30 abr. 2026

Mala leite con la infancia

Hace casi tres semanas, el embajador paraguayo ante Estados Unidos (en situación de ser retirado), Gustavo Leite, lanzó una serie de declaraciones en una entrevista radial.

En dicha conversación, Leite básicamente prendió el ventilador y salpicó al Gobierno que representa actualmente en el país del Norte.

Las declaraciones del embajador a punto de embalar sus maletas tuvieron amplia repercusión en los medios y motivó tapas de diarios, reacciones, etc. En síntesis, un gran alboroto en el rojo gallinero.

Ahora que en estos días anunció “que dejará el cargo”, dudo mucho que sus antiguos compañeros de bancada lo reciban con una amplia sonrisa, formando un corralito de abrazos entonando “Bienvenido hermano extranjero” o “Porque es un buen compañero”.

Lastimosamente, el guarará que armó en el conventillo politiquero invisibilizó otras declaraciones que afectan más que a un grupo sectario. Estas si apuntan directamente al futuro del país.

“Los niños no están para que el Estado los eduque. Los tiene que educar la familia ¿Por qué tenemos que gastar plata en los niños de las familias? Hay ciertos gastos que para mí son absolutamente superfluos”, había dicho el embajador, que varias veces se ha declarado provida, profamilia y ferviente perseguidor de las organizaciones que no siguen su ideología.

En casi un año que lleva en el cargo en el país del Norte, Leite capaz olvidó o no le interesó mucho leer sobre uno de los convenios internaciones ratificados por el Estado paraguayo: La Convención sobre los Derechos del Niño, el cual tiene un carácter universal.

Acá le damos una ayudita. De nada. Artículo 4 de la Convención de los Derechos del Niño: “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para dar efectividad a los derechos reconocidos en la presente Convención. En lo que respecta a los derechos económicos, sociales y culturales, los Estados Partes adoptarán esas medidas hasta el máximo de los recursos de que dispongan y, cuando sea necesario, dentro del marco de la cooperación internacional”.

Luego en otra entrevista, el senador en camino a ser activo de nuevo amagó con un pedido de disculpas, porque –según dijo– lo que no quiso decir. Pero señaló, además, que hay muchos programas de la niñez que básicamente están al pedo porque nunca llegarán a todos los niños. Por eso sería discriminatorio. (¿?).

“Yo creo que a los niños los tiene que criar la familia como fue siempre. Y hoy, hay toda una teoría que viene de Europa, de las oenegés y demás, que los niños tienen que ir ya al cuidado del Estado y el Estado”.

O sea, que los padres y madres deban de verse obligados a salir a trabajar porque el dinero apenas alcanza para la sobrevivencia y para no dejar a sus hijos con extraños, los llevan a guarderías, es culpa de una las oenegés que son dirigidas por el malévolo Viejo Continente.

No tiene que ver una situación cada vez más paupérrima en cuanto a las condiciones de vida, que vienen agravadas por una crisis creciente. Todo es culpa de la alianza oengeéseuropalgtbiizquierdapókemonlalesiondeDiegoGómez.

También cuestionó que los centros de la primera infancia solo lleguen a una parte de los niños, no a la totalidad. Claro, dejemos de construir escuelas, hospitales, caminos en buenas condiciones, programas sociales, todo esto responsabilidad del Estado porque el beneficio no llegará a todos los habitantes del país.

No es la primera vez que el legislador con permiso muestra una mala leche ¿o leite? hacia las infancias en una declaración.

El año pasado, para rechazar el proyecto de ley que establecía penas para el criadazgo, había argumentado que era una normativa antinatura, anti-Paraguay, anticultura paraguaya. Claro, porque tener a niños en régimen de semiesclavitud es muy patriota. Tarea para su casa, señor: Artículo 54 de la Constitución Nacional. ¡De nada, otra vez!

Más contenido de esta sección