Las baldosas de la Plaza de los Desaparecidos, al lado del Palacio de López, albergaron el encuentro entre Rogelio Goiburú y Última Hora. Fue durante la primeras horas de la mañana de este viernes, mientras la brisa de un amanecer cálido aplacaba el calor que se proyectaba para el resto de la jornada.
Antes del diálogo, Goiburú participó en una jornada inclusiva con un grupo de estudiantes de la Primera Escuela Paraguaya de Sordos, como parte de las actividades que se enmarcan dentro del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, que se recuerda cada 30 de agosto.
Con la ayuda de intérpretes, transmitió a los estudiantes la importancia de la memoria histórica y rememoró la figura de su padre, el médico Agustín Goiburú, víctima de las detenciones y desapariciones forzadas perpetradas en el marco del Plan Cóndor en 1977, durante el gobierno de Alfredo Stroessner.
Durante un descanso para tomar agua y compartir la media mañana, la conversación giró hacia el impacto de esa ausencia. Al ser consultado sobre qué significa la palabra “extrañar”, la respuesta no tardó en llegar.
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“En el alma y en el corazón, es tener el sentimiento de que algo te falta. Es una mezcla de angustia y una mezcla de esperanza; en algunos casos se pueden realizar acciones para dejar de extrañar y, en otros, ves que la posibilidad es inútil. Hagas lo que hagas, vas a seguir extrañando”, define.
La pregunta no fue casualidad: buscaba escarbar en ese sentimiento a través de su testimonio de vida y de lo que representa la incansable búsqueda de su padre durante 49 años. La RAE define “extrañar”, entre sus acepciones, como “echar de menos a alguien o algo, sentir su falta”.
“En el caso de un desaparecido, ese duelo no se puede realizar porque uno no sabe dónde está. Y eso es muy doloroso”
Goiburú se casó y tiene tres hijos. Es activista y también médico; como su padre, se desempeña como director de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia de Paraguay y ha encabezado varias excavaciones en busca de personas desaparecidas.
Muchos podrían decir que siguió con su vida, y claro que sí. Sin embargo, mantiene un duelo constante que, si se le pudiera poner una medida de tiempo, lleva casi medio siglo.
“Sí, es un duelo eterno porque el duelo es una elaboración inconsciente que tenemos los seres humanos cuando perdemos y le dejamos de ver a alguien a quien queremos mucho”, reflexiona.
Por dolorosa que pueda ser una pérdida, la despedida de los seres queridos se realiza en ritos y conductas culturales, como por ejemplo los velatorios, que es acompañar en el pesar, y luego el sepulcro, que es el destino final del cuerpo.
Allí uno puede ir para acercarse a la persona fallecida, hablar en silencio, mirar; llevar flores, llorar, recordar o reírse, apunta Goiburú.
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“En el caso de un desaparecido, ese duelo no se puede realizar porque uno no sabe dónde está. Y eso es muy doloroso”, subrayó.
Lo que vive Goiburú, a quien le toca sentir angustia y dolor por no saber dónde están los restos de su padre, es el resultado de la “perversidad del ser humano” –sostuvo– al elegir una metodología represiva para castigar y producir dolor en familias, instituciones o agrupaciones políticas y, finalmente, en la sociedad.
Aún mantiene firme la esperanza de encontrar los restos de su padre y dar esa despedida que un régimen le negó.
“La memoria sirve para recordar quiénes fuimos en el pasado y para saber hoy quiénes somos y, fundamentalmente, para poder reunirnos y consensuar quiénes queremos ser, qué sociedad queremos tener”.
Un duelo sin despedida: “Uno no sabe dónde está”
Exiliado, detenido y perseguido por ser considerado un “peligroso subversivo” para la dictadura de Alfredo Stroessner, el médico Agustín Goiburú fue secuestrado el 9 de febrero de 1977 en Paraná. En plena vía pública, su desaparición era ejecutada por fuerzas represivas de Argentina y Paraguay. Tenía 47 años.
