El esplendoroso Palacete Duarte, ubicado en la esquina de O’Leary y Presidente Franco, ya muestra una elegante recuperación de su fachada y se prepara para abrir las puertas al público. La construcción, que data de 1908, vuelve a la vida gracias a una inversión privada de la empresa Sudamérica Invest y de la mano de los arquitectos Christian González y Florencia Moratal para CG Estudio & Cgm Pro Obras, en cuanto al proyecto y construcción.
El plan de puesta en valor y refuncionalización del edificio cuenta con los permisos pertinentes y con un protocolo de intervención aprobado por la Secretaría Nacional de Cultura.
Originalmente fue residencia del empresario argentino Pedro Duarte, para quien fue concebido el edificio. También tuvo un uso de carácter político, ya que Albino Jara residió alrededor del año 1911 en el piso superior, mientras ejercía la presidencia. Posteriormente, funcionó como local comercial y espacio de la imprenta Zamphirópolos en la década de 1950 aproximadamente, y en los años 80 funcionó como Galería Jasy.
Los arquitectos González y Moratal señalaron que el Palacete es ejemplo de arquitectura catalana en Paraguay, obra del arquitecto José Marsal, con influencia directa de su formación en Tarragona. Su concepción original (1908) se inscribe en un marco clásico con incorporación de formas modernistas, vinculadas al Art Nouveau. Presenta una fusión de estilos, donde conviven el modernismo catalán con elementos clásicos persistentes y la influencia de la arquitectura asuncena del siglo XIX.
Desde el punto de vista técnico, la intervención tuvo que tratar con una estructura híbrida, producto de reformas pasadas, especialmente una de la década de 1970 que introdujo hormigón armado a la estructura central del edificio.
Los profesionales señalaron que se adoptó una visión que respeta la evolución del inmueble.
“El criterio adoptado es mixto y de mínima intervención diferenciada. El proyecto no busca una restauración fiel o estricta en el sentido de devolver todo el edificio a su estado original de 1908, sino que combina el respeto histórico con la realidad actual del inmueble como ellos lo recibieron, reconociendo que gran parte de las modificaciones pasadas son irreversibles”.
Señalaron que se priorizaron arreglos en sectores “que ponían en riesgo la estabilidad de la construcción, o que causaban daños continuos”, como las goteras y filtraciones en los techos, rotura de cañería y desagües, y el “óxido en soportes de balcones y columnas” para “frenar el desgaste”. También se priorizó “el retiro del exceso de peso en la azotea”, con el traslado de equipos de aire acondicionado y tanque de agua, viejos.
El camino para devolverle su brillo, sin embargo, fue largo. Stephan Schultheiss, representante de la firma que invirtió en la restauración, recordó que el proceso comenzó en 2020, pero que se enfrentaron demoras: “Iniciamos con el proyecto de puesta en valor, estudios de ingeniería sobre la estructura y trámites ante instituciones”. A este retraso se le sumó el paso del tiempo y la falta de mantenimiento que provocó deterioro de diversos sectores del edificio.
Otro factor que representó un desafío para la restauración fue, como indicaron, que según consultas preliminares se resolvió usar un sistema de distribución de agua basado solamente en un tanque inferior, a fin de no agregar pesos adicionales a la estructura superior del edificio.
A pesar de los retos, la restauración del lugar permitió que se rescataran bellos detalles que resaltan tanto afuera como adentro. Los arquitectos señalaron que se priorizó “la restauración de los elementos originales remanentes, como las molduras de las fachadas, la herrería de los balcones y las bovedillas de los entablamentos superiores que dejaron expuestos”.
Se preservaron también componentes de la década de 1970 que destacan por su diseño y calidad estética, tales como la escalera principal y las escaleras caracol metálicas secundarias de los entrepisos. Resaltaron que el alcance incluye la recuperación de los vitrales de color, las farolas exteriores y entrepisos.
