Una semana complicada ha tenido el presidente Peña al comienzo de lo que él mismo denominó el segundo tiempo de su partido como gobernante. Habló casi una hora frente a sus ministros a los que les dijo que no estaba conforme con los resultados y que aquellos que no puedan mantener el paso deberían salir por la puerta que era ancha y grande. A renglón seguido, pidió que los nuevos secretarios que puedan venir “tengan hambre...”. Esto último confundió a todo un país como si a los que están en esos cargos les faltara voracidad. En lo primero solo confirmó que él no es director técnico porque no puede cambiar a sus jugadores sin pedir permiso al quincho. Le falta muy poco para que reconozca públicamente lo que todos sabemos. Ya abriendo el paraguas, dijo que los resultados de las municipales pueden ser desastrosos para su partido, pero que habría que continuar en la tarea de despertar al gigante dormido. Alliana aprovechó la ocasión para desarrollar el libreto colorado afirmando que si fuera presidente ya los echaba a todos los ministros dando a entender que él no sería como su compañero de fórmula. Ese es un viejo cuento colorado que se inició con el ex ministro de Educación de González Macchi que se lanzó a la carrera afirmando que su jefe era un desastre y que él sería distinto. Antiguo truco que todavía algunos lo compran.
Para levantarse el ánimo, Peña se marchó del país con destino a Washington donde el profesor Trump lo buscó en el puñado de miembros de la Junta de la Paz en la semana de las acusaciones que saltan de los archivos del pedófilo y degenerado Epstein para destacar la belleza del presidente local, aunque se apuró en decir que no le gustan los hombres y sí las mujeres. Las reacciones fueron dignas de alquilar balcones. Con este tipo de halagos es mejor no recibirlos y menos de Trump en medio de acusaciones graves que incluso acabaron con la detención de un miembro de la casa real de Inglaterra, cosa que no ocurría desde hace 400 años. El piropo no fue para nada halagüeño y acabó hundiendo más a un depreciado como el dólar al mandatario paraguayo.
Para volver a colocar a Alliana en el camino de la sucesión y para marcar diferencia, fue él quien anunció que se crearon 240 mil nuevos empleos formales en la semana en que se fue la luz en todo el país por más de tres horas y con 45 grados de calor. Justo cuando anunciaban la presencia de una empresa de centro de datos de alto consumo de energía, pero donde solo trabajan máquinas y no seres humanos. El autopiropo no alcanza para contentar a los productores de tomate que con el calor infernal producen la hortaliza, pero no pueden con el contrabando.
Este segundo tiempo de Peña será de pendiente agravada. Los cercanos buscarán apartarse de él y será un mejor negocio criticarlo en público que aplaudir sus logros. Lo mismo que pasa con el ministro de Economía argentino que se queja que los empresarios no aplaudan la reforma laboral que según afirma les conviene. Los empresarios no comen vidrio y saben que la recesión que se viene supera cualquier ley que pretenda imponer la prosperidad en un país en donde se cierran 30 empresas por día que solo tiene 24 horas. “La única verdad es la realidad”, diría Perón no citando al verdadero autor de la frase.
La conversación con sus ministros, en la que nadie renunció, mostró la intrascendencia de la Jefatura de Gabinete que desde hace 18 meses está vacante y que ahora Peña nombró a su amigo para que fuera el titular. Lo concreto y cierto es que al mandatario los de adentro ya no lo quieren ni les necesitan más que para insultarlo y afuera cuando lo piporean lo llenan de conjeturas malsanas.
Suerte que empezamos la Cuaresma y unas buenas cenizas nunca estarían demás para todos los actores de unos 40 días de ayuno, abstinencia y desierto. Comienza el cruce más doloroso para Peña y cuando pasa eso hasta los piropos se vuelven insultos.