En el mundo empresarial nos han repetido, incesantemente, que estamos en un ambiente VUCA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. El “miedo” que causa este escenario genera la demanda por aún más información, empujando a las inversiones en BI-Business Intelligence, al Big Data, y ahora a la inteligencia artificial, hacia una necesidad desesperada de masticar más datos que lleven a identificar claramente la mejor decisión. En el trasfondo está la “cobardía” de decidir, pues al final el ser humano es más emocional que racional. Ello, al preferir procrastinar empantanándose en el mundo intelectual del análisis-parálisis, que decidiendo con información parcial y tirándose al inquietante vacío de la consecuencia.
Un ejemplo es lo que sucedió el día del ataque terrorista del 11 de setiembre. En ese momento ocurría algo totalmente inusitado, que dejaba a todos inmovilizados del susto al confirmarse el segundo avión que impactó en las Torres Gemelas. Paralizados, en el sentido de no decidir. Fue con poca información en medio de una total confusión que Bill Sliney, gerente nacional de operaciones de la Administración Federal de Aviación (FAA), en su primer día de trabajo, tomó él solo la decisión drástica y sin precedentes de dar la orden nacional de aterrizar inmediatamente a todos los más de 4500 aviones civiles que sobrevolaban en el espacio aéreo de los EEUU. A pesar de no tener experiencia previa en crisis de esta magnitud, su rápida actuación fue crucial para evitar mayores riesgos. La hoy histórica y crítica decisión, primera vez en la historia de EEUU, lo tomó un funcionario de bajo nivel gubernamental.
Otro ejemplo es lo que ocurrió en la primera reunión de negociaciones, donde el enviado de EEUU, Steve Witkoff, se encontró con los negociadores de Irán. En ese primer día los iraníes le dijeron orgullosamente “(i) tenemos el derecho inalienable de enriquecer uranio, y (ii) ya tenemos 460 kg de uranio enriquecido al 60%, lo suficiente para construir 11 bombas atómicas”. Witkoff sabía que el proceso de enriquecimiento del 60% al 90% (para que sea utilizable en una bomba atómica) demoraría no más de 10 días. En ese exacto momento se tornó imperiosa la decisión de entrar o no en guerra, era ahora o nunca. Trump decidió solo, sin consultar al Congreso o a las NNUU o a países aliados, lo que ningún presidente americano o de cualquier país del mundo había hecho antes, ir contra un Estado bélico con más de 1.000.000 de efectivos entre militares, policías, resistencia armada, etc. Además del riesgo político extremo, ahora la cuenta es de USD 200.000.000.000 por la reciente solicitud de ampliación presupuestaria al Congreso americano.
En la realidad, los líderes nunca tendrán toda la información para justificar sólidamente una decisión crucial y completamente evitarse ataques y riesgos. En el momento crítico, tomar una decisión a tiempo, incluso imperfecta, siempre es superior a no decidir. No decidir es también tomar una decisión, la de delegar los factores externos, dejar a merced de las circunstancias, la determinación de tu destino. Un vacío de poder siempre es llenado por otros actores, ya que el poder se usa o se pierde. Es elegir mantener el problema abierto con sus costos ocultos. El tiempo no es neutral, cada día que pasa sin acción puede cerrar opciones, incurrir en errores o tornar irrelevantes las oportunidades. El acto de decidir retoma el control, define qué lecciones aprender, y hace avanzar aunque sea corrigiendo. Entre una decisión imperfecta y ninguna, la imperfecta siempre gana.
En nuestra cultura paraguaya prima la costumbre de no confrontar. Y solo se apela a esta actitud después de una gran decisión. Esto, porque las personas del entorno se animan a decir “ya era hora”, “se debió haber hecho antes” cuando lo indignante es que nadie se animaba a decirlo. Tras una gran decisión aparece todo lo que estaba oculto por las circunstancias anteriores, trabajos no concluidos, evidencias de corrupción, medias verdades. La acción genera información real. Las personas y organizaciones que avanzan no son las que siempre aciertan, sino las que deciden con coraje, ajustan y siguen adelante.