12 abr. 2026

Cuando el silencio deja de ser neutral

En momentos históricos marcados por el miedo, la persecución y la deshumanización, mirar hacia otro lado deja de ser neutralidad y se percibe como complicidad.

Lo que sucede hoy en EEUU respecto a la política migratoria –con redadas indiscriminadas, operativos militarizados y un clima de terror que atraviesa comunidades enteras– requiere, más que un análisis político, asumir una posición ética.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), potenciado con especial crudeza durante el gobierno de Donald Trump, se consolida como el rostro visible de una violencia institucional que irrumpe en ciudades con hombres armados y enmascarados, para detener personas por su idioma, color de piel u origen. Las muertes denunciadas durante operativos federales profundizan una herida antigua: La sensación de que cualquiera puede ser el próximo.

Frente a ese escenario, el silencio ya no es una opción neutra, y algunos espacios históricamente ajenos al debate político alzan la voz.

En ese contexto, algunos artistas rompen el silencio: Pines y consignas contra ICE aparecen en alfombras rojas, escenarios y plataformas digitales, aprovechando el alcance global del arte para plantear una postura férrea.

Cuando la frialdad del poder deshumaniza y congela corazones al servicio de intereses desensibilizados, la calidez y la pasión del arte, junto con su responsabilidad social, contribuyen a devolver la centralidad a lo humano.

La reciente 68ª edición de los Premios Grammy es un ejemplo elocuente. Entre el glamour y discursos de agradecimiento, se cuela una verdad incómoda: Duele celebrar cuando otros son perseguidos. El cantante puertorriqueño Bad Bunny lo dijo sin rodeos al recibir uno de los galardones de la noche: “No somos salvajes, no somos animales, no somos extraterrestres. Somos humanos y somos estadounidenses”.

Billie Eilish, al recibir el premio a Canción del Año, aludió a la consigna “nadie es ilegal en una tierra robada”, una frase recurrente en las luchas por los derechos de los migrantes, según recogieron agencias internacionales. Con apenas 24 años, su mensaje no solo interpela al presente, sino que siembra conciencia en generaciones que están formando su mirada sobre el mundo. Otras voces también se sumaron a la denuncia. La cubana Gloria Estefan, una de las pioneras latinas en la industria musical estadounidense, expresó públicamente no reconocerse en el país que la vio crecer y calificó de inhumana la detención de familias y niños en centros de reclusión.

“Soy el producto del coraje”, afirmó a su turno Olivia Dean; “los inmigrantes construyeron este país”, recordó Shaboozey. Desde el jazz latino, Gonzalo Rubalcaba pidió respeto y apoyo para las comunidades trabajadoras, mientras SZA describió el presente como una realidad “distópica”, en la que la celebración convive con la violencia.

El 28 de enero pasado, Bruce Springsteen, desde otro registro y otra generación, eligió responder con Streets of Minneapolis, una canción explícitamente política que reafirma el arte como trinchera frente a la injusticia. En la misma línea, la banda estadounidense Green Day expresó su rechazo a las políticas migratorias al sumarse al denominado US Economic Blackout. El pasado 30 de enero, el grupo anunció el cierre temporal de su tienda oficial en línea en señal de protesta contra ICE, utilizando el impacto simbólico y económico de su marca para visibilizar el desacuerdo con el sistema que persigue y criminaliza.

Cuando quienes gozan de aceptación global toman postura, ya sea desde una canción, un escenario o una decisión económica concreta, como en los casos de Bruce Springsteen o Green Day reencauzan el debate público, corren el velo de la indiferencia y recuerdan que la paz y la armonía no son conceptos abstractos, sino prácticas concretas que comienzan por el reconocimiento del otro como ser humano.

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