03 may. 2026

No dejar que avance el microtráfico en Asunción y el área metropolitana

Una noticia inquietante: en 68 barrios de Asunción se ha notado la presencia de estupefacientes. Según el mapa elaborado por la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), se evidencia el avance de la comercialización de estupefacientes en todos los barrios de Asunción, donde 14 son calificados con una concentración de “muy alta” de comercialización de estupefacientes.

El avance de la comercialización de estupefacientes en todos los barrios de Asunción es preocupante. Según un mapa trazado por la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), en la capital del país no existe un barrio que se salve de la crisis que está afectando a casi todos los hogares.

En el mapa aparecen los barrios Santa Ana, Republicano, Bañado Sur, Roberto L. Petit, Tacumbú, Silvio Pettirossi, Obrero, Sajonia, Itá Enramada, Itá Pytã Punta, Ricardo Brugada (Chacarita), Tablada Nueva, Botánico, Zeballos Cué y Loma Pytã, categorizados con una concentración “muy alta” de comercialización de drogas.

En el mapeo de zonas rojas del microtráfico también resalta que cuarenta barrios asuncenos son catalogados de “alta”, mientras que once barrios tienen la calificación de “mediana”; por lo tanto, no queda un solo barrio liberado.

Lamentablemente, la problemática del microtráfico no se limita a Asunción, sino que se extiende a ciudades del Departamento Central con una calificación “muy alta”, que incluye a Luque, Capiatá, Ñemby, Villa Elisa y Lambaré.

“Vemos muchísima reincidencia en el ámbito del microtráfico que tiene una dinámica particular: vos desarticulás un punto y van surgiendo nuevos intentos de reinstalar esa actividad dentro de ese mismo entorno familiar que fue desmantelado porque ya hay una clientela, ya hay una dinámica”, explicó Francisco Ayala, jefe de Comunicaciones de la Senad.

Este tema es sumamente complejo, y usualmente donde el microtráfico se instala, lo ven como una actividad cotidiana donde se debe entender que ya no se trata solo de intervenir sobre el responsable y detenerlo, sino que incide además sobre la lógica de la familia, que la ve