16 feb. 2026

Lydia Tár, entre el poder y la decadencia moral

¿A un artista lo juzgamos por su obra o por sus actos? ¿Los defectos de su carácter se pueden separar de una carrera profesional? ¿Cuáles son los límites del poder? ¿El exilio público es un castigo merecido? Tár es una película que obliga a su público a pensar en estas preguntas.

Todd Field y Cate Blanchett nos presentan una cinta compleja y extraordinaria en un mundo polarizado, retratando a la sociedad actual y exponiendo en la gran pantalla temas incómodos, como las diferencias de género, los abusos laborales y sexuales, el poder y la cultura de la cancelación. Tár ya se encuentra disponible en los cines del país.

La película se centra en la prestigiosa Lydia Tár, una mujer lesbiana que sorteó varios obstáculos para llegar al podio y convertirse en la primera directora titular de la Filarmónica de Berlín.

Al comienzo de la cinta pensamos que se trataría de una biografía que detalla todos los logros que cosechó una mujer abiertamente homosexual, pero a medida que corre la película vemos la progresiva decadencia moral de una artista que se encontraba en el cenit de su carrera profesional.

La trama de este intenso drama sicológico empieza a desnudarse cuando vemos a una célebre Tár a punto de publicar su libro y decidida a alcanzar otro hito en su carrera con la grabación en vivo de la Quinta de Mahler; sin embargo, una terrible acusación empieza a acosarla lentamente hasta sumergirla en un cóctel de emociones abrumadoras y un odio masivo que es incapaz de controlar.

El director Todd Field y su sutileza para abordar temas polémicos

Todd realmente se tomó su tiempo para desarrollar Tár, su tercera película después de Secretos íntimos (2006).

En ella vemos sutiles indirectas dirigidas a personas que gozan de los privilegios del poder y a una sociedad construida por las redes sociales. Todd expuso los viejos vicios patriarcales, una realidad que tranquilamente se puede dar en cualquier ambiente laboral.

Y al crear a una depredadora musical que terminó contaminándose en el mismo lodo de sus pares masculinos, retrató que el poder no tiene género ni orientación sexual: corrompe a todos. Claro, esto no lo podía lograr sin la monumental Cate Blanchett.

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En su historia, puso por primera vez a una mujer al frente de una prestigiosa orquesta, otro sutil guiño de Todd a las cuestiones de género que aún priman en el ambiente de la música clásica, dominado por hombres.

La colosal figura de Cate Blanchett

A Cate Blanchett hay que dar el reconocimiento merecido y no hay mejor oportunidad que su nominación al Oscar en la categoría Mejor Actriz. Para interpretar a su personaje, Cate tomó clases de técnica de batuta, aprendió alemán y a tocar el piano.

En las casi tres horas de película, dio una cátedra magistral de actuación. La razón es que Blanchett supo proyectar a una ególatra y enigmática Lydia Tár hasta su autodestrucción, ahondando en las dinámicas del poder y en sus debilidades.

Con Tár, Cate Blanchett se dirige rumbo a su tercer Oscar.

Con Tár, Cate Blanchett se dirige rumbo a su tercer Oscar.

Cate nos hace sentir dos cosas por Tár: empatía y desprecio. Nos pone a ambos lados de la moneda.

No por nada el director afirmó que sin Cate Blanchett esta película no iba a ver la luz.

¿Por qué ver Tár?

La película ofrece un guion con mucha carga intelectual pero entretenido, invitando al espectador a cuestionarse sobre la relación entre el arte y el artista, el acoso en redes sociales, el sentimiento de culpa y la oscura naturaleza del poder.

La música es una pieza clave en la cinta ambientada en el mundo musical, y toma especial protagonismo a la hora de encaminarnos en los momentos de tensión.

Los silencios dan al espectador la libertad de escoger su propio mar de caos emocional.

La paleta de colores fríos le da ese toque de drama y realidad.

No es una típica película con efectos especiales y acción. Es un drama intenso escrito, producido y dirigido por un experto en emociones humanas.

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