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La oposición ante sus demonios

 

Estela Ruíz Díaz Por Estela Ruíz Díaz

El contundente triunfo colorado en las elecciones municipales ha generado un terremoto en las inestables aguas de la oposición, donde recrudeció la disputa caníbal, especialmente en el PLRA, que no logra superar su internismo paralizante. Este es quizá el impacto mas importante que se observa al desaparecer la densa humareda de los comicios.

Los resultados del domingo pasado confirman el comportamiento no solamente del dirigente sino del votante colorado, que demostró una vez más su lealtad más allá de las denuncias de corrupción o la visible ineficacia de sus candidatos. La ANR se alzó con más de 160 municipios, sumando 16 más al 2015. En cuanto a concejalías, mejoró ampliamente los números anteriores, fruto del voto preferencial, que finalmente benefició a los partidos tradicionales y castigó la dispersión de los partidos pequeños que no tuvieron la inteligencia y capacidad aliancista. Asunción es el vivo reflejo de la miopía progresista: No lograron una sola banca, mientras que la ANR logró mayoría propia y solo depende de su unidad granítica para gobernar a su gusto y paladar. El intendente electo, Nenecho Rodríguez, logró un blindaje político para no dar cuentas de la escandalosa y desvergonzada corrupción del dinero destinado a la pandemia.

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Si bien estos comicios ratificaron el bipartidismo, ya que la mayoría fue ganada por colorados y liberales, la tendencia aliancista creció a 37 y tomó nuevo impulso con la reelección de Luis Yd en Encarnación y Miguel Prieto en Ciudad del Este, cuyas figuras crecen con impacto nacional.

El PLRA tuvo un retroceso. Perdió 15 administraciones y quedó con 60 intendencias. Central, un bastión liberal por excelencia, cedió ante la fuerza colorada. De los 19 distritos, quedó con 10 de los 13 que ostentaba en el 2015. La ANR subió a 9.

La izquierda sufrió una debacle lo cual lo descorre de un rol protagónico para imponer posiciones de cara al 2023.

EL DESBLOQUEO. La ley del desbloqueo con voto preferencial nació con la intención de reducir la fuerza de la ANR, pero terminó beneficiando a los republicanos, o sea, muy al contrario a la idea original de quienes impulsaron este mecanismo. El politólogo Marcello Lachi evaluó que en 30 años de democracia “volvemos a una situación de casi bipartidismo perfecto, no solo en Asunción” y que “gracias al desbloqueo, también el voto crítico ha votado por su partido buscando candidatos mejores”. Es decir, aquél colorado que votaba a la lista opositora de la porque rechazaba a quienes encabezaban la lista sábana de su partido, hoy tiene el poder de buscar en su lista partidaria a los mejores y posicionarlos en forma preferente. Así ejerce su voto castigo contra un candidato, ya no contra su partido. Este sistema también beneficia a quienes tienen mayor capacidad económica. No es nueva la compra de votos, pero nunca fue tan obscena la repartija de dinero a cambio de votos y tan inútil la Policía y la Fiscalía electoral para evitar o combatir el delito.

Los colorados se oponen a los cambios, pero cuando éstos se imponen, tienen la plasticidad para adaptarse y ganar en el terreno. Este caso es uno de ellos.

VIOLENCIA. El sicariato y las amenazas mafiosas fueron la característica de la jornada electoral y prende la luz roja sobre el necesario debate institucional para evitar que el país desbarranque y se convierta en un narco Estado. Hace tiempo que el dinero del narcotráfico mancha la política. El patrocinio es de larga data. ¿Se animarán a cortar la sangrienta conexión?

2023. La operación Cicatriz y construcción más exitosa denominada Concordia Colorada se acabó el domingo. Apenas finalizaron los comicios, la interna volvió a su cauce. Horacio Cartes y su candidato Santiago Peña, por un lado, y Hugo Velázquez por otro lado. El vicepresidente inauguró nueva imagen en redes sociales. A diferencia de otros presidentes, esta vez, Mario Abdo Benítez no será el gran elector. Velázquez no quiere ser el caballo del comisario, sino constructor independiente de su candidatura.

En el campo opositor, la situación es más compleja por pantanosa. La derrota en algunos municipios fue aprovechada por los detractores de Efraín Alegre para sacarlo del medio. No es raro que Blas Llano pretenda cortarle la cabeza, pero también cayó en la trampa el líder emergente Norman Harrison, quien fustigó al presidente del PLRA, poniéndose del lado de Llano. Si pretendiera ser el candidato liberal, el peor camino que puede tomar el empresario farmacéutico es la confrontación estéril que hace años paraliza el partido. Incluso si se da una competencia con Alegre por la chapa presidencial, el ganador, si ve más allá, sabe que necesitará reconstruir la unidad para liderar un proyecto aliancista.

Estas municipales demostraron también que la ANR no es imbatible y que la alianza es la palabra clave, como lo demostraron Yd y Prieto. Pero no basta con la suma de movimientos, porque la política no es matemática. Además de enhebrar voluntades, necesita un candidato que conecte con la gente, sienta sus penurias y despierte esperanzas. Carisma y empatía. La billetera no basta cuando el votante busca alternativas.

El país no necesita solamente cambiar el color de su administrador principal (alternancia), sino modificar las profundas estructuras que provocan su ruina económica y moral (alternativa). Esa es la diferencia fundamental entre la ANR y la oposición entendida como suma de voluntades de personas y grupos que tienen un ideal de país.

Los colorados quieren ganar elecciones para seguir haciendo lo mismo. De un opositor se espera que no solamente gane, sino que genere saltos cualitativos en todos los órdenes, dando pelea sin tregua a la monstruosa criatura que ha reducido las instituciones en meras oficinas de cartón para los privilegiados de siempre.

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