Como una avalancha, así pasó el 2025. Se llevó tanto a su paso y tan poco a la vez. Mientras el tiempo se evapora en lo que escroleamos en el celular Facebook, X, o los videos de TikTok o Instagram, el país empeora y nadie suelta la pantalla.
En lo que tratamos de sobrevivir a diario, trabajar para cubrir las obligaciones porque las cuentas no nos esperan, llevar el pan de cada día y pasar momentos de calidad con la familia: Los hijos, los padres, hermanos, amigos y las mascotas; ellos –me refiero a los políticos– no pierden oportunidad para salir beneficiados con cualquier nueva ley o atropellar la legislación que ya teníamos.
Cada vez es menos el tiempo que pasamos en casa. Más aún cuando subsistir significa tener que salir a oscuras, en la madrugada, y volver cuando ya se ocultó el sol, de noche. ¿Cuál es el tiempo que empleamos para poder gozar de nuestro propio espacio y bienes después de rompernos el lomo trabajando?, por decirlo de alguna manera, por el sacrificio que le ponemos a lo que hacemos.
En un pestañeo está por llegar 2026 y tal vez es muy temprano para hacer un balance de lo transcurrido en los últimos casi 12 meses. Me pasó a mí, y seguro que a muchos, que nos pasamos media vida en el tránsito y ahora en diciembre, que es un fenómeno de cada año, seguro el caos va a incrementar el doble. No hay caso, ya sea en el transporte público o en tu propio vehículo.
En mi caso, el 2025 no fue suficiente para reanudar objetivos que tengo postergados hace dos o tres años. Pero si en tu caso fue diferente, te aplaudo de pie y te felicito por haber logrado por fin este año aquello que tanto esperaste, que soñaste, que fue largamente anhelado. Enhorabuena si conseguiste un mejor empleo, el trabajo que siempre aspiraste, la casa o el auto que necesitabas, el título de una carrera para pelear por un mejor salario.
Creo que está demostrado que nuestras autoridades no tienen ni un solo interés en mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, sino simplemente en velar por el bienestar de ellos y de su entorno. Por lo que nos queda seguir luchando en lo que nos toca, todos los días, aportando desde ese trabajo diario.
Hay varias cosas que tienen que cambiar en este país, empezando por nosotros mismos, que tenemos que saber votar, elegir quién nos debe representar en la Intendencia de nuestra ciudad, en la Junta Municipal, a nivel departamental, en el Gobierno y el Congreso Nacional.
Tenemos que dejar de ponerle precio a nuestros votos. Para qué me voy a lo macro si a nivel comunitario también tenemos que saber elegir quién va a presidir la comisión de padres, en la escuela o en el colegio o de vecinos, en el barrio.
De todas maneras, cualquiera que haya sido tu meta y lo conseguiste, lo celebro contigo. Pero si fue año duro o complicado para ti, te aliento a no desanimarte, a seguir peleando por tu mejor bienestar, por una vida digna. Decirlo parece fácil, pero se trata de enfocar la vida en todo lo que nos hace bien y al entorno de nuestros seres queridos.
En estas fiestas de fin de año, evaluá cómo cerrás este ciclo, soltá un poco el teléfono y apreciá lo que tenés a tu alrededor. Valorá la comida en la mesa, a las personas con las que vas a compartir, desconectate por un momento de todos los problemas y valorá todo esos privilegios.
No todos van a pasar en estas mismas condiciones Navidad y Año Nuevo. Las frutas, las verduras, la carne, están muy caras y, quizás, para muchas familias, será difícil disfrutar del clericó o un asado.
Lastimosamente, hay muchísima gente, que a causa de la corrupción, injusticias, o la mala administración de los recursos públicos, la falta de oportunidad laboral o cualquiera que sea el motivo; no van a tener la posibilidad de comer en esos días. No ignoremos la realidad. Reflexionemos en cómo contribuir para que un día pueda disminuir la desigualdad.