En agosto, los precios subieron moderadamente, un 0,1%, lo que parece poco. Pero si sumamos todo el año, ya vamos por un 3,4%, más que el 2,6% del año pasado. Y si miramos los últimos 12 meses, la inflación subió a 4,6%, superando el 4,3% de julio y lo que vimos hace un año. Esto nos dice que la inflación está un poco más alta de lo que se esperaba.
En los detalles vemos que los alimentos siguen subiendo de precios. La carne de vaca subió porque hay menos en el país y mucha gente de afuera quiere comprarla, lo que hace que sea más cara aquí. Y esto también afectó a otras carnes como el pollo, que también subió. Además, los lácteos, los huevos y las frutas y verduras también están más caros, y estos productos tienen peso dentro de la canasta.
Otro problema es que los servicios también están subiendo, como la comida en restaurantes, la salud, el cuidado personal y la diversión. A diferencia de los productos, que pueden bajar de precio si el dólar baja, los servicios una vez que suben, difícilmente retroceden. No obstante, existen también elementos de alivio. El precio del combustible bajó en agosto, lo que ayudó a que la inflación no subiera tanto. Además, como el guaraní está más fuerte frente al dólar, los productos importados como autos, electrodomésticos y computadoras están más baratos, lo que a su vez permite que los precios no suban tanto, según el BCP.
En este contexto, la Tasa de Política Monetaria permanece en 6,0%, dentro de un rango neutral que busca equilibrar el estímulo al crecimiento sin alimentar un mayor repunte de los precios. Pero esto no siempre funciona cuando los precios suben por problemas de producción, como pasa con los alimentos.
¿Qué significa todo esto para fin de año? Si ya vamos por un 3,4% hasta agosto, para llegar al 4,4% tendríamos que lograr que los precios suban un promedio de 0,25% por mes en los últimos cuatro meses. No es imposible, pero se debe tener en cuenta que a fin de año generalmente los precios suben más.
La tendencia apunta más a un cierre ligeramente por encima de la meta, salvo que la caída en combustibles y el tipo de cambio sigan favoreciendo a los precios en los próximos meses. En ese escenario, el BCP probablemente ajuste otra vez su previsión al alza, aunque el desvío sería marginal y no comprometería la estabilidad de mediano plazo.
El reto no es que la inflación se dispare, sino en la dificultad de converger puntualmente a la meta en un año cuando la economía paraguaya muestra señales positivas, con mejoras en servicios, ganadería y manufactura, pero esa misma expansión de la demanda interna alimenta parte de las presiones de precios.
La clave, entonces, será gestionar el cierre del año con prudencia monetaria y evitar que las expectativas inflacionarias sigan creciendo. Si bien el 4,4% puede quedar fuera de alcance, lo central será que el desvío no erosione la credibilidad de la política económica ni opaque el buen momento de crecimiento que vive el país.