12 abr. 2026

“La niñez y adolescencia son un sector invisibilizado”

La ex camarista lanzó el libro Infancia Revelada. Historia, sociedad y reconocimiento. Habla de los niños y adolescentes. Pide una política que actúe en las comunidades para evitar que el crimen organizado reclute soldados. Alerta sobre el peligro que implica no tomar medidas.

Andrea Vera Es doctora en Derecho Penal

Andrea Vera Es doctora en Derecho Penal, ex magistrada y especialista en Justicia Penal. Fue camarista penal y participó en procesos de fortalecimiento del sistema judicial en el Paraguay. Su trabajo se centra en la relación entre derecho, políticas públicas y realidad social, con foco en infancia y justicia juvenil.

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@Raulramirezpy

La ex camarista Andrea Vera Aldana dice que los niños y adolescentes son un sector invisibilizado. Critica que se eleven las penas y alerta sobre que los menores son reclutados por el crimen organizado en los barrios marginales. Reclama mayor acción del Estado.

–¿Por qué dice que la niñez y adolescencia son un sector invisibilizado?

–Son un sector históricamente invisibilizado porque no es productivo. Los niños, a comienzos de la era industrial, empiezan a tener protagonismo social porque antes eran vendidos como pajes, como criados. Empiezan a tener un valor de mercado y, como requería un mayor tecnicismo, necesitaron alfabetizarse. Ahí surgen las escuelas públicas y donde la historia se construye a partir de la pedagogía. O sea, no hay una visibilidad histórica de ellos. No eran vistos hasta que llegaban a ser adultos. Por eso se llamaban menores. Porque eran seres menores, inferiores al adulto. Son tenidos como objetos fuera de la sociedad hasta tanto no han producido o no tengan algún impacto al no ser útiles.

–¿Qué pasa después?

–De ahí es que se plasman las luchas sociales, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial cuando hay muchos huérfanos. Aparece un movimiento, Los Salvadores de los Niños en los Estados Unidos, creado por personas de clase alta, que sostenían la teoría de que era mejor prevenir que curar. Trabajaban con mendigos y huérfanos. Crearon orfanatos donde iban niños sin padres y reformatorios para los que cometían alguna ofensa. Y ahí viene el primer tribunal de Illinois que separa las ofensas (offence) de aquellos actos relacionados con la mendicidad generalmente de derivada de los huérfanos. En Latinoamérica tuvimos la Declaración del Niño que fue la primera donde todavía el menor era objeto de protección, cuidado y represión por el Estado. Por eso había la doctrina tutelar. Veía al niño a partir de la escuela, la iglesia, de un control social, porque le marcaban lo que estaba bien y mal y cómo tenía que ser ese niño. Estaba bajo un control social muy marcado y también justificaban el castigo físico para que ese niño sea adecuado a las pautas que el adulto consideraba necesarias; o sea, que habían que enderezar. Nuestra cultura sigue así, represiva. Aún los niños son castigados, maltratados, abusados, abandonados e invisibilizados.

–¿Esas son las fallas que ve en el sistema?

–Esas son las fallas que veo en la sociedad, no solo en el sistema. Nosotros, como sociedad, no vemos a los niños. Por ejemplo, en lo penal, donde se da el control socio-penal, donde intervienen las leyes y donde se pasa a otro modelo. Paraguay adopta otro modelo a partir de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y, con eso, se incorporan otros elementos, sobre todo principios. Se tiene al niño como sujeto de derechos. A ser oído, a una vida digna y de mejor calidad, a la no discriminación. Por eso se habla de un sistema penal juvenil, porque la adolescencia cada vez es más tardía. Se empieza más temprano, pero termina entre los 25 y 30. Por una cuestión que tiene que ver con el desarrollo de la corteza prefrontal. ¿Por qué es tan grave cuando un adolescente comete un hecho a los 17, 16 y le condenan a 4 o 5 años? Va a un centro penal de adultos y eso le marca por el resto de su vida. Porque su tratamiento es distinto. Tiene un antecedente penal. Está marcado de por vida. Ese sujeto difícilmente pueda reinsertarse socialmente.

–¿Qué piensa del aumento de penas a adolescentes?

