La plaza de los Desaparecidos, ubicada al costado del Palacio de López en Asunción, fue escenario de una jornada inclusiva el pasado viernes por el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, en la que participaron víctimas de la dictadura y 16 alumnos de la Primera Escuela Paraguaya de Sordos.
La actividad se realizó de mañana y en ese entonces, la brisa aplacaba el calor que después marcaría el resto de la jornada. Los niños y niñas se sentaron en ronda bajo la sombra de un árbol para conocer los testimonios.
Con lengua de señas, los intérpretes exponían las atrocidades cometidas durante la dictadura Alfredo Stroessner, que duró 35 años y violó los derechos humanos de miles de paraguayos y paraguayas.
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Entre sus crímenes figuran graves torturas en centros clandestinos de detenciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones.
Néstor Vera, con militancia histórica en Derechos Humanos; Rogelio Goiburú, activista e hijo del médico desaparecido Agustín Goiburú; y Celsa Ramírez, víctima de detención arbitraria y tortura, fueron los encargados de contar parte de la historia de aquel pasado ominoso.
Tras concluir la primera parte del recorrido histórico, una estudiante de unos 11 años levantó la mano y realizó una pregunta en lengua de señas. Su curiosidad estremeció e interpeló a los adultos participantes: “¿Por qué se perseguía a los paraguayos?”, pidió saber.
En respuesta, Néstor Vera les puso de ejemplo la Huelga Nacional de Médicos, en la cual los médicos colgaron las batas y salieron a las calles a exigir condiciones dignas de trabajo. Posteriormente, explicó que a personas como ellas perseguía Stroessner, cuando se manifestaban en reclamo de un Paraguay libre y sin violaciones de derechos humanos.
Aquella pregunta conmovió el alma de los presentes y no solo por el registro histórico doloroso sobre la perversidad humana —como describió Rogelio Goiburú en una conversación con Última Hora—, sino por la memoria de las 20.090 víctimas directas de la dictadura.
En esa época 19.862 personas fueron detenidas de forma arbitraria o ilegal; 8.772, torturadas. Además, 59, asesinadas por el terrorismo de Estado; 336, desaparecidas; y 3.470, exiliados políticos forzosos.
Los familiares afectados por la dictadura stronista rondarían las 107.987, según el informe de la Comisión de Verdad y Justicia (CJV).
Durante la misma actividad en la plaza de los Desaparecidos, los estudiantes de la Primera Escuela de Sordos hicieron un recorrido y pararon alrededor del Contramonumento del artista Carlos Colombino (Concepción, 1937-Asunción, 2013).
Se trata de los bloques de cemento, que están arriba y abajo y en el medio atrapan el cuerpo del tirano, como homenaje a las víctimas y un recordatorio simbólico para los actores negacionistas.
Una salida para hablar de memoria
La directora Gloria Ortigoza explicó que el proyecto comenzó en abril pasado en el marco del Día del Libro, presentado por las docentes Rocío Duarte y Fátima Morínigo, el cual culminó con una visita en la plaza de los Desaparecidos en Asunción.
La responsable de la Primera Escuela Paraguaya de Sordos resaltó la innovación de las salidas pedagógicas para acercar a los estudiantes a la memoria histórica.
“El objetivo es aprender, a través de la historia por qué se llama Plaza de Desaparecidos, el concepto, qué es desaparecido, detenidos.. Qué también ocurrió durante una época de gobierno que tuvo en vilo a Paraguay durante 35 años. Eso también es reconocer la historia y tenemos que enseñar a los estudiantes”, resaltó.
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La docente subrayó el ejercicio de la memoria para transcurrir en la vida sin olvidar los buenos y dolorosos momentos de nuestra historia.
La Primera Escuela Paraguaya de Sordos cuenta con 24 estudiantes matriculados actualmente, de los cuales el 90% es sorda y con hipoacusia. Además cuentan con estudiantes con TEA y guaraní hablantes.
Una de las principales barreras que se les presentó fue en materia comunicacional, ya que no hay tantos intérpretes en el país, y para incluir la lengua de señas en las instituciones.
“La lengua de señas es una minoría lingüística y como sociedad tenemos que ir avanzando, proyectando, para romper esa barrera comunicacional que es la principal”, reflexionó.
Esta publicación forma parte de una serie de tres notas sobre memoria histórica, en homenaje a las víctimas en el Día Internacional de Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se conmemora cada 30 de agosto.