No, apreciado lector, esto no será un comentario de aquella celebérrima película de Quentin Tarantino (1994), con las magistrales interpretaciones de los protagonistas John Travolta y Samuel L. Jackson, además de un elenco en el que estaban otros tantos monstruos del cine. El título original es Pulp Fiction, pero por aquí la conocimos en español como Tiempos violentos, y a este título apelo para la opinión en esta ocasión.
Desde el Ministerio de Economía y Finanzas dicen que estamos en una economía de guerra. La alusión belicista no es afortunada a mi parecer, en un momento en el que la paz en el mundo no pasa por sus mejores momentos. Este bien preciado está siendo avasallado por la mayoría de las potencias del planeta. En Paraguay, áreas como salud, educación, obras públicas y seguridad ya se presentan como en momentos de conflicto internacional, escasez de recursos para tales menesteres, deficiencias evidentes y deudas multimillonarias.
Nuestro país cuenta con dos grados de inversión, pero las inversiones requeridas no llegan. Crecemos a uno de los mejores ritmos y ¡ñandeko!, con una inflación envidiable, no obstante estas cifras no se sienten en las calles, en el transporte público, en el bolsillo de la gente. El pasivo gigantesco del Estado golpea puntos sensibles y no hay visos de mejora en el corto plazo, mientras existen personas que están literalmente muriendo por la situación (por eso lo de “economía de guerra”, no es casual). El padre de la estabilidad macroeconómica, Dionisio Borda, lo apuntó lúcidamente ayer: “No podemos ser tan sueltos en decir que le va a llegar a la gente. El año pasado creció 5,9% (el PIB) y, sin embargo, un segmento grande de la gente se quejaba porque no tenía circulante, no tenía dinero. Entonces, ese crecimiento está muy concentrado en las capas altas o de ingresos altos”.
La intención es seguir presionando a los que menos tienen. En este apartado es importante repetir lo que dijo el economista Luis Rojas también ayer en Última Hora: “Que el Estado cobre más impuestos a los sectores que más ingresos tienen, a los que más ganan, los tabacaleros, los agroexportadores, los frigoríficos. Hay sectores en los que hay que subir los impuestos, el Estado necesita porque nuestra infraestructura vial es deficiente, nuestra infraestructura de alcantarillado es deficiente, nuestra infraestructura eléctrica es deficiente”. Luego, advirtió que “la economía de guerra va a impactar en la gente, será menos gasto público, más ajustes, más achicamiento”. “Es una política recesiva que induce a la menor inversión pública, es un elemento recesivo que no genera más fuentes de trabajo”. Las palabras que elegimos pueden no ser las ideales. No queremos una conflagración, sino soluciones. Agredir a los demás y más sin haber agotado otras herramientas, no trae los mejores resultados. Que lo digan los países que atacaron primero en Oriente Medio y en Ucrania y sus consecuencias que tenemos que pagarlas todos en este mundo hiperconectado, que sigue dependiendo de energías no renovables, acaso por egoístas, inescrupulosos o sedientos solamente de más poder. El proteccionismo no es la alternativa preferible. Hay que seguir apostando al multilateralismo. La cooperación es fundamental para garantizar el desarrollo más allá del simple crecimiento. Las fórmulas están, aunque tendrán que ir adaptándose constantemente.
Violentos tiempos que tenemos por sortear son los actuales. Vemos esa crueldad en las calles, en las escuelas, colegios y universidades. No están exentos los hospitales o centros de salud, donde no encontramos medicamentos o la atención es insensible. El tránsito es una jungla tantas veces, con la ley del más fuerte imperando, con la falta de amabilidad en el transporte público (donde sectores vulnerables tienen que viajar, por ejemplo, de pie o en estriberas durante horas). Sin embargo, a pesar de esta realidad, hay quienes están haciendo el esfuerzo por un mundo mejor. Para ellos, fuerza más que nunca.