Wilson Ferreira
ALTO PARANÁ
La multitudinaria fiesta patronal de María Auxiliadora volvió a convertir a Minga Guazú en el epicentro de la fe católica del Alto Paraná. El obispo de la Diócesis de Ciudad del Este, monseñor Pedro Collar Noguera, durante su homilía cuestionó duramente la corrupción, el individualismo y el deterioro de la vida política y comunitaria en el país.
Ante miles de fieles congregados en el templo mayor del km 20 Acaray, el prelado pidió recuperar el sentido del bien común y recordó que la fe cristiana no puede limitarse solamente a expresiones religiosas o actos de devoción. “La corrupción es un pecado grave que roba a los pobres y desvía recursos de la salud y la educación”, afirmó el obispo, en uno de los pasajes más contundentes de su mensaje, arrancando aplausos de los fieles.
La misa central se desarrolló en coincidencia con la solemnidad de Pentecostés y dentro del año pastoral dedicado al bien común, bajo el lema “Denles ustedes mismos de comer”. Tomando como referencia ese pasaje evangélico, monseñor Collar reflexionó sobre la necesidad de compartir y construir una sociedad más solidaria.
Recordó que, ante la multitud hambrienta, los discípulos pretendían enviar a la gente a comprar alimentos, pero Jesús los desafió a compartir lo poco que tenían. “El milagro no nace de una transacción comercial, sino de una comunión”, expresó el obispo, señalando que el verdadero cambio social nace de la solidaridad y no únicamente del dinero o de los intereses económicos.
RESPONSABILIDAD. El religioso sostuvo que el Alto Paraná, como motor productivo del país, tiene también una enorme responsabilidad social. En ese contexto, exhortó a productores y empresarios a practicar “una economía con rostro humano”, priorizando el empleo digno, el cuidado ambiental y la distribución más justa de la riqueza. “La riqueza de nuestra tierra debe llegar también a las mesas de los más pobres”, manifestó.
El obispo insistió en que los bienes naturales, como el agua, el suelo fértil y el aire, son bienes comunes destinados al beneficio de todos, recordando que la propiedad privada “debe cumplir siempre una función social”.
Collar vinculó además el mensaje religioso con la realidad política nacional, afirmando que la política puede convertirse en “una altísima vocación de caridad” cuando se ejerce buscando verdaderamente el bien común.
En ese sentido, pidió a la ciudadanía ejercer el voto con responsabilidad y no dejarse manipular por discursos de odio o intereses mezquinos. “Ser misioneros implica participar con conciencia cívica, votar con honestidad y no dejarse manipular por el cinismo o el odio”, sostuvo.
Otro de los ejes centrales de la homilía estuvo enfocado en la familia y la convivencia comunitaria. El obispo definió al hogar como “la primera escuela de solidaridad” y lamentó que muchas veces el peso de cuidar a los enfermos o ancianos recaiga solamente sobre uno o dos integrantes de familias numerosas. “Son ocho, diez, doce hermanos y uno o dos cuidan del enfermo de la casa”, expresó, mezclando reflexiones en castellano y guaraní para llamar a una mayor unidad familiar y apoyo mutuo.
También pidió fortalecer la vida barrial y cuidar los espacios públicos, las plazas y los bienes comunitarios.