La crisis de la basura se hace visible en las calles, donde se van acumulando las bolsas que no han sido retiradas, pero tiene sin embargo su epicentro en los talleres de Aseo Urbano por el deplorable estado de los camiones. La realidad es que, de los tributos de los asuncenos (USD 53 millones por servicios de limpieza, recolección y conservación de pavimento), las administraciones de Óscar Nenecho Rodríguez y Luis Bello destinaron apenas un 25% de esos ingresos, a limpieza, mantenimiento, pavimentación y otros servicios.
Esta no es la primera crisis de la basura que vive la capital del país, y como bien sabemos, cuando el servicio de recolección no funciona con eficiencia se plantean problemas a nivel ambiental y de salud pública.
Una publicación de este diario en noviembre de 2025 reseñaba que en Aseo Urbano de la Municipalidad de Asunción, 7 camiones recolectores presentaban problemas de embrague, caja, toma de fuerza, y otros. En el caso de la pieza “toma de fuerza”, el dispositivo que acciona la bomba hidráulica para compactar la basura. Su función es ayudar a comprimir los residuos y reducir su volumen, lo que hace que un solo camión transporte entre 8.000 y 12.000 kilos. Un toma de fuerza cuesta G. 8 millones y sin esta la efectividad del sistema de recolección se resiente; un camión menos recolectando implican 2.000 casas menos donde no se retiró la basura, aproximadamente.
Desde entonces, poco ha cambiado. A raíz de la destitución del jefe de la Unidad de Recolección, los obreros habían realizado una protesta recientemente y dieron a conocer algunos datos: No funcionan la mayoría de los camiones, hay prácticamente entre 7 y 8 camiones sin funcionar, mientras que los que sí funcionan, se encuentran en muy malas condiciones. También se abre el debate entre lo que más conviene para resolver el problema, comprar camiones o alquilar el servicio. Al final, la respuesta ante las dudas es mejorar la gestión y, sobre todo, la transparencia.
La actual crisis costó no solo la destitución del director de Servicios Urbanos, sino que vino acompañado de un gesto absurdo, innecesario y populista de parte del intendente de Asunción, cuando convocó a los 9.000 funcionarios de la Comuna a salir a limpiar las calles durante un fin de semana. Claramente, el problema no se resolvió y los ciudadanos siguen reclamando.
Las quejas, sin duda, están bien fundamentadas. En 2025, los contribuyentes tributaron en total G. 342.240.303.507 (USD 53 millones) por servicios de limpieza, recolección y conservación de pavimento. Sin embargo, las administraciones de Óscar Nenecho Rodríguez y Luis Bello destinaron apenas G. 85.601.554.225 (USD 13 millones), es decir, un 25% de esos ingresos, a limpieza, mantenimiento, pavimentación y otros servicios. Como se ve, la retribución no solamente es ínfima sino también terriblemente insuficiente.
Más datos publicados en este diario señalan que la Municipalidad de Asunción utilizó en 2025 cerca de una cuarta parte de lo recaudado por estas tasas y contribuciones especiales para el fin declarado; en tanto que para sueldos de sus 9 mil funcionarios, gastó G. 728.000 millones, casi el 70% de los G. 1.052.420.490.404 que recaudó hasta diciembre del año pasado. (ÚH Abril 13, 2026)
Es hora de preguntar e informarse, pues la clave de toda gestión que pretenda ser eficiente es la transparencia.
Como ejemplo se puede mencionar que el Municipio de Asunción cobra un tributo por el servicio de mantenimiento del desagüe pluvial, pero como sabemos, la capital tiene una muy baja cobertura de este servicio. A la vista están varias obras de desagüe en barrios que iniciaron, pero que han quedado sin terminar, causando graves perjuicios a los vecinos.
Los raudales, la basura, los baches, las horas perdidas en el caos del tránsito o aguardando el transporte público muestran a una ciudad que creció sin planificación por la responsabilidad de administraciones municipales que no han puesto el interés del ciudadano en primer lugar.
Asunción es, lamentablemente, una ciudad muy mal gestionada, que presenta un triste aspecto de abandono. Sus pobladores, merecen gozar de calidad de vida.