Fuga de fármacos con costo millonario, esperas de siete meses para estudios previos a una necesaria cirugía, fraude en el área de aporte obrero-patronal, auditorías que acumulan información y lenta reacción de la Justicia son algunos de los temas que en las últimas semanas han sido denunciados en el IPS. La clase política debe hacerse responsable del caos y la atención deficiente.
Dos meses antes de designar un nuevo titular del Instituto de Previsión Social (IPS), el presidente de la República, Santiago Peña, aseguraba que no cambiaría a Jorge Brítez porque –decía– el problema en las instituciones no son las cabezas, sino las estructuras intermedias.
Brítez asumió en 2023 con un discurso de reforma, que no pudo contra las denuncias de corrupción en la práctica administrativa y negligencias médicas. Designado por el presidente como un conocedor profundo de la “casa”, desde el inicio declaró que heredó una institución en crisis, con un fondo de salud con flujo de caja cero y un endeudamiento masivo con proveedores de medicamentos. El discurso de la culpa de la herencia recibida –que caracteriza a todo Gobierno colorado, central o municipal– se desgastó pronto y luego comenzó a cometer sus propios errores.
Recordemos que la Contraloría General de la República hizo público un informe sobre el ejercicio fiscal 2024 de la administración de Jorge Brítez, en el que exponía que, bajo su administración, persistían deficiencias y privilegios, que afectan la calidad de atención que reciben los asegurados; también se subrayaba la desigualdad en las sanciones por llegadas tardías entre funcionarios, la crítica deficiencia del Call Center, la falta de médicos y el déficit de infraestructura.
En abril asumió el nuevo presidente del IPS, doctor Isaías Fretes y al poco tiempo comenzó a abrir la caja de Pandora. En la actualidad, y esto sin duda, describe la situación, hay 30 auditorías en la previsional y la Justicia no ha dado respuestas a 38 de denuncias presentadas anteriormente. Así, algunos de los casos auditados: Recuperación de identidad falsa, retiro de medicamentos con identidades que no corresponden, denuncia sobre extirpación equivocada en cirugía de mama, denuncia sobre quirófanos móviles que no fueron instalados, denuncia sobre las malas condiciones del vehículo utilizado para traslados del presidente del IPS y presentación de denuncia ante la Fiscalía barrial sobre hurto de cables por USD 15.000.
No estaba del todo equivocado Santiago Peña cuando decía que el problema en las instituciones no son las cabezas, sino las estructuras intermedias, excepto quizás que en el caso específico del Instituto de Previsión Social, la cadena de responsabilidades y culpas debe extenderse a la clase política gobernante desde hace 70 años.
Mientras el oficialismo colorado cartista en el Parlamento no se ha decidido aún si seguirá respaldando a Fretes y, al mismo tiempo, ejecuta la pantomima de la declaración de emergencia, “ante el desabastecimiento de medicamentos esenciales, problemas en la infraestructura edilicia, de máquinas y falta de personal; y faculta la realización de acciones administrativas y financieras necesarias”.
El diputado Raúl Benítez, de la oposición sostiene: “Vamos a bancar las herramientas que sean necesarias para una reforma real del Instituto de Previsión Social. Para poder transparentar o darle seguridad a los aportantes. Pero si no existe un respaldo político real o si el respaldo político, si se sustenta en preventa, contratos, negocios, dinero para el banco del presidente, estamos en un problema”, indicaba el parlamentario.
Sin una solución estructural seguirá habiendo fuga de fármacos por millones y, al mismo tiempo, seguirán faltando medicamentos esenciales; los asegurados aguardarán siete meses y más por estudios de urgencia; el servicio de atención telefónica continuará siendo deficiente y si no se administra y gestionan bien los fondos jubilatorios estos corren serio peligro.
La corrupción impune y la politiquería de décadas han llevado al actual caos y desorden en el IPS. Una publicación de ÚH del 2024 denunciaba que presidentes de seccionales coloradas estaban acomodados en diferentes instituciones del Estado con escandalosos salarios, una de estas era IPS.
No se trata solo de la corruptela interna, es fundamentalmente el aval político el que ha llevado al IPS a la extrema situación en la que se encuentra; la politiquería y la corruptela que por décadas se han estado aprovechando y beneficiando del sacrificio de los trabajadores paraguayos.