19 abr. 2026

“Planeta Tierra, sos tripulación”

La idea de que el planeta Tierra es una balsa salvavidas que flota en el páramo oscuro del universo y todos los seres vivos somos sus tripulantes no es nueva, pero no deja de ser un poderoso mensaje, que vuelve a tener relevancia en estos días, con el discurso que dio la astronauta Christina Koch, a su regreso de la misión espacial Artemis II.

“Una tripulación –describe la joven, respondiendo a la pregunta de la gente–, ya sabes, un grupo que está en él todo el tiempo sin importar qué; es remar juntos cada minuto con el mismo propósito; que está dispuesta a sacrificarse en silencio el uno por el otro, que exige responsabilidades. Una tripulación tiene la mismas preocupaciones y las mismas necesidades; una tripulación está ineludiblemente, maravillosa y obedientemente unida”.

Y recuerda que la gente siguió preguntándole a su equipo qué impresiones tuvieron cuando vieron, desde el espacio, la Tierra pequeña. “Y honestamente –responde dando su impresión–, lo que me impactó no fue necesariamente solo la Tierra, fue toda la oscuridad a su alrededor”. La descripción que hace resulta fascinante: “La Tierra era solo esta balsa salvavidas suspendida imperturbablemente en el universo”.

Y la conclusión con que cierra su discurso es sencillamente maravillosa: “Sé que no he aprendido todo lo que este viaje tiene aún para enseñarme, pero hay una cosa nueva que sé. Y es que, Planeta Tierra, sos una tripulación”.

Esta misma idea ya había dejado expuesta Carl Sagan con la famosa imagen de la Tierra tomada por la sonda Voyager 1, “Un punto azul pálido” suspendido de una hebra de los rayos del Sol.

Decía Carl Sagan en su discurso: “Desde esta perspectiva tan distante, la Tierra podría no tener ningún interés en particular. Pero para nosotros es diferente. Considera nuevamente ese punto: Es aquí, es nuestro hogar, es nosotros. Allí, todos los que amás, todos los que conocés, todo aquel de quién has escuchado hablar, todo ser humano que ha existido, vivió y vive su vida; el conjunto de nuestra alegría y nuestro sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas; cada cazador y recolector; cada héroe y cada cobarde; cada creador y cada destructor de civilizaciones; cada rey y cada campesino; cada joven pareja de enamorados; cada madre, cada padre y sus esperanzadores infantes; cada inventor y cada explorador; cada maestro de la moral; cada político corrupto; cada superestrella; cada líder supremo; cada santo y cada pecador en la historia de nuestra especie han vivido allí, sobre una partícula de polvo suspendida en un rayo de Sol”.

Es oportuno, por lo tanto, el recordatorio que nos hace a la humanidad la astronauta Christina Koch acerca de lo que somos con respecto a la Tierra; que no es el universo mismo, como nos la imaginamos muchas veces, vasta por donde la mires, maravillosa de polo a polo, que exalta el espíritu de muchos y exacerba los ánimos de los ansiosos de poder; solo es una mota de polvo estelar suspendida de un haz de luz del Sol. Y como dice la astronauta, es una balsa salvavidas suspendida imperturbablemente en el universo.

Y en esta balsa, como en una bolsa de gatos, coexisten reyes y hambrientos, tiranos que hacen las guerras y pueblos que mueren en ellas; delirantes que se proclaman superiores y con derechos a eliminar a otros a los que consideran inferiores, como ratas; santos y pervertidos, grandes traiciones y heroicas gestas; calamidades naturales y otras tantas divinas, dioses que predican el amor y otros que claman por sangre, cada uno de ellos con sus fanáticos, a lo largo del tiempo y a lo ancho de la creación, todo sucedió y sucede en esta mota de polvo estelar, si se mira en una escala astronómica, pero llamada por poetas la bella hija del Sol, la Tierra.

Que el mensaje llegue hasta donde debe llegar y cumpla con su propósito de ser un baño de humildad para la especie humana.

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