“Cuando uno se va a un programa de radio o lo que sea y habla sobre desaparecidos, generalmente las personas hacen un gran silencio. Porque es algo a lo que no se le puede contestar. Se produce una sensación de incertidumbre, de dolor y es que paraliza”, manifiesta su hijo.
Para Goiburú, esa sensación de paralizar es justamente la que se busca con las detenciones, torturas y desapariciones forzadas durante la dictadura stronista, “para romper los vínculos que necesitamos los seres humanos para organizarnos y seguir luchando por nuestros derechos”.
De forma figurativa, ejemplificó con una persona internada en una sala de terapia intensiva como un ser que no sabe quién es, de dónde vino, por qué está ahí ni adónde quiere ir.
“Entonces, la memoria sirve para recordar quiénes fuimos en el pasado y para saber hoy quiénes somos y, fundamentalmente, para poder reunirnos y consensuar quiénes queremos ser, qué sociedad queremos tener”, reflexionó.
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“Yo estoy acá, yo tengo la suerte, la posibilidad de vivir en nuestro país”, acotó.
Goiburú podría irse a otro país y “darse una gran vida tranquila”. Pero decidió quedarse en Paraguay porque es aquí donde pertenece, siente esa responsabilidad de mantener viva la memoria, y en deberse a sus hijos “y a ustedes que son como ellos”.
“El stronismo es sinónimo de fascismo”, la crítica de Goiburú
Conservar la memoria histórica constituye un activismo, como el conversatorio inclusivo en la Plaza de los Desaparecidos. Desde el Estado, la reparación avanza lentamente y el Partido Colorado no reconoce los crímenes de Alfredo Stroessner, a quien siguen reconociendo como “líder histórico”.
Consultado sobre el motivo, Goiburú enfatizó: “Porque desde que Stroessner fue desalojado del poder en el 89, si uno analiza y no es difícil descubrir, que los gobiernos sucesivos han sido todos gobiernos biológicos y políticos, son continuación del stronismo. El stronismo es un fenómeno nefasto en la política paraguaya porque el stronismo es sinónimo de fascismo”.
“Es un fascismo cruel e inhumano. Porque el dictador, además de ser un ladrón, un dictador, un usurpador, un asesino, un torturador, además era pedófilo, violaba a criaturas de la edad de estos chicos que están acá”, describió.
“Los sucesivos gobiernos desde el 89 hasta el periodo actual, nunca se vieron verdaderamente responsables de los crímenes que ha cometido este partido”, aseguró.
Goiburú lamenta que esa reparación ni esa autocrítica no se originen en el Partido Colorado; al contrario, sus figuras cada tanto reivindican su figura.
“El stronismo es un fenómeno nefasto en la política paraguaya porque el stronismo es sinónimo de fascismo”.
“Yo que estoy afiliado al Partido Colorado desde hace 55 años, me duele enormemente que el Partido Colorado hasta el día de hoy no haya hecho un mea culpa, no haya hecho una autocrítica y no lo haya expulsado, aunque digan que nunca fue así. Fue un presidente que gobernó y movió los hilos del Partido Colorado, del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y del Ejército”.
“Entonces, este gobierno que estuvo ocupado por todos esos funcionarios biológicos y políticos del stronismo hasta el día de hoy es responsable, y no se hace responsable de las obligaciones que debería tener con la democracia que todos soñamos”.
Le dieron asco las expresiones del titular de Aneaes
Al recordar la reivindicación del titular de la Aneaes, José Duarte Penayo, cuando en enero de este año dijo que Alfredo Stroessner “mató menos que los gobiernos liberales”, Goiburú se sintió asqueado.
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“Me dio asco”, rememoró, al tiempo de lamentar que un intelectual “que estudió en las mejores universidades del mundo” no se esfuerce en profundizar la democracia.
“Realmente, este muchacho que estuvo allá, que tendría que esforzarse porque lo que aprendió tendría que servir para profundizar en la democracia, para hacer responsables a los funcionarios que tienen la lapicera a la hora de elaborar y de aprobar leyes de derechos en nuestra sociedad, habla esos disparates así y es repugnante. Da rabia, produce repugnancia y produce dolor”.