Arte y Espectáculos

La historia de cómo el arpa se volvió paraguaya

La "paraguayización" de este añoso instrumento fue lenta. Sepa quiénes la introdujeron a nuestro territorio, cuáles son sus peculiaridades y quiénes sus máximos cultores. Mañana se celebra su día.

Las Sagradas Escrituras hablan de que el arpa ya era ejecutada por el rey David. Sus inicios datan de miles de años y desde su origen sus formas fueron variadas.

En el pasado existían dos tipos de arpa: la angular, originaria de Egipto, y el arpa arqueada de combada, del África. La mayoría de sus ejecutantes eran mujeres.

A través de la literatura se sabe que esos instrumentos tenían veintidós cuerdas y que durante el año 600 se tentó perfeccionarla. Tras varios y largos procesos en Europa, y muy especialmente en Irlanda, Alemania e Italia su resonancia, cordaje y su mecanismo sufrieron algunos cambios.

Se cree que este instrumento llegó al continente americano con la Conquista española. Las crónicas recuerdan que, entre los que acompañaban a Sebastián Gaboto en su viaje al Río de la Plata, en 1526, arribó un tañedor de arpa llamado Martín Niño.

Las cuerdas tomaron carta de ciudadanía en América, y en México, Perú, Venezuela, Chile y Argentina al arpa se la utiliza principalmente para acompañamientos melódicos y no como solista.

ARPA PARAGUAYA. Fue en la tierra guaraní que el arpa impresionó al mestizo mediante las enseñanzas recibidas en las misiones jesuíticas y franciscanas. Simple en su construcción en manos de los indígenas, el arpa clásica comenzó a sufrir trasformaciones. El arpa paraguaya nació de la fusión de las civilizaciones de España y la indígena.

La evolución del arpa clásica no afectó a la paraguaya, y un ejemplo es la no adaptación de los pedales y clavijeros mecánicos que facultaban a la clásica para modular en diversas tonalidades.

Aunque resulta con ciertas posibilidades abreviadas, al no poseer la escala cromática originada por esos cambios, se beneficia en la sonoridad, claridad y consistencia. Sus cultores, a pesar de su afinación diatónica, realizan su aprendizaje de manera oral de generación en generación, y utilizan las uñas en lugar de las yemas de los dedos (como se ejecuta en la clásica).

EVOLUCIÓN. El arpa paraguaya tuvo una rápida evolución. Las que se recuerdan de principios de 1900 eran construidas con maderas comunes, de 28 o 32 cuerdas. Al principio, eran de tripas de animales, pero luego se reemplazaron por las de nailon.

En uno de los lados de la cabecera estaba el espacio para las cuerdas, y con el tiempo se lo tapó y las cuerdas quedaron en el medio, al igual que las clavijas que se ajustan para afinar el instrumento.

Fue Félix Pérez Cardozo, considerado uno de los más grandes ejecutantes y compositores del arpa paraguaya, el que le agregó cuatro notas bajas más al instrumento (es decir, cuerdas), de las 32 que tenía. para ejecutar el "Pájaro campana".

Las 36 cuerdas se hicieron famosas y eran las únicas utilizadas, hasta que el arpista y luthier Papi Galán introdujo 7 notas agudas más, y creó la de 43 cuerdas, que muchos ya la utilizan y es comercializada en mayor cantidad en el Japón, donde existen por lo menos 7.000 cultores del arpa paraguaya.

Las diferencias

Varias son las diferencias entre el arpa clásica y la paraguaya, y cada una tiene una característica especial. El arpa clásica cuenta con 47 cuerdas y su mástil es de hierro. Pesa más o menos 30 kilogramos y es más grande que cualquier otro tipo de arpa. El arpa paraguaya es más liviana, pesa entre 5 a 8 kilos, tiene 36 cuerdas y es totalmente de madera.

En honor de Pérez Cardozo

En el año 1997, por pedido del entonces Ministerio de Educación y Culto, el presidente Juan Carlos Wasmosy decretó que el 9 de junio de cada año sería festejado como el Día del Arpa Paraguaya, en recordación al aniversario de fallecimiento de Félix Pérez Cardozo.

El músico quedó en la historia del arpa paraguaya por los cambios que introdujo en la construcción del instrumento, y por haber compuesto temas que forman parte del repertorio popular como "Llegada", "Tren lechero", "Ángela Rosa", "El sueño de Angelita", "Mi despedida" y "María Elsa", entre otros.

Además, este instrumento tuvo brillantes cultores antes de Félix Pérez, como José del Rosario Diarte, Conché Ramírez, Tani Bordón y Pedro Rojas. Tiempo después surgieron Luis Bordón, Papi Galán, César Cataldo y muchos más.

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