lo heroico como única narrativa vigente. “Necesitamos narrarnos no solamente desde lo heroico. Es impresionante cómo se militarizó el fútbol, la Albirroja. Otra vez se empujó todito para que lo guerrero sea, de nuevo, lo único que vale”, menciona, aunque no lo ve como algo malo por naturaleza, ni como algo que debería eliminarse, pero que no debería ser el único modo.

“Es legítimo, porque es un fenómeno humano, una expresión, la cuestión de la guerra”, dice para que no se malentienda. Incluso, Barúa cree, aclarando que es muy futbolero, que “mientras más militaricemos el fútbol” tenderemos a ser más defensivos, sin tanta capacidad de tener creatividad y lo que se considera buen juego en el fútbol. “Eso enriquecería nuestra mirada”, sostiene.

Si bien insiste en que habla desde lo simbólico, el especialista cree que hay una repercusión en la práctica, en la realidad. “Hay una repercusión en nuestra capacidad de creatividad porque somos eminentemente defensivos. ¿Cómo vamos a hacer para crear? Ahora parece que se queda Alfaro cuatro años más, hasta el siguiente mundial. No está claro, pero si se queda, ¿de dónde va a sacar eso? Yo creo que hay que ampliar una narrativa simbólica de un Paraguay que no solamente está para resistir, defender, etcétera. Hay que ampliar los valores que nos guíen para que podamos también ampliar nuestras formas de ser”, sostiene.

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La “alfarización” de la Albirroja

En cuanto al entrenador de la Selección, Gustavo Alfaro, quien aún no confirmó si continuará al frente del equipo, Barúa analiza sus mensajes a través de conferencia de prensa, donde, entre otras cosas, el director técnico dejó ver que hay que construir mayor infraestrutctura y llegar a un nivel superior, haciendo énfasis en lo colectivo, incluyendo a la hinchada.

Barúa habla de la “alfarización de la Albirroja” y dice que las palabras del DT argentino le hicieron ver que en este proceso pasó algo que no había ocurrido antes. “Es la primera vez que yo vi a alguien que puso los vínculos, los afectos, la escucha, la pausa, la grupalidad y la palabra. Tiene una mirada desde la salud mental gigantesca”, analiza el doctor, recordando que por Paraguay pasaron grandes como Cayetano Re, Paulo César Carpegiani, o el propio Gerardo Tata Martino, que llevó por primera y única vez a la Albirroja a unos cuartos de final de la Copa del Mundo, en el 2010.

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El proceso

Al psiquiatra le recordaron que primero molestaron algunas palabras de Alfaro, a lo que señaló que las victorias ayudaron a que la visión del profesor sea bien interpretada. “Él tenía un criterio de validación hegemónico dominante que son los resultados. Sin resultados no hubiera funcionado nada, claro, claro”, agrega.

En ese sentido, enfatizó en el “paso a paso”. “Claramente para mí es un proceso. Y a eso hay que agregarle cómo hacemos para escucharnos en la diferencia. Por mí, si pudiéramos sacar algo valioso de esta coyuntura, es una experiencia donde lo importante es que yo pueda escucharte sin necesidad de convencerte y aprender más de cómo vos pensás. Y me llevo eso para mí, sin cambiar de posición”, mencionó.

El especialista vuelve a la discusión desencadenada tras el partido entre Francia y Paraguay. “Estamos muy condicionados, insisto, en esta guía de fondo que es: ‘ante la diferencia, la ruptura’. Esa es la descalificación, el ataque. Se corta el proceso. Y me parece que esa podría ser una gran cosa que nos podamos llevar de este momento”, profundiza.

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Pretendidas superioridades

Ya en un plano más autocrítico, Barúa analiza otra cuestión que se puede trabajar: “Nuestras pretendidas superioridades”.

“¿En qué sentido? Por ejemplo, nosotros decimos ‘los franceses se creen superiores’. Pero yo me creo superior al que no cree en la garra guaraní, en el león. Y el otro se cree superior porque puede argumentarte sociológicamente por qué en realidad esto es discriminación. Cuando se mezcla el argumento con la pretensión de superioridad, se corta la conversación. Porque es una invitación a la ruptura”, expresa el investigador.

“Es para que yo pueda comprender una lógica distinta. Pero comprender necesita un nivel de aceptación”, asegura.

“Si yo estoy diciendo “Qué boludez es lo que dice Menchi, es una pelotuda”, no escucho nada. Yo necesito hacer vacío, pausa, validación y dejar un poquito de eso para que se alimente en mí. Porque si no, estamos todo el tiempo refutativos. Ni siquiera te dejo hablar... Imagínese que la práctica política es eminentemente refutativa. Es ‘pero vos no’. No se piensa lo que se dice, se piensa cómo se va a anular el discurso del otro. Y claro, después la beligerancia sube”, señala.

Barúa habla, además, de “nuestra altisonancia” como algo a revisar, para plantearse una convivencia en tolerancia y pluralismo. "¿Puedo conversar contigo o no? Por ejemplo, yo pregunto, ¿cuántas personas que uno quiere, que son amistades y uno conversa, son ‘enemigas ideológicas’ en nuestro mundo cercano? Hay gente que no tiene a nadie”, indica.

Resume el punto señalando que existe “un mundo estrictamente homogéneo donde la gente piensa igual”, es decir, “cada vez más compartimentado, los vínculos, lo cotidiano. Ese es un emergente, parece, de esta lógica que se instala y que yo creo que nos lleva a la guerra. Y al exterminio”, finaliza.

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