12 abr. 2026

La génesis de la guarania

En la terraza del Hotel Cosmos, en enero de 1925, se interpretaba Jejuí, la primera obra creada por José Asunción Flores, dando nacimiento a un nuevo género.

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Portada del Correo Semanal del diario Última Hora, publicado el sábado 31 de enero de 2015.

Por Antonio V. Pecci | Periodista y escritor | antoniopecci50@gmail.com

En un registro que ha quedado para la historia de nuestra música, la biógrafa principal del gran músico, Sara Chaves de Talía, recogía de los labios de Flores lo que fue la noche en que confió a tres músicos europeos la interpretación de su primera obra, que la denominó Jejuí, solo instrumental.

En una calurosa noche de enero 1925 en la terraza del citado establecimiento, actual Asunción Palace Hotel, sobre Colón casi Estrella, las mesas estaban repletas de gente que charlaba, bebía cerveza y whisky. Los músicos encargados de animar la noche eran Alfred Kamprad, violinista destacado; Alfred Brand, pianista; y Erik Piezunka, cellista. Dicha terraza se extendía sobre la calle Colón hacia Gral. Díaz, que luego de modificaciones desaparecería con los años para quedar el hotel tal cual lo apreciamos hoy. Fue la residencia de Venancio López.

Esta labor de registro de los diálogos con el músico se inicia “hacia 1950", indica Sara Talía en el prólogo a su libro José Asunción Flores. Génesis y verdad sobre la guarania y su creador, y que sería publicado en Buenos Aires en setiembre de 1976, tras la muerte del destacado compositor en 1972. Señalaría en el prólogo: “Toda la obra está basada en las conversaciones que sosteníamos mi marido y yo con Flores luego de una cena que terminaba siempre con un buen mate cocido. Su conversación era florida y profunda, sus frases directas, a veces, descarnadas. Oírle relatar constituía un placer único (...) Durante años fuimos anotando pacientemente estas charlas ilustrativas y orientadoras (...) Gran parte de estas anotaciones se refieren al origen de la guarania”.

Sara Chaves y Santiago Talía eran educadores, que luego de la revolución del 47 debieron ir al exilio, radicándose en la capital porteña donde construyeron una casa, que al decir de la escritora Raquel Chaves, sobrina de la citada educadora, fue “amparo y reparo” para los compatriotas que iban siendo arrojados al injusto destierro.

Un estilo nuevo

Entre los comensales de aquella noche se hallaba el Dr. Eligio Ayala, a la sazón Presidente de la República, quien ocupaba una mesa con unos amigos. Luego la orquesta comenzó la ejecución de Jejuí. “Diríase que aquella música ejercía una atracción irrestible sobre la gente. Algunas mujeres tenían los ojos húmedos de la emoción”, señala la biógrafa siguiendo el relato de Flores, presente en dicha ocasión.

“Los virtuosos no cabían en sí. Era tal la fluidez con que aparecían los acentos y coloridos de la composición.

–Qué novedoso estilo –dijo Brand.

–¡Estupendo! –se dijo Kamprad. Y Piezunka no dejaba de mover la cabeza como si hiciese una reverencia. El público aplaudía a más no poder.

Luego, el Dr. Eligio Ayala diría: ‘Nunca he oído esta música. Es algo nuevo, sin embargo, parece conocida. ¿Quién es el autor?”.

No hubo respuesta.

Entonces, se levantó y dirigiéndose hacia el proscenio: ‘Disculpen, por favor, ¿quién compuso eso?’.

–Uno de los músicos de la Banda de Policía –le respondió Brand. Se llama José Asunción Flores, un muchacho talentoso.

–Hay que felicitarle. Es la obra de un gran artista.

–De estilo y originalidad excepcionales –acotó Kamprad.

El Dr. Ayala pidió bis para deleite de todos. Volviéndose a los amigos expresó en voz baja: ‘Se trata de un compositor llamado José Asunción Flores. Es uno de los músicos de nuestra Banda de Policía’”.

Eligio Ayala era uno de los pocos políticos cultos de la época realmente. Escapando de la violencia política viajó a Europa, donde se abocó al estudio en materias como filosofía, estética, economía y filosofía del derecho, en Alemania y Suiza.

Luego de la interpretación de la orquesta, el Dr. Ayala afirmaría: “Acaba de nacer la verdadera música paraguaya. Dios reserva a cada uno lo que ha de ser. Es el caso de este músico”.

Unos días después, según Sara Talía, se llevaría a cabo un banquete oficial en el Gran Hotel del Paraguay en honor del presidente Eligio Ayala. A pedido de él se incluyó Jejuí en el programa. Flores tenía 20 años.

La importancia de este relato radica en proveernos de una fecha en que se da la aparición de este nuevo género musical, en un registro que ha sido validado por músicos destacados, amigos de Flores y otros biógrafos.

Este hecho se vio reforzado por el hallazgo, por parte de Mauricio Cardozo Ocampo, de un fragmento de la citada pieza, cuya partitura completa desapareció. Flores daba así un paso importante luego de dos años de trabajo para crear una forma de expresión musical, que expresara la rica herencia de la música ritual indígena y, por otra parte, de la cultura mestiza enfocada en la lucha y la historia del pueblo paraguayo. Lo que en su opinión no podía ser expresada por la polca ni la galopa.

Pronto aparecerían Arribeño resay, con letra de Rigoberto Fontao Meza; Ñasaindýpe, con versos de Félix Fernández, que ganarían el aplauso del público en recordados recitales del entonces Teatro Nacional, verificándose el extraño fenómeno de que un género musical nuevo era aceptado masivamente; y su creador, saludado como un innovador. La búsqueda de una identidad musical para el Paraguay se había logrado.

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