21 abr. 2026

La vida que ocurre mientras trabajamos

Recientemente, tuvimos la visita de Teresa Parodi en Paraguay, una artista completa, no solo por su talento musical, sino por las experiencias que lleva consigo y por su compromiso social a lo largo de toda su trayectoria.

Quienes tuvieron la oportunidad de verla de cerca coincidieron en que se percibe un “aura especial” en esta persona altamente sensible, quien al recorrer lugares donde observó de cerca injusticias y carencias, construyó una mirada profundamente humana que atraviesa su obra y la convierte en algo mucho más grande que una canción.

Desde una mirada psicológica, la fuerza de su obra toca una experiencia humana profunda: La relación con el tiempo y con aquello que se va dejando atrás mientras se avanza, muchas veces empapados de rutina. Es así que al escuchar Pedro Canoero, más allá de la historia de aquel hombre que Teresa conoció ante la imponente belleza del Lago Ypacaraí, se desata una fuerza emocional intensa.

Al leer entre líneas la letra de la canción, hay frases que mueven al oyente más perceptivo: “Pedro Canoero, todo tu tiempo se ha ido sobre la vieja canoa. Lentamente, te lo fue llevando el río. Pedro Canoero, ya no has vuelto por la costa, te quedaste en la canoa como un duende sin edad y sin memoria”.

Palabras que interpelan a pensar en aquella persona que vive en su trabajo y pasa la vida intentando salir adelante, y en todo aquello que queda relegado en el proceso; sueños, afectos, pausas necesarias.

La belleza de las palabras de Teresa se mezcla con la intensidad del dolor y la entrega que observa y recuerda cuánto se posterga mientras uno se dedica con pasión a una vocación o profesión.

Esa emoción se sintió en su visita a Paraguay, en cada interpretación de la canción frente a un público conmovido.

Resultó significativo ver la respuesta de los asistentes a sus presentaciones, jóvenes y adultos, que acudieron tanto al Club Centenario como al homenaje público durante la inauguración de la escultura de Pedro Canoero en la playa Rotonda de San Bernardino.

En tiempos cuando la música folclórica no recibe la difusión mediática de otras épocas, la emoción del público fue evidente, así como el deseo de que este homenaje pueda convertirse en un festival que reúna a paraguayos y argentinos alrededor del chamamé, la polca y la guarania.

Teresa habla del tiempo que pasa sin que se perciba, cómo uno se absorbe en la cotidianeidad, en la entrega y en el esfuerzo por alcanzar metas, a veces sin detenerse a contemplar lo esencial. “Lo esencial es invisible a los ojos”, como diría el zorro al despedirse en El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry.

La vida, en definitiva, también es eso que ocurre mientras se busca llegar a un punto. Ese es uno de los subtextos más potentes de la canción; el que invita a tomar conciencia de lo que se posterga, de lo que se silencia, de los afectos y sueños que quedan en espera, y que tal vez son lo verdaderamente importante. Por eso conmueve.

Casi siempre se perciben lágrimas cuando se interpreta en vivo porque cada oyente reconoce allí una parte de su propia historia.

Pedro Canoero enfrenta al oyente con aquello que ocurre cuando se deja arrastrar por la monotonía, cuando se olvida lo que realmente da propósito a la vida. La canción no habla solo de pérdida.

También hay poesía en ese trayecto, en la pasión con que Pedro asume su oficio de canoero, en la dignidad de su entrega, en la forma de habitar plenamente la propia vocación.

Quizás, ahí reside la grandeza de la obra, en recordar que no solo importa el logro, sino también la vida que transcurre, silenciosa y profunda, en el camino hacia él. Y tal vez, después de escucharla, cada uno se atreva a mirar más atentamente ese “mientras tanto” que tantas veces se olvida vivir.

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