Wilson Ferreira
CIUDAD DEL ESTE
El gris del cemento tiene estos días un rival de peso en Ciudad del Este. No hace ruido, no toca bocina y tampoco necesita ocupar espacio en las calles para hacerse notar. Basta con levantar la mirada. Los tajy, con sus copas rosadas y lilas, transformaron plazas, paseos centrales y avenidas en postales que parecen sacadas de otra estación. En pleno invierno, la ciudad se llena de color.
El fenómeno se aprecia con especial intensidad en el paseo central de la avenida Alejo García. Allí, los lapachos forman una especie de corredor natural que contrasta con el movimiento cotidiano de la capital departamental. Debajo de las copas floridas continúan circulando vehículos, motocicletas y peatones, pero sobre ellos ocurre un espectáculo silencioso que cambia por completo el paisaje.
Las flores aparecen agrupadas en las ramas casi desnudas de los árboles. El viento de agosto desprende algunas y las lleva hasta las veredas y el pavimento. Poco a poco, el suelo también comienza a teñirse de rosa, como una prolongación de las copas que se extienden sobre la avenida.
El tajy no necesita demasiadas hojas para llamar la atención. Al contrario, cuando pierde parte de su follaje, las flores quedan más expuestas y adquieren mayor protagonismo. Las copas parecen encenderse contra el cielo y, desde lejos, los árboles destacan como grandes manchas de color dentro del paisaje urbano.
Escena que se repite. Sobre la avenida Bernardino Caballero, desde Pioneros del Este hasta el Área 2, los ejemplares florecidos agregan una pincelada natural a una de las principales arterias de circulación de la ciudad. También pueden observarse detrás de la Terminal de Ómnibus, en el barrio Obrero, en las inmediaciones de la Catedral San Blas y en otros sectores.
Quienes llegan o salen de la ciudad por la ruta PY02 también pueden observar ejemplares ubicados en la franja que divide las arterias San Blas y Monseñor Rodríguez.
Son árboles que durante buena parte del año pueden pasar inadvertidos entre edificios, comercios, cables y vehículos. Pero cuando llega el momento de florecer, reclaman el protagonismo. Y lo hacen sin pedir permiso.
En la avenida Alejo García, el espectáculo adquiere una característica especial. Los tajy ubicados en el paseo central parecen ordenar el paisaje en una sucesión de copas floridas. El tránsito circula a ambos lados, mientras las flores rosadas y lilas rompen la monotonía del asfalto. Los pétalos que caen se acumulan alrededor de los troncos y luego son arrastrados por el viento o dispersados por el paso de los vehículos.
Los lapachos también forman parte de los espacios públicos de la ciudad. En plazas, paseos y áreas verdes, los ejemplares florecidos aportan una imagen diferente a lugares donde habitualmente se desarrollan caminatas, encuentros familiares, actividades deportivas o simplemente momentos de descanso.
La presencia del tajy en los espacios urbanos no es casual. La ingeniera Viviana Melgarejo, jefa de Áreas Protegidas de la Municipalidad de Ciudad del Este, explicó que buena parte de estos árboles fueron cultivados y plantados. “La mayor parte son cultivados, tenemos identificados pocos lapachos remanentes”.
Producción propia. La Municipalidad también produce nuevas plantas en su vivero con el objetivo de aumentar la presencia de árboles en los espacios públicos. “En el vivero Municipal se producen dos especies de lapachos rosados, dos amarillos y uno blanco”, explicó Melgarejo.
La finalidad concreta es aumentar la cobertura arbórea de la ciudad. Así, los árboles que hoy pintan de rosa las avenidas son también una muestra de lo que puede significar una política de arborización urbana. El color que aparece durante unos días es apenas una parte de un proceso que comienza mucho antes, con la producción, plantación y cuidado de los ejemplares.
Aunque el paisaje parezca anunciar una llegada anticipada de la primavera, la explicación está en el comportamiento natural de las especies y en las condiciones climáticas. Melgarejo explicó que existen especies que florecen durante el invierno y que los cambios en el clima pueden adelantar o modificar los períodos habituales.
Como ejemplo, recordó lo ocurrido con el lapacho amarillo. “Como por ejemplo el lapacho amarillo, el año pasado tuvimos floración en diciembre, totalmente fuera de su proceso normal”, recordó.