20 feb. 2024

No hay merienda gratis

En los últimos meses, la ciudadanía fue testigo de un polarizado debate sobre un acuerdo firmado entre la Unión Europea y el Gobierno local. Un contrato cuyo enfoque principal es la mejora de la educación de los niños en edad escolar y, entre otras cosas, contempla recursos monetarios para ofrecer a los escolares una merienda.

El debate acaparó sesiones en ambas cámaras del Congreso Nacional. También hubo manifestaciones de las organizaciones provida, profamilia y los sectores que nuclean a los padres de escolares.

Tras argumentaciones a favor y en contra del polémico acuerdo con la UE, finalmente el presidente de Congreso dijo que se derogará la ley.

El presidente Santiago Peña ya adelantó que promulgará la eventual derogación del Acuerdo con lo que definitivamente un grupo importante de niños se quedarán sin la merienda gratis ofrecida por los europeos.

Esta determinación generó la reacción a favor y en contra de los sectores que estaban acompañando el debate a nivel parlamentario y a través de los medios de comunicación.

Fue el economista Milton Friedman quien popularizó la frase: “No hay almuerzo gratis”, para criticar los servicios y los subsidios públicos, mostrando que no eran gratuitos, sino que alguien tenía que pagarlos con impuestos.

En el caso de la merienda escolar es la UE la encargada de financiar el menú para los escolares.

A nivel local, un respetado economista fue quien lo recordó a los periodistas “que no hay almuerzo gratis”, en el sentido que cuando alguien invita a un almuerzo a un comunicador es muy probable que pida algo a cambio, algún favor o para presentar al hombre de prensa alguna propuesta para su posterior difusión.

Particularmente, nadie está en contra de que la UE o cualquier otra organización o país ofrezca a los niños escolares paraguayos ya sea el desayuno, almuerzo o merienda, siempre y cuando, no implique segundas intenciones o que la devolución de ese favor ponga en riesgo a los estudiantes. Poner en riesgo, en el sentido de que se afecte su inocencia y normal desarrollo hasta que lleguen a la madurez natural y puedan tomar las decisiones que consideren más apropiadas.

En el debate sobre el acuerdo con la UE, las organizaciones de padres y profamilia fueron exponiendo detalladamente las implicancias del contrato que pudieran afectar la moral y decencia de los niños.

Desde el sector de la UE, escuché pocas intervenciones defendiendo el acuerdo y creo que esa fue la razón por la que finalmente un amplio sector de la opinión pública acompañó la tesitura de que dicho acuerdo tiene que dejarse de lado, por lo menos, hasta tanto se aclaren los alcances.

En el debate, los que defienden el acuerdo calificaron a los detractores de mentirosos, falaces, hipócritas y que veían fantasmas antes que realidades. Los defensores del acuerdo no refutaron técnica y legalmente los cuestionamientos que se hacían al contrato. Más bien defendieron el acuerdo haciendo alusiones sobre gustos personales.

Nuestros niños escolares y en situación de carencia se merecen no solo una merienda. Se merecen desayuno, almuerzo y cena. El país cuenta con suficiente riqueza para cumplir con este deber.

Tampoco se puede estar ajeno a que organizaciones y países amigos apoyen este tipo de loables emprendimientos, pero que sean realmente para dignificar a los niños, cuidando su integridad física y moral y respetando su natural desarrollo.

Por de pronto la determinación de dejar sin efecto el contrato está decidido. Faltaría solo la promulgación por parte del Ejecutivo. Pero tampoco se puede dejar sin la nutrición a los escolares. Esto obliga al Gobierno y a todos los que acompañan la derogación del acuerdo a buscar la manera de suplir los recursos que provee hoy día la UE.

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