20 jul 2026

Mario Benedetti, el escritor de lo cotidiano

Benedetti

Mario Benedetti escribía para el hombre y la mujer de a pie, usando la palabra directa, el ritmo de la calle. Manejaba el lenguaje con honestidad, sin pretensiones y con una agilidad que desarma.

Yesica Vera Zarza

La primera vez que leí a Mario Benedetti todavía estaba en la universidad. Tenía 23 años y sentí que sus palabras, a diferencia de otros autores, eran fáciles de entender como si un amigo me estuviera hablando. Creo que por eso me atrapó.

Encontré en su escritura una forma sensible y sencilla de mirar lo cotidiano para convertirlo en algo trascendente. Hablar de la vida, del amor, la soledad, la nostalgia y de las pequeñas cosas desde un lugar profundamente humano.

Probablemente, parte de su vigencia tenga que ver con esa capacidad de seguir acompañando al lector incluso muchos años después. A 17 años de su partida, Benedetti sigue generando esa misma cercanía. Por eso, en esta ocasión, la invitación es simple: Repasar juntos algunos trazos de su vida y su obra, como quien comparte un café en alguna esquina de Montevideo.

A diferencia de lo que se acostumbra actualmente, Brenno Benedetti y Matilde Farrugia, padres del autor, siguieron sus costumbres italianas y lo bautizaron con cinco nombres familiares: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.

Si bien el autor nació en Paso de los Toros (Tacuarembó) el 14 de setiembre de 1920, Montevideo fue parte fundamental de su historia, donde murió a los 88 años, el 17 de mayo de 2009. Es importante mencionar que la vida de Mario estuvo marcada por la literatura y por el compromiso con el prójimo. Fue un escritor y poeta fundamental de la Generación del 45, además de ser uno de los hijos predilectos de la capital uruguaya.

LA PLUMA DE MARIO

Su obra, cercana y comprometida abordó el amor, la vida cotidiana y la realidad social. Uno de los puntos que caracterizó a Benedetti fue la sensibilidad con la que escribía, siendo el maestro de la palabra cercana y el creador de una sencillez profunda. Él escribía para el hombre y la mujer de a pie, usando la palabra directa, el ritmo de la calle. Manejaba el lenguaje con honestidad, sin pretensiones y con una agilidad que desarma.

Según detalla la Fundación Mario Benedetti publicó más de 80 libros con más de 1.200 ediciones y ha sido traducido a más de 25 lenguas. A los 25 años, Mario publicó su primer libro de poemas La víspera indeleble. Tuvo una primera edición de autor y no volvió a ser reeditado porque con el paso del tiempo, este poemario dejó de ser de su agrado. Un año después, contrajo matrimonio con Luz López Alegre, su gran amor y compañera de vida, a la que conocía desde que eran niños, con quien compartió 60 años de su vida.

A través de obras emblemáticas como La Tregua, Montevideanos, Poemas de la oficina o Literatura Uruguaya Siglo XX, se transformó en uno de los autores uruguayos más reconocidos.

Sin embargo, no siempre vivió de la literatura. Trabajó desde los 14 años en oficios tan diversos como cadete de un comercio de venta de repuestos de autos, administrativo en una inmobiliaria, taquígrafo o empleado público, lo cual posteriormente serviría de inspiración para sus obras.

A inicios de los setenta estuvo a cargo de una cátedra en la Facultad de Humanidades y Ciencias, de la Universidad de la República. El golpe de Estado de 1973 lo obligó al exilio. Primero en Buenos Aires, luego en Lima, en La Habana y en España (Palma de Mallorca y Madrid) fue siempre una voz disidente con el autoritarismo y defensora de los derechos humanos.

Fuera del país, su producción literaria continuó en todos los campos, alcanzando los puntos más altos de su poesía con La casa y el ladrillo, una de sus mejores novelas, Primavera con una esquina rota y su obra teatral más representada, Pedro y el Capitán.

En 1985, con el retorno de la democracia regresó a Uruguay, renovando el mutuo flujo de cariño con sus lectores locales. Fue cofundador del semanario Brecha y acompañó todas las acciones de la sociedad uruguaya para el esclarecimiento de los crímenes de la dictadura

LENGUAJE, LEGADO E IDENTIDAD LITERARIA

Mario hablaba el idioma de la oficina, de la calle, de la gente común. Descubrió que la verdadera belleza estaba en lo cotidiano. Se sentaba en algún café de su entrañable Montevideo para ver a la gente pasar y se imaginaba a cada uno en su mundo, con sus cosas, a su ritmo. En su obra se puede notar que es de los que paraba para mirar el mundo, contemplar la vida y vivirla con los ojos, porque el resto del día lo hacía con los demás sentidos. Para leerlo, no necesitás un diccionario; simplemente necesitás haber amado, haber estado triste o haber extrañado a alguien.

En cuanto a su legado, no está encerrado en las bibliotecas: Está vivo en la cultura popular. Sus poemas se convirtieron en canciones en las voces de artistas como Daniel Viglietti, Joan Manuel Serrat, Nacha Guevara, Soledad Bravo, por citar algunos. Además, se transformaron en grafitis en las paredes de las ciudades y pasaron a ser las cartas de amor que los jóvenes envían desde hace décadas.

La identidad de Mario está marcada por el compromiso y la resiliencia. En muchas ocasiones, se describió a sí mismo como un “optimista incorregible”. Esta profunda actitud vital, ligada a su firme defensa de la utopía y la esperanza, marcó su obra y le ayudó a sobrevivir a sus largos años de exilio político. Leer a Benedetti es como volver a un lugar seguro donde todavía se cree en el ser humano y en la justicia.

“Después de todo la muerte es solo un síntoma de que hubo vida”.

Sus últimos años estuvieron acompañados de reconocimientos internacionales y nacionales. Fiel a sus principios, por testamento dejó creada la fundación que lleva su nombre para que promueva la literatura y los derechos humanos, en especial los esfuerzos para dar con el paradero de los detenidos desaparecidos.

En los últimos años su salud se resintió y fue hospitalizado a menudo hasta que el 17 de mayo de 2009 murió en su casa de Montevideo, a los 88 años. Sus restos descansan junto a los de su esposa, en el Cementerio Central de Montevideo (parte sur, nicho 148), tal y como en vida expresara el mismo Benedetti.

Benedetti con Luz, su esposa Roma

Con Luz, su esposa, en Roma en 1957, con quien Benedetti compartió 60 años de su vida.

“Cuando me entierren, por favor, no se olviden de mi bolígrafo”, reza el haiku número 115 de los 164 que componen el libro Rincón de haikus, publicado en 1999. Y de esta manera, durante su multitudinario funeral y posterior entierro la gente transformó el luto en poesía palpable, con el ruego del escritor. ¿Hay algo más poético que cumplir con el último deseo de una persona?

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