Por Pedro García Garozzo
Después de 21 años me cupo volver al continente europeo, acompañando a la selección nacional de tenis femenino, que jugó la Fed Cup en Novi Sad, Serbia. ¡Qué diferencia abismal, en relación con la anterior cobertura de un evento similar que había realizado en 1994 desde Frankfurt, Alemania!
Ayer estábamos exclusivamente sujetos a la instantaneidad, pero también al altísimo valor económico de las llamadas telefónicas de punto a punto, cuando no de complejos enlaces a cuatro hilos y doble costo. La tarifa era de cuatro dólares por minuto. Y había que solicitar con antelación la bajada de la línea en el sitio desde donde se debía transmitir. Permaneciendo en el lugar determinado, sí o sí, con limitación absoluta de desplazamiento.
Hoy disponemos –gracias a la aparición de internet– de una variedad enorme de alternativas para poder transmitir informes: las redes sociales, Whatsapp, Skype, etc. El WIFI es una llave que abre de par en par la puerta de la comunicación.
Los anfitriones de los grandes eventos internacionales, para conseguir la sede de los mismos, están obligados a comprometerse a facilitar la emisión de información instantánea desde el lugar de los hechos. En el caso especifico del tenis, la Federación Internacional tuvo un enviado de su sitio web, que actualizaba game a game todo el desarrollo de la Copa Federación, desde Novi Sad, en el mismo instante en el que sucedían los hechos.
El estadio contaba con WIFI en todos sus sectores, con claves de acceso distintas y la posibilidad de comunicar hasta desde los sanitarios y vestuarios con una señal firme y segura, que no tuvo un solo corte en todo el desarrollo del evento.
LOS VIEJOS TIEMPOS
Si nos remontamos más atrás en el tiempo, encontramos que la primera transmisión internacional que se realizó desde el exterior hacia el Paraguay de un acontecimiento deportivo, fue con motivo de la copa Rosa Chevalier Boutell del año 1945, que jugaron en Buenos Aires las selecciones de fútbol de Argentina y Paraguay.
Se hacía vía Trans-Radio, a través de transmisores de ondas cortas, que se alquilaban para que, por su intermedio, se levantara la señal por radio, que era captada por aparatos receptores en Asunción y re-transmitidas al aire.
Desde la cancha, por línea microfónica, iba la señal hasta Trans-Radio, sin retorno, sin posibilidad alguna de saber si llegaba o no a destino, salvo al día siguiente, cuando desde el Paraguay llegaba un telegrama que decía: “Llegó bien” o “Lamentablemente, no salió la transmisión”.
Cuando se orillaba la mitad de la centuria pasada, lo descrito representaba un avance singular, atendiendo que en los años veinte y treinta, lo más rápido que se podía conocer el resultado de un partido de fútbol de una selección nacional que jugaba en el exterior, era escuchar alguna radio del lugar donde competía, por estaciones de ondas cortas, no siempre fáciles de sintonizar o bien recibir escuetos cables por telegrafía.
Hasta llegó a haber una función en el teatro nacional, que ofrecía, aparte de la obra que subía a las tablas, informes periódicos recibidos por la vía precisada, indicando las variantes del juego del equipo paraguayo.
Hoy podemos disfrutar de comunicación instantánea, no importa el lugar de donde provenga y por diferentes vías. Por ello, quizá los más privilegiados y favorecidos por el avance tecnológico y el advenimiento de internet, seamos justamente quienes trabajamos en prensa.
Si hay que ponerle a la época que vivimos un apelativo, así como a otras se les denominó Edad Media, Moderna o Contemporánea, como anillo al dedo le viene la identificación de la Era de las Comunicaciones.