Es bien sabido, mediante los trabajos periodísticos de investigación, que en el Congreso nuestros parlamentarios siguen aferrados a sus privilegios autoconcedidos. Ahora, los senadores han comenzado a usar unos pasillos creados, al parecer, en un intento de no ser confrontados por los periodistas. No se debe olvidar que la Constitución garantiza la libertad de expresión y de prensa.
De acuerdo con una publicación de ÚH, en el Senado crearon pasadizos que permiten evitar a los medios de prensa. La noticia, de alguna manera ya no sorprende, lo cual no implica algún tipo de aprobación de la medida.
En el Parlamento, en la Cámara de Senadores fueron creados en los últimos años accesos especiales, los cuales les permiten a los legisladores evitar tener que encontrarse con los periodistas que cubren el área y responder a sus cuestionamientos.
Según refieren, antes de la pandemia (2020-2023), los periodistas tenían la posibilidad de ingresar sin limitaciones a la sala de sesiones, antes del inicio de la sesión, para hacer entrevistas a los senadores. Sin embargo cuando fueron levantadas las restricciones que se habían establecido por la emergencia del Covid 19, se mantuvo la prohibición para trabajadores de prensa. Y fue también en esa época que se comenzó a pergeñar la habilitación de esta suerte de pasadizos; inicialmente para la protección de los que eran conocidos como intocables, Erico Galeano y Hernán Rivas. Ninguno de ellos está ya hoy en la Cámara. Galeano fue condenado a 13 años de prisión por lavado de dinero y asociación criminal por el caso A Ultranza y se vio obligado a renunciar a su banca; Rivas también renunció por el supuesto caso del título falso de abogado.
Se puede decir también que este periodo parlamentario se ha caracterizado por la resistencia de algunos parlamentarios a brindar declaraciones y, en particular, otros congresistas se han resistido a responder cuando de investigaciones periodísticas se trataba. Según el relato de periodistas del área de cobertura del Senado, el pasillo que conduce a la sala de sesiones desde la presidencia del Congreso habría sido calificado como el “pasillo de terror”, por ser el lugar donde esperan los periodistas para hacer su trabajo.
Es importante que los parlamentarios recuerden que la Constitución Nacional en su artículo 26 prohíbe la censura previa y garantiza la libertad de expresión y de prensa; el artículo 28 por su parte, reconoce el derecho de las personas a recibir información veraz, responsable y ecuánime. Asimismo, deberían tener siempre presente el artículo 29, que garantiza el libre ejercicio del periodismo en cualquiera de sus formas, sin necesidad de autorización previa.
Resulta inaceptable que los representantes del pueblo, quienes han sido electos por este para ejercer el poder en su nombre, precisamente se atribuyan la prerrogativa de no ser cuestionados por sus actos. Precisamente ellos y ellas, los parlamentarios, tienen la obligación de responder ante sus mandantes.
Este periodo parlamentario ha estado –lamentablemente– muy concurrido por escándalos y denuncias. Recordemos que hace un par de años reprogramaron el Presupuesto para inyectar G. 3.500 millones a la deficitaria Caja de Jubilaciones de los Parlamentarios y mantener su jubilación de privilegio. Asimismo, para el periodo 2025 se autoasignaron un aumento de G. 6.000.000, con lo que sus asignaciones pasaron a G. 38.774.840. Eso es mucho más de lo que recibe un obrero cada mes y ni se compara con lo que percibe el trabajador en condiciones de informalidad, quien por lo general trabajará toda su vida en esas condiciones precarias y no llegará a tener una jubilación.
Los senadores al parecer construyeron pasadizos para esconder su vergüenza para que nadie puede confrontarlos por sus decisiones y sus privilegios desmedidos. Entre beneficios excesivos y el derecho autoasignado a ubicar a sus familiares y amigos en la función pública, con salarios exorbitantes, sin concursos ni títulos académicos, a través de las zonas grises de una inútil ley antinepotismo.
Desde el Parlamento deben dejar de abusar de la paciencia de un pueblo que soporta a diario situaciones de precariedad, humillación y frustraciones: En los hospitales públicos, por el empleo precario, en el transporte público, y en la calle, expuesto a la inseguridad.
Crear pasillos para no ser cuestionados por los periodistas es simplemente olvidar que la prensa es el perro guardián de la democracia.