–Es absurdo. Porque el aumento de las medidas privativas de libertad no va a solucionar el problema de fondo, que es la falta de políticas comunitarias. Es decir, no hay intervención en los territorios sociales. ¿Qué hacen los niños en la plaza del barrio? ¿Qué actividades hay? ¿Hay teatro? ¿Hay alguna actividad artística? ¿Juegan vóley? ¿Qué hacen los niños? ¿Qué opciones tienen los niños en los barrios? Sobre todo los barrios vulnerables, ¿tienen espacio? El nivel de violencia que viven en sus casas, de abuso. Forman parte de las redes de venta de drogas. Son captados por el crimen organizado porque no hay control en los territorios, no hay Estado. No te hablo del Estado como ficción. Te hablo de los municipios. En Montevideo, los municipios se dividen por letras, A, B, C, D, E, F. Porque cada uno, a su vez, tiene un alcalde para poder trabajar ahí. Según el barrio se hace cierto tipo de actividad que permita el esparcimiento de la gente, de los niños. Si hay muchos niños, porque se censa, se buscan qué cosas pueden hacer ellos. Nosotros no tenemos eso. Entonces, eso aumenta la violencia y genera que el adolescente ingresa por déficit de socialización. ¿Qué quiere decir? Que tuvo un problema en la primera infancia grave. Le llamamos trauma, pero es una incapacidad que tienen de poder adaptarse a la sociedad por algún hecho traumático, que efectivamente vivió, que no le permite incorporarse a la sociedad porque si vive un contexto violento, va a desarrollar violencia, porque eso es lo que vive. Entonces, el argumento de la medida privada en qué te va a ayudar si el centro educativo es un centro de encierro.

–La lógica de protección reproduce prácticas punitivas, ¿a qué te referís con eso?

–La lógica tiene que ser proteger previniendo las causas que pueden llevar a la adolescente a cometer hechos punibles. ¿Cuáles son? Todas las que te mencioné ¿Cómo se puede hacer eso? Trabajando en los territorios y tiene que haber presencia de seguridad pública, de la Secretaría de Cultura, de la Mujer. Pero presencia real, con acciones reales. No es alto el presupuesto para eso. Es cuestión de ingeniería política, de poder incidir allí. No es crear centros de recogida y acogida. No crear cosas fuera de los territorios donde los niños tienen que ir y después vuelven a su realidad, que es un desastre. El problema es que la mala junta está en su comunidad y vos lo que tenés que lograr es desvincularle de ella. Entonces, ¿por qué punitivo? Porque todo el mundo cree, ilusoriamente, que el castigo va a generar una mejor persona. Creemos que castigándole a nuestros niños van a aprender la lección y no es cierto. Hay enojo que produce una represión interna de no volver a cometer eso, no porque entendieron la lección, sino porque fueron golpeados. Lo mismo pasa en un sistema penal. Si le llevás preso a un adolescente, ¿qué es lo que va a aprender? Si no hay programas reales que le permitan una reeducación. Incorporar nuevas pautas que le lleven a vivir una vida adulta diferente y, además, que tengan otras oportunidades en la vida, que no sean delinquir. ¿Qué posibilidad lo que le da? Ninguna.

–¿Y qué hacer?

–Para entenderlo tenemos que entender la sociedad en la que vivimos. Y los niños en nuestro país son muchísimos, sobre todo en barrios marginales donde mayor presencia tiene el crimen organizado. Ahí tienen muchísimos soldados disponibles porque les dan pertenencia, sentido de comunidad, de pertenecer a algo, a alguien, tener ingreso, a ser importante para alguien. ¿Qué quiere el adolescente? Adolece su condición de ser. Quiere ser alguien en la vida. Y nosotros, ¿qué es lo que le damos a ese adolescente como posibilidad para que sea alguien? No existe en este momento nada que lo lleve a algo positivo. Eso es caldo de cultivo para todo lo que está pasando hoy en los bañados.

–¿Cuál sería la solución?

–Se puede ir interviniendo, ir trabajando uno a uno. Cortando la incidencia de los grupos en las comunidades. Pero eso requiere una verdadera intervención. Y el problema es que –te lo digo por experiencia porque trabajé tres años y medio en Honduras– si vos no tomás medidas a tiempo, que es lo que más me preocupa, esto aumenta. Y lo vi en Centroamérica. Entonces, ¿qué pasa? Los niños de 8, 9 años viven con armas. Son los que controlan el ingreso a los barrios. Con armas de grueso calibre. Si nosotros no intervenimos van a tener armas de grueso calibre. Un adolescente entre 16 y 17 años está cometiendo un homicidio por encargo. Maneja un arma, sabe disparar, lo que quiere decir que alguien le enseña. Implica un entrenamiento, disciplina. Implica miles de cosas. Implica pertenencia. No tienen que robar. Después de la pandemia los hechos punibles comunes de los adolescentes robo, hurto, robo agravado, hurto agravado, disminuyeron. Porque el crimen organizado tiene reglas específicas. No pueden cometer hechos punibles comunes. No se pueden drogar. Tienen que cumplir ciertos estándares y cumplir ciertas cuestiones para ascender, matar a alguien. Si nosotros hacemos que no vemos nada, que no está pasando nada y no empezamos a intervenir en los territorios, esto ni con 25 años de cárcel no se soluciona, ni con el sistema de Bukele.

  • Es absurdo. El aumento de las medidas privativas de libertad no va a solucionar el problema de fondo que es la falta políticas comunitarias.
  • Si nosotros no intervenimos van a tener armas de grueso calibre. Un adolescente de 16 y 17 años está cometiendo un homicidio por encargo.
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