Edgar Medina
CIUDAD DEL ESTE
En el corazón de Ciudad del Este, donde el movimiento cotidiano del comercio parece imponer su propio ritmo al tiempo, existe un lugar donde la historia respira con una calma distinta. Dentro del predio de la Tercera División de Infantería Carandayty, el Museo Carandayty guarda silencios que no son olvido, sino memoria contenida, esperando ser escuchada. El cuartel está enclavado en el km 8 de la ruta PY02.
La idea del museo nació hace algunos años para proyectar una parte de la historia paraguaya, desde la mirada de la unidad castrense que durante la contienda bélica se había destacado por haber llegado con sus tropas al río Parapiti, ubicado en Bolivia; pese a que lo que se ganó con las armas, se perdió con la diplomacia.
Al atravesar las puertas del cuartel, uno se zambulle en un espacio donde los objetos conservan el peso invisible de quienes los empuñaron, los vistieron o los llevaron consigo en días decisivos, durante la guerra. Esta experiencia es acompañada por el relato apasionado y con detalles cronológicos del guía del museo, el mayor Nelson Olmedo.
Cada vitrina, cada estante, parece sostener un instante detenido del pasado, como si el tiempo hubiera decidido quedarse allí para no desvanecerse del todo a pesar de haber transcurrido casi un siglo.
En el lugar se pueden apreciar las diferentes armas de guerra utilizadas en la Guerra del Chaco, muchas requisadas al enemigo. Desde fusiles a repetición, subfusil o mbaracaja’i, ametralladoras ligeras y hasta un cañón forman parte de las reliquias del sitio.
Entre los retratos, uno de los más destacados es de una patrulla de reconocimiento montada en bueyes por parte de Estigarribia y otros altos mandos del Ejército paraguayo.
La imagen fue tomada en la zona inundada y anegadiza del río Pilcomayo, donde fue empleado el buey-cavaju para vadear el sendero, debido a que por sus pezuñas tenían ventaja frente a los caballos para desplazarse sobre la agreste superficie chaqueña.
El guía destaca la campaña que llevó a las fuerzas paraguayas a internarse en la inmensidad chaqueña, avanzando entre polvo, calor y horizonte infinito hasta que la división asentada en esta región alcanzó posiciones estratégicas que la condujeron hasta el río Parapiti.
Aquella travesía, narrada como una mezcla de sacrificio y determinación, aparece en el museo no solo como una operación militar, sino como el reflejo del temple de hombres que empujaron sus límites en un territorio implacable.
El recorrido sigue entre recuerdos aún más antiguos, con un espacio dedicado a la Guerra contra la Triple Alianza que marcó el siglo XIX, donde armas, uniformes y objetos personales hablan de otro tiempo de dolor y resistencia.
EL HISTORIADOR. El mayor Olmedo evoca en su relato la figura del teniente Adolfo Rojas Silva y con ella el eco de una época en que la tensión se respiraba como polvo suspendido en el aire chaqueño, unos años antes del inicio de la guerra, como introducción a nuestro recorrido.
Olmedo revive la historia del teniente Adolfo Rojas Silva, cuya caída en una misión de reconocimiento sacudió al país y marcó uno de los episodios que anticiparon la guerra.
El relato muestra cómo ese clima de amenaza transformó la movilización nacional, el espíritu de las tropas y la organización militar que pronto entraría en combate. Con las armas, pertrechos y fotografías de la época, y un relato de episodios de la guerra, se revive un pedazo de la rica historia paraguaya.
Rojas Silva encabezaba una patrulla de reconocimiento cuando detectó el avance de tropas bolivianas en territorio chaqueño. Aunque al principio se tomó ese encuentro como camaradería, al percatarse Rojas Silva que los bolivianos ya estaban bien adentro del Chaco intentó replegarse, pero fue abatido junto a la mayoría de sus hombres.
El único sobreviviente, el soldado Luis Armoa, logró regresar a Asunción para comunicar lo ocurrido. El hecho generó fuerte conmoción nacional y fue interpretado como una señal del inminente conflicto armado que estallaría en 1932.
“Enterado de ello, su amigo Emiliano Rivarola Fernández, escribe la música Rojas Silva Rekavo En 1927 fue eso y en 1932 empieza la guerra. Esa obra musical constituye un canto o polca de protesta hacia el Gobierno, y también un himno para la movilización de todos los paraguayos”, recuerda el militar.
El museo abre en horario de oficina. Para recorrerlo hay que cursar una nota al Comandante de la 3ª División de Infantería, general de brigada Ángel Yamil Baruja Goiburú. Mientras que la coordinación se realiza con el jefe de Asuntos Civiles, teniente Juan Ángel López Arias, al número (0971) 392-132 para concretar una visita.