Karakú se denomina el nuevo trabajo que la artista paraguaya Nat Mendoza publicó recientemente. La compositora, que también tiene raíces bolivianas, cuenta que la grabación fue un proceso de dos años y a diferencia del primero, con el que se lanzó “a lo desconocido”, este la encuentra “en un lugar de mayor seguridad como directora musical y productora”.
“Artísticamente, Karakú es mucho más maduro, arriesgado y mucho más yo en cierto modo”, añade. La contrabajista señala que si bien hay “muchas texturas y géneros de Latinoamérica y el mundo”, es el folclore el “centro y la raíz”.
“No puedo negar la influencia de afuera, pero sigo buscando y tratando de aportar algo que siga teniendo firma de este territorio”, indica Mendoza. En ese sentido, considera que Quemil Yambay fue uno de los que mejor logró eso, por lo que decidió “con mucho respeto” hacer su versión de un clásico del artista recientemente fallecido. Para Mendoza, tenemos mucho todavía para aprender de esa identidad musical paraguaya que tenía Yambay, y muchos, como también muchas, artistas más.
“El disco anterior fue lanzarme a lo desconocido, pero este me afirma en quién soy, en mi raíz y en lo que quiero decir como artista”, expresa la artista.
Para este trabajo, Mendoza dice que aprendió a confiar en su intuición, tanto en lo técnico como lo artístico y en lo que al plan de lanzamiento se refiere. Desde su punto de vista, hacer música es “trabajar con organismos vivos”. “Y a todo lo vivo hay que saber reconocer sus ritmos, procesos, hay que saber leer la energía de todo lo que va pasando alrededor del proyecto”, expresa.
Karakú presenta 10 tracks, pero son nueve canciones. Se trata de canciones que Mendoza había escrito hace tiempo y no se atrevía a mostrar, ya que la música tiene ese poder de “mostrar la crudeza de lo que hay adentro, sin chance de mentir”.
Para ella, “cantar es una necesidad interna”. “No es algo que yo haya elegido como tal, es algo que si no saco me quema, y no pretende ser un canto perfecto ni virtuoso ni mucho menos, es un canto apenas brutalmente honesto”, agrega.
“Creo que Karakú nace desde mi karaku para sacarme el corazón afuera y sostenerme como un altar al mismo tiempo”, expresa.
Dice también que es parte de aceptarse como intensa “y verlo como un poder que puede ser muy lindo también”.
Igualmente, este trabajo no queda en el disco. Mendoza explica que el proyecto es multidisciplinar: más adelante vendrá un libro conceptual con las letras de las canciones, manuscritos, dibujos. También va a salir un cortometraje musical que enlanza las canciones de forma narrativa y después habrá videoclips.