Hacer comprensible el mundo, “descubrir la naturaleza del universo”, parecen una pretensión enorme en este mundo de prisas y de descartes, pero “es lo único que tiene un sentido duradero”, como decía Einstein. Nada menos que es la razón de ser de las ciencias.
¿Cómo dejaremos de ser simples consumidores de productos tan fascinantes como el celular o tan útiles como las máquinas que hacen tomografías computarizadas o la televisión satelital, si no estudiamos ciencias? Sin un método, sin un camino guiado que tenga en cuenta la enorme herencia científica que los humanos del siglo XXI hemos heredado de nuestros antecesores, las preguntas sobre el cómo y el porqué se dan los fenómenos de nuestra vida se perderán en las aguas del consumismo barato, de la resignación ignorante para muchísimos jóvenes paraguayos.
No me imagino por qué se condena a los chicos del bachillerato, sobre todo a los que hacen el tercero de la Media, y sin terminar la malla curricular anterior, cambian bruscamente este año a otra malla que no incluye ciencias en el programa de estudios. ¡Simplemente, no estudiarán ciencias en el bachillerato! No lo puedo creer. A eso sumémosle que solo darán 2 horas semanales de historia, de las 6 que antes tenían. Sin historia no hay raíces, no hay tradición, no hay sentido de pertenencia.
Los padres y la comunidad educativa de cada rincón de nuestro país deberíamos tomar este desafío y aprovechar para ir más al fondo del problema. No es solo cuestión de apuntar al MEC y su cambio repentino de programas de este año para el bachillerato. Se trata de hacer de la educación un tema de constante reflexión, de debate, si se quiere, pero uno que vaya más allá de las mezquindades de siempre. Porque la educación finalmente no nace de los programas, surge de nuestra misma condición humana, la cual es perfectible; no es el sistema educativo solamente, somos nosotros los que debemos actuar.
Este es un problema humano, social y es anterior al Estado y a sus programas oficiales. Es la sociedad la que debe marcar un ritmo a sus autoridades, gracias a su deseo de superación y a su conciencia de dignidad. Claro que las autoridades también deben comprender su rol subsidiario, salir del paternalismo y fomentar la libertad de propuestas de las instituciones educativas. Propongamos más ciencias y más historia de lo que pide el currículum. No es porque “dice el MEC” ahora, que nosotros debemos caer en la resignación. ¡Los chicos quedan fascinados cuando nosotros le damos valor a lo que estudian! Y en este sentido, somos los padres los que debemos superar la apatía y reaccionar para bien. O no nos quejemos de lo pobre de nuestra educación.