El abogado representante, informó, por su parte, que la recuperación del lugar costó aproximadamente G. 3 mil millones. Adelantó que se prevé usar el Palacete como un espacio de uso mixto, con un sector comercial de 75m2, y un sector gastronómico en la esquina de 170m2 que puede utilizar la terraza con vista al Palacio de López. También se prevén salones ideados para un espacio de arte de 113m2, con baños sexados, cascadas y terraza con vista privilegiada sobre el Casco Histórico.
Stephan se refirió además a la restauración como un paso fundamental para el centro de Asunción: “Hace unos años se encontraba en terapia intensiva, hoy podemos decir que con las intervenciones está en terapia intermedia”.
Los arquitectos señalaron, por su parte, que la obra “funciona como un potente catalizador urbano: No solo rescata el patrimonio material, sino que inyecta nueva vida económica y social al microcentro”.
“En el contexto actual del microcentro, la participación de los ciudadanos demuestra que la revitalización no es solo una obra arquitectónica aislada, sino un proyecto colectivo. Cuando la comunidad adopta el edificio como propio, se puede generar un sentido de pertenencia que contagiará a todo el Casco Histórico, convirtiendo la cuadra en un nodo urbano vibrante y seguro”, resaltaron.
- “La restauración es nuestro aporte al Centro Histórico de Asunción, esperamos que se contagie como un virus entre los propietarios de casas antiguas”. Stephan Schultheiss, desarrollador y abogado.
- “Un edificio recuperado no es una isla; se convierte en un nodo de actividad que dinamiza el espacio público, atrayendo tanto a locales como a turistas”. Christian González, arquitecto.
Resaltan potencial para revivir el centro
Quienes trabajaron en la recuperación del Palacete Duarte manifestaron sus esperanzas sobre el destino del centro de la capital. El abogado y desarrollador inmobiliario, Stephan Schultheiss, sostuvo que, a diferencia del contexto que rodea a los shoppings modernos, en el Casco Histórico es donde realmente se desarrolla y visibiliza la cultura de un pueblo.
Para el abogado, el Centro Histórico, pese a sus falencias, todavía puede recuperar el carácter que lo favorecía como punto de encuentro en décadas pasadas.
Desde una perspectiva más técnica, los arquitectos Florencia Moratal y Christian González dijeron que su labor no es solo restaurar un edificio, sino hacer una ciudad.
Para los profesionales de CG Estudio, la recuperación del Palacete puede funcionar como un efecto rebote, o de contagio, que motive a otros propietarios a invertir en sus inmuebles.
Moratal aseguró que el deterioro de un edificio es sinónimo de deterioro social, y que la mejor forma de proteger el patrimonio es repoblar el centro, ya que los lugares habitados no se desmoronan.
“Estaría bueno repoblar y empezar reutilizar nuevamente los espacios que están abandonados”, refirió, y señaló que existen otros sitios, como el Hotel Palmaróga, que le dan vida al microcentro.
Junto a la obra del Palacete, los profesionales miran hacia el futuro con la esperanza inclusive de que la zona del Puerto de Asunción se transforme en un espacio similar a Puerto Madero, en Argentina.
Stephan, por su parte, mencionó que una iniciativa para lograrlo podría ser la creación de un departamento gubernamental multidisciplinario que actúe como mediador y gestor para inversores privados, y que entre sus objetivos se encuentre facilitar los trámites y la unificación de criterios entre la Municipalidad y la Secretaría de Cultura.
Los profesionales estuvieron de acuerdo en que uno de los objetivos principales de las restauraciones, además, apunta a que el centro deje de ser un espacio exclusivamente diurno de oficinas y se convierta en una zona viva las 24 horas.
Los arquitectos resaltaron, además, que el rol de los vecinos y las organizaciones civiles es fundamental para revitalizar los espacios: “Al apropiarse del lugar mediante visitas, actividades culturales y la difusión de boca en boca, la comunidad se convierte en la principal guardiana del patrimonio, garantizando su sostenibilidad a largo plazo y protegiéndolo del vandalismo o el olvido. Además, las organizaciones vecinales y ciudadanas actúan como puentes entre el sector privado y el espacio público, articulando ferias, recorridos históricos y activaciones artísticas que conectan el edificio con la dinámica cotidiana del barrio”.