Las políticas públicas y las acciones concretas para evitar más casos de violencia, abusos y muertes ya no pueden seguir demorando. Frente a los 13 feminicidios registrados hasta la fecha, urge formular respuestas que construyan una sociedad más igualitaria y respetuosa con todas las personas. Erradicar la violencia y los abusos contra niñas y mujeres es una tarea impostergable.
Con el más reciente caso de la muerte de María Celeste Segovia en Nueva Italia, Departamento Central, llegamos a la cifra de 13 feminicidios en este 2026. El terrible suceso deja dos niños pequeños huérfanos, y con ello ya son 26 los huérfanos como consecuencia de la imparable violencia machista.
De acuerdo con los datos del Ministerio Público, ocho de cada diez denuncias por violencia familiar tienen como víctimas a mujeres, mientras que los agresores son sus parejas sentimentales –cónyuges o concubinos– quienes encabezan la lista, en la que les siguen ex parejas, ex cónyuges o ex concubinos.
La mayoría de las agresiones denunciadas combina violencia física con psicológica y verbal. Entre los ataques físicos, se registran golpes de puño, heridas con armas blancas y lesiones causadas por uñas y dientes. Un dato altamente significativo del informe señala que el 88% de los episodios de violencia familiar sucedió dentro de la vivienda, y que el 70% de los agresores y las víctimas convivían.
La información proporcionada por la Dirección de Estadística Judicial de la Corte Suprema apunta a que en los Juzgados Penales de Garantías iniciaron 5.463 nuevos expedientes por violencia familiar, que representa un incremento del 6% en comparación con el 2024. Por parte de los Tribunales de Sentencia dictaron 845 sentencias definitivas vinculadas a hechos de violencia, de las cuales 200 personas fueron condenadas a pena privativa de libertad y 178 obtuvieron la suspensión a prueba de la ejecución de la condena, además de otras medidas previstas en la legislación.
En cuanto a feminicidio, hubo 25 imputaciones en 2025, mientras que se contabilizaron 37 imputaciones por tentativa de feminicidio. En la mayoría de los casos, los registros indican la existencia de vínculos de pareja o ex pareja entre el imputado y la víctima. Asimismo, durante ese periodo, 15 personas fueron condenadas por feminicidio, con penas privativas de libertad que oscilaron entre 16 y 30 años.
Cada caso de violencia o de violencia extrema que termina en feminicidio nos recuerda los niveles de violencia a los que está llegando la sociedad, sin que institución alguna pueda poner un freno para evitar que se siga expandiendo.
Es alarmante, al mismo tiempo, el panorama de vulneración de derechos de mujeres y niñas en Paraguay. De hecho que los nueve hechos punibles más denunciados por las mujeres en Paraguay son violencia familiar, abuso sexual en niños y adolescentes, pornografía relativa a niños y adolescentes, coacción sexual y violación, acoso sexual, trata de personas, tentativa de feminicidio y feminicidio, que es la forma más extrema de la violencia machista.
Igualmente, es inaceptable que como sociedad hayamos casi normalizado situaciones como las que este diario viene denunciando en Corumbá Cué, Mariano Roque Alonso, donde vecinos son testigos de distintos tipos de violencia y ultrajes que sufren niñas, adolescentes y jóvenes nativas, hechos que además están ligados a la explotación sexual. ¿Cómo es posible que ninguna institución del Estado pueda poner un punto final a esta situación de absoluto abandono en la miseria de esta población que es la más vulnerable?
Es por todo ello oportuno recordar las expresiones del papa León XIV cuando urgió a “implementar proyectos específicos para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer”, empezando “por la educación de los jóvenes”, porque en un “mundo a menudo dominado por el pensamiento violento, necesitamos apoyar aún más el genio femenino”.
Decía el Papa que quizá las mujeres son atacadas y asesinadas precisamente “porque son un signo de contradicción en esta sociedad confusa, incierta y violenta porque nos señalan valores de fe, libertad, igualdad, esperanza, solidaridad y justicia”, y estos “grandes valores son atacados por una mentalidad peligrosa que infesta las relaciones, generando solo egoísmo, prejuicios, discriminación y deseo de dominación”.