Por Elías Piris | @eliaspiris
Don Luis nos recibe en su sencilla casa asentada en el barrio San Vicente de la ciudad de Asunción.
Este hombre alto y de carácter fuerte no anda con rodeos. Después de un fuerte apretón de manos, invita a tomar asiento en un sofá instalado en la sala que alguna vez hizo las veces de garaje.
Es domingo, la ciudad descansa pero quien fuera elegido chofer del polaco Karol Józef Wojtyla, convertido en el año 1978 en el papa Juan Pablo II, pide que la conversación sea corta porque se encuentra atareado.
"¿Qué quieren que les cuente?”, pregunta apresurado. Contestamos que deseamos conocer las anécdotas de aquella venida que cambió el rumbo político del país. Preguntamos si es cierto el relato que afirma que en medio del camino una rueda del automóvil Peugeot 405 quedó sin aire.
“Eso no es cierto, nada que ver, no llantamos aquella vez”, contesta.
Sobre los pormenores de aquellos viajes en esos tres días que duró la visita papal, Domaniczky rememora que el viaje a la ciudad de Villarrica fue particular ya que el entonces Sumo Pontífice debía trasladarse en avión pero que la espesa neblina impedía un vuelo seguro, por lo que tuvieron que movilizarse en automóvil y el encargado de conducir fue él.
Según el relato del hombre, ese viaje tuvo ribetes particulares, primeramente por la escasa visibilidad en el camino por el fenómeno climático mencionado y por la sorpresiva presencia de vacas cortando la ruta antes de llegar a la capital del departamento del Guairá.
“Había una cantidad impresionante de vacas en el camino e íbamos a 160 kilómetros por hora, no tengo idea cómo pude esquivar a los animales a esa velocidad, fue un milagro del Papa”, cuenta riéndose.
Pero si algo quedó en su memoria de esa jornada fue la cantidad de personas que se agolpaban para ver y saludar al pontífice.
“Era increíble, me daba piel de gallina ver tanta gente humilde con banderas en cada pueblo por el que pasábamos”, reflexiona.
De Juan Pablo II recuerda que era de poco hablar pero que quedó impactado con el paisaje del interior del país. Incluso camino a Villarrica recordó sus días de infancia en la fría Polonia al echar un vistazo afuera.
Tal vez por modestia o por falta de memoria, Luis Domaniczky no sabe precisar cuáles fueron los criterios que se tuvieron en cuenta para ser el chofer oficial del auto papal, lo que sí sabe es que después de aquella histórica visita, su vida nunca más fue igual como tampoco el devenir histórico y político del país.
_ ¿Y qué opina del papa Francisco?
“Pienso que retomó el camino marcado por Juan Pablo II, me sorprende su carisma y su discurso a favor de los más necesitados”.
_ ¿Irá a verlo?
“Por supuesto que sí, soy muy creyente. Lo único malo es que no podré estar cerca de él como estuve con Juan Pablo en 1988...”
