La Plaza Uruguaya en Asunción es un espacio fundamental para la ciudad y se encuentra hoy sometida a un proyecto que podría dejarle sin su principal atractivo: La sombra de los árboles. Es necesario que las autoridades entiendan que la ciudad es un espacio compartido y que los vecinos, que le dan vida a la ciudad, tienen derecho a ser consultados.
Una de las primeras noticias sobre la revitalización de la Plaza Uruguaya hablaba de camineros, área de niños, baños, mantenimiento de las bases de los monumentos, mejora de la iluminación, bancos, basureros, y hasta un espacio para los perros. El lugar estuvo cerrado por casi un mes y no se avizoraban movimientos hasta que una movilización de vecinos de la plaza hizo saltar las alarmas, pues el plan se incluía el derribo de casi 40 árboles.
Una vez abierto el debate, los vecinos denunciaron la falta de comunicación por parte del consorcio. “La socialización de la información y la participación con los vecinos, que es una cláusula vigente dentro de su contrato, no se están realizando. Personalmente, exigí al viceministro y a la directora de Obras Públicas para que hagan este reclamo al consorcio sobre la socialización”, comentó uno de los ciudadanos y reclamó la actitud hostil y que intentaron bloquear la toma de fotos o a mostrar los árboles censados.
Finalmente, un funcionario municipal anunció que serán 22 los árboles que serán derribados, y no 37 como estaba previsto; serían 17 dentro de la plaza y cinco fuera de ella que, aseguró, se tratará de reemplazar en el mismo lugar por otros árboles nativos. El argumento apuntaba a que las condiciones de esos árboles hacen que sea imposible que puedan ser conservados, algunos de ellos ya están con las raíces secas, otros muestran que están sin raíz.
Sin embargo, tras haber calmado los ánimos, el consorcio, que tiene el contrato para la revitalización de la Plaza Uruguaya, dice en su informe técnico que se talarán 34 árboles, debido al estado de muerte en el que se hallan algunas especies y también porque “interrumpen” el trazado de las obras que se ejecutan en el lugar. Y aunque la empresa promete una compensación forestal plantando 340 plantines de especies nativas, en la plaza y en otro espacio, cabe la pregunta sobre cómo se compensa realmente la desaparición de tres lapachos negros de 4, 11 y 13 metros de altura que, como explicaron, “imposibilita la ejecución de las obras de regularización y adecuación de los camineros peatonales”; o del ejemplar de yvyraju de 14,10 metros, cuyo “tronco oblicuo impide la ejecución de las excavaciones y reconstrucción de la acera” sobre la calle México o el árbol mango de 4,10 metros de altura, cuyas raíces impiden “la regularización del suelo y la correcta cimentación de la obra civil”.
No se puede objetar la remoción de árboles que están enfermos o que suponen un riesgo para los usuarios del espacio público, pero resulta absurdo el argumento de tumbar árboles sanos, como el caso de los lapachos mencionados antes, solamente porque van a interrumpir un sendero o caminero dentro del diseño. Sin duda, tres lapachos podrían valer el esfuerzo de alterar un diseño.
A los vecinos de la zona adyacente a la Plaza Uruguaya también les causa preocupación que la intervención sea similar a la que se hizo recientemente a una plaza céntrica. “Definitivamente, les dijimos esa porquería que hicieron en O’Leary no nos traigan acá. Porque acá no va a venir la primera dama, no va a venir la ministra, no va a venir el intendente a disfrutar, a utilizar los beneficios que da la plaza sino nosotros, los vecinos. Es aquí donde la comunidad se junta”.
En este sentido, se cuestionan los asientos “hostiles” de la Plaza O’Leary, porque son “algo que te invita a que no te quedes”, lo que sería absolutamente incompatible con un espacio como es la Plaza Uruguaya, que con sus árboles invita a quedarse, donde es normal que los trabajadores de los alrededores “comen, se recuestan y descansan para retomar otra vez la tarea”, o las “personas de tercera edad que vienen a hacer gestiones, compran su tereré con su jarra y se sientan”.
Una plaza como la Uruguaya, con su historia, con el lujo de sus árboles que con su sombra alivian el calor de la ciudad debe prevalecer porque además resguarda una parte importante de nuestra historia con sus monumentos: El homenaje al general José Artigas, las esculturas semidesnudas, la de Roa Bastos y la de Mangoré, quien dio en esta plaza uno de sus últimos conciertos.