21 feb. 2026

Navidad, un llamado a liderar con propósito

Se cierra el año y con él un ciclo más de trabajo, entrega, desafíos y oportunidades. Es tiempo de balances, pero también de gratitud y reflexión. La Navidad nos invita a recordar lo esencial y en medio de los cierres fiscales y los reportes de gestión, se abre paso una pregunta que toca el corazón del empresario cristiano: ¿Cómo fue mi liderazgo este año a la luz del Evangelio?

Los líderes empresariales tenemos la posibilidad y la responsabilidad de influir no solo en los resultados financieros, sino en la vida de las personas que hacen posible nuestras empresas. No dirigimos procesos, acompañamos seres humanos. No solo buscamos rentabilidad, anhelamos trascendencia y dejar un legado.

Como empresarios cristianos, no estamos llamados a “colocar una cruz en la oficina” ni a mencionar a Dios solo en los discursos institucionales. Estamos llamados a encarnar valores que inspiren y transformen, teniendo la honestidad como norma, la dignidad humana como centro, la justicia como guía y el amor como motor.

En este tiempo de Navidad, cuando celebramos el nacimiento de un Dios que eligió lo simple para cambiarlo todo, se nos renueva la esperanza de un liderazgo diferente. Uno que no se mida solo por el tamaño de las utilidades, sino por el impacto positivo que dejamos en las personas, en nuestras comunidades y en la sociedad.

El nuevo año se vislumbra lleno de incertidumbres, tanto económicas, políticas como globales, pero también pleno de oportunidades. Y será nuestra visión empresarial la que defina el camino. Una mirada de fe y de compromiso, puede convertir el negocio en una verdadera misión, la de servir a través del trabajo, de generar empleo digno, de compartir con generosidad, de invertir con ética, de liderar con responsabilidad.

Las empresas no son estructuras frías, son espacios donde late la posibilidad de un bien común más justo y humano. Allí estamos llamados los empresarios cristianos, a ser luz en medio de tantas sombras, a recordar que el trabajo bien hecho también es oración, que el trato digno también es testimonio, que los números pueden reflejar no solo éxito económico, sino coherencia de vida.

Hoy, al terminar el año, le pido a Dios que bendiga nuestras decisiones, fortalezca nuestras convicciones y renueve nuestro propósito. Que no nos falte nunca la valentía de construir un país más próspero y humano, desde cada escritorio, desde cada industria, desde cada empresa.

Y que esta Navidad no solo sea una celebración más, sino un nuevo llamado a vivir nuestra vocación empresarial como verdaderos misioneros en el mundo del trabajo. Con esperanza, con fe, con propósito.

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