04 feb. 2026

“La vida de Boggiani es un viaje entre las culturas”

El ex embajador italiano e impulsor de la muestra, Gherardo La Francesca, traza un perfil del gran artista e investigador, de su paso por Asunción y el Chaco, profundizando en el aporte que Boggiani representa hoy.

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Portada del Correo Semanal del sábado 9 de agosto de 2014.

Por Antonio V. Pecci | Periodista | Antoniopecci50gmail.com

Asunción es sede de una de las muestras artísticas y antropológicas más importantes de los últimos tiempos. La primera pregunta que uno se hace es: ¿Qué sabemos de Guido Boggiani? Muy poco. El conjunto de la trayectoria y la obra de esta figura excepcional que llegó al país a fines del siglo XIX es impactante y vendría a ser una parte fundamental de la cultura paraguaya moderna. En la Asunción de esos años así lo entendieron los “novecentistas”, quienes le brindaron un espacio para que pudiera trabajar, dar conferencias, editar libros en coautoría y difundir sus trabajos. Pero ya en el siglo XX ese legado quedó en el olvido, poco valorado, y Boggiani fue visto más bien como un aventurero, como una figura exótica, que dejó de lado el carácter iluminador de su obra sobre un tiempo, una geografía y las culturas indígenas del Alto Paraguay.

En Karchabalut

Sin embargo, como nos dice Gherardo La Francesca, “el Cacique de Karchabalut (Puerto 14 de Mayo), me indicó dónde Boggiani estuvo sentado, bajo un árbol, para tomar el fresco. Y me hizo hablar con otros indios chamacocos que todavía recuerdan a Boggiani. Él es todavía muy conocido por ellos, este es un fenómeno interesantísimo; aún después de 120 años”.

Y agrega más: “Efectivamente él vivió con los chamacocos y con los caduveos. Tenemos también el testimonio de un importante etnólogo brasileño, Darcy Ribeiro. Él fue a visitar a los caduveos y tenía en las manos el libro I Caduvei. Lo estaba hojeando, lo estaba leyendo, y de repente escribe: ‘He tenido la impresión de que había una excitación alrededor de mí. Y los indígenas se acercaban. De repente una mujer gritó: ¡Ese, ese libro de Betrra! (que es como conocían a Boggiani)’. Entonces, pensaron que Darcy Ribeiro era el sobrino o el nieto de Boggiani, y él no lo negó porque entendió que era algo que facilitaba el contacto”.

Don Gherardo, un hombre apasionado por la figura del gran artista e investigador compatriota suyo, hizo el recorrido desde el año pasado de los lugares donde estuvo y vivió el autor de I Caduvei, zonas aún hoy de difícil acceso, de condiciones de vida muy precaria. “Imaginemos a fines del 1800, cuando no había ningún interés por las culturas indígenas, cuando estábamos en pleno frenesí de la colonización, cuando todos estaban convencidos de la superioridad de la raza europea; él vivió con esa gente, tomó fotografías, hizo dibujos, con la sensibilidad de una atención artística que es impresionante. Construyó un puente entre culturas completamente diferentes. Imagine que cuando él se encontró con los chamacocos (y que fundó ese Puerto 14 de Mayo), los chamacocos habían conocido al hombre blanco solo cinco años antes; ellos eran todavía desconocidos. Eso es interesante, por eso en el título de la exposición se habla del viaje. Porque su viaje fue físico (de Italia a Buenos Aires, luego a Asunción, luego al Chaco) pero fue también un viaje cultural para construir ligazones que todavía existen, porque Boggiani hoy es una realidad todavía presente. Nosotros encontramos cuadros de él en las casas de los paraguayos, encontramos cosas interesantes en los archivos personales de algunos. Boggiani es una avenida importante de Asunción, el nombre Boggiani lo usa un supermercado, una ferretería. Pero lo que de verdad me interesa es la sensibilidad cultural, esa disposición a crear ligazones. La vida de Boggiani es un viaje entre culturas; la cultura clásica, la cultura de los países de América Latina, la de Paraguay, la de los chamacocos”, señala.

Y apunta al nivel de vida cómodo en su patria que el artista deja atrás. “Lo que Boggiani hizo es heroico, porque él tenía una vida superfácil, tranquila. Él, a los 26 años ya era famoso, era amigo de todos los más importantes artistas de Italia como Gabrielle D’Annunzio. Y partió a Sudamérica sin saber qué estaba buscando, pero movido por una inquietud cultural que es típica de esta época”.

Lo que lleva a pensar en figuras como Paul Gauguin, Rimbaud y otros artistas que dejaron atrás la Europa en que vivían. Recorriendo la trayectoria de Boggiani en esta región, encontramos también una figura poco conocida que realiza una labor similar en cuanto a documentar la vida indígena. Se llamaba Pavel Fric, de origen checo, y tras la muerte del investigador italiano se propuso recorrer todos los sitios y recoger lo que se podía de las pertenencias de Boggiani, ayudando a su preservación en el tiempo.

Muerte en extrañas circunstancias

Un cambio brusco, de los salones cultos a vivir en un medio primitivo casi. “Sí, su estilo de vida había cambiado claramente y él dice: ‘Quién me hubiese visto en este momento, endosando unos simples pantalones y una camisita, tendido sobre la tierra. Difícilmente podría haber reconocido en mí a aquel Boggiani de salón del que se ocupaban los periódicos de Roma en sus revistas de arte’. En otro parte de su diario cuenta que fue agarrado por las mujeres, que querían hacerlo danzar, y él no quería. De repente él dice: ‘Bate el tambor. Mi inexperiencia provocaba la hilaridad de las jóvenes’. Porque él no sabía bailar esas danzas, pero no quería dejar de participar tampoco’”.

Y es inevitable la pregunta de cómo muere Boggiani, en 1901, a los 40 años. “Boggiani fue para su última expedición al Alto Paraguay y tenemos en la exposición un detalle bastante divertido: la lista de provisiones que compró en Bahía Negra. Y lo divertido es que son las mismas cosas que compramos hoy para ir al Chaco (arroz, yerba, fideos, etc.). Y de repente escribe a Oliviero (su hermano): ‘Es mi intención internarme en el territorio posiblemente hasta ver los contrafuertes orientales de Los Andes’. Él quería ir hacia el Norte. En la carta a su hermano él habla de un viaje de varias semanas, pero de verdad pasaron 2 o 3 meses hasta la noticia de su desaparición. La falta de información agitó mucho a la comunidad italiana en Asunción, y el 11 de mayo de 1902, bajo la iniciativa de Antonio Perasso, se creó un comité para financiar su búsqueda, en las cuales estaban los más importantes italianos o paraguayos de origen italiano. Y en julio de 1902, una expedición conducida por José Fernández Cancio salió de Asunción y encontró sus restos mortales tres meses más tarde. Entonces fue una búsqueda bastante difícil, porque si hoy el Chaco es una región poco accesible, imagine lo que era en 1902. Lo encontraron en julio de 1902. En la exposición tenemos una fotografía del mismo Cancio con los restos mortales de Boggiani, así como los encontraron después de tantos meses. Hoy reposan en el Cementerio Italiano”, indica finalmente.

Guido Boggiani y los caduveos (*)

Amante de los viajes y de las diversidades culturales, en 1887 se embarcó para Argentina con la intención de exponer sus cuadros a la intelectualidad bonaerense. En ese ambiente, escuchó extrañas historias sobre el Gran Chaco, sobre el río Paraguay, sobre los indios y su mundo exótico y desconocido. Con este espíritu de curioso aventurero llegó luego hasta Asunción.

Aquí entró en contacto con las élites culturales de la Capital, colaboró con la Revista del Instituto Paraguayo, de la cual también fue director; se adentró en el Chaco repetidas veces, especialmente en el norte entre los chamacocos y los caduveos, de los cuales publicó en Italia, en 1895, el libro I Caduvei: diario di un viaggio in America latina que es justamente lo que el Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (CEADUC) está publicando por primera vez en español.

En 1893 vuelve a Italia con unos buenos materiales artísticos, etnográficos y lingüístico; sus trabajos se publicaron en la Revista del Instituto Paraguayo, en el Boletín del Instituto Geográfico Argentino y en la Società Geografica Italiana.

Volvió a Paraguay en 1896, equipadísimo para hacer trabajos de alta fotografía con todos los instrumentos necesarios para revelar él mismo las placas fotográficas; en este arte obtuvo excelentes resultados dejando un patrimonio etnofotográfico de inestimable valor. Las fotos se publicaron en 1904 en la colección Boggiani de Tipos Indígenas de Sudamérica Central.

* Por José Zanardini. Fragmento de la introducción a la edición en español del libro Los Caduveos: viaje de un artista a la América Latina. Traducción y notas de Eric Courthés. Edición del Ceaduc, próxima a lanzarse.

La parábola del último viaje (*)

Boggiani merodea el enigma del Chaco y sus habitantes seducido fundamentalmente por la belleza. Regresado a Italia luego de su primera visita a Paraguay, prepara los dispositivos para rodear desde diferentes perspectivas aquello que tanto le atrae y que quiere atrapar con empeño. Boggiani goza de gran talento en las artes visuales; de hecho, es el pintor europeo más importante que trabajó en el Paraguay en toda su historia. Su pintura, aprendida en la Academia de Brera, Milán, se enmarca en los postulados del verismo finisecular italiano, pero es posiblemente desde la influencia de Filippo Carcano, de quien fuera discípulo, que se abre a un tratamiento más suelto de la figura paisajística y a un concepto más osado de la luz; una posición que le acerca a la desenvuelta corriente del realismo francés, afluente del impresionismo. El resultado es un paisaje pujante, liberado de toda rigidez académica, capaz de registrar el asombro de colores desconocidos y la potencia, la crudeza, de luces nuevas. Pero la pintura no le basta. En Italia estudia apasionadamente durante tres años antropología, etnografía y técnicas fotográficas. Es una condensación en el tiempo de un aprendizaje acelerado por una causa urgente. Esa pasión, unida a sus aptitudes personales, explica que su talento se haya propagado a los otros campos seleccionados: pronto ya no será solo un magnífico pintor, sino el dibujante diestro de la iconografía caduveo; el lúcido escritor de artículos, conferencias y ensayos, así como el notable fotógrafo de los cuerpos y las miradas locales y del paisaje libre del Chaco.

* Por Ticio Escobar, curador de la muestra. De la introducción al catálogo.

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