Opinión

No nos desesperemos

Todo aquel que ha sobrellevado un trabajo rutinario o que ha conducido largas distancias sabe con certidumbre experta que los últimos tramos de la tarea y los últimos kilómetros de la ruta son los más peligrosos y traicioneros, pues hasta el más avezado puede cometer en esas circunstancias errores y mandar todo el esfuerzo directamente al tacho del infortunio.

Arnaldo Alegre Por Arnaldo Alegre

Estamos por cumplir en marzo el segundo año de pandemia de coronavirus en Paraguay. Aunque haya sido un camino doloroso, como tragedia extendida en el tiempo no se parece en mucho a lo que padecieron nuestros ancestros. La Guerra del Chaco duró casi tres años y la Guerra de la Triple Alianza fue por los cinco años.

Obviamente, en términos de mortandad ya constituye uno de los mayores padecimientos sufridos por los paraguayos. Pero en nada, absolutamente en nada, se iguala a una guerra y mucho menos a la del Chaco y a la de los López. Emulemos la valentía de los que participaron de esas contiendas y los que las sufrieron. Ante ellos, solo nos queda el silencio respetuoso y el compromiso moral de no dejarnos llevar por la desesperación.

Desesperación que es caldo de cultivo de interesados, sin arte ni parte y con más razón para fastidiar que sus simples caprichos, aglutinados en un variopinto enjambre de antitodos, rebeldes sin causas, irresponsables endémicos y otra mezcolanza de idiotas de igual o mayor calibre.

No cometamos los errores de los últimos kilómetros. Sigamos con los cuidados.

La vacunación es clave y más que importante. No se preocupe: Su vida no estará monitoreada por Bill Gates gracias a un chip (en todo caso, él encontró métodos más redituables y fáciles para influir en la vida de la gente hace rato); no se convertirá tampoco en un zombi (para eso están otras instituciones de más prosapia) y tampoco le dejará infértil (para algunos no vendría mal así se reduce la tasa de tontos) o una sandez similar para cumplir con los mandatos de la Agenda 2030 o algún otro acuerdo subrepticio y mefistofélico parido por la fantasía de una mente afiebrada y no precisamente a causa del Covid, sino de una intrínseca estupidez.

Hay un dato irrefutable. La vacunación frenó las muertes por Covid. ¿Tiene efectos adversos? Claro que puede ser. Es una vacuna de contingencia parida en menos de dos años y en pleno desarrollo de las investigaciones médicas. Obviamente tiene aspectos aún desconocidos. Pero más daño causa propalar medias mentiras, prejuicios o, lisa y llanamente, mentiras.

Suelen decir que la persistencia de los idiotas se debe a que tienen todas las certezas falsas y el que quiere conocer los hechos y sus implicancias reales tiene todas las dudas razonables. A este le viene mejor el método científico, al primero fanatismo, ceguera o barbarie intelectual.

De la misma forma, hay que mantener el uso de los tapabocas, sobre todo en espacios cerrados, y lavarnos las manos (pero por favor no se limpien como si fueran que van a realizar una operación a corazón abierto; respeten el tiempo ajeno).

La indefinición es lo que mata. La angustia de no saber cuándo acabará. No obstante, se empieza a vislumbrar una luz, aunque aún tenue, fuera del túnel. Puede que falte poco. No nos dejemos ganar por la desesperación. Cuidémonos.

Dejá tu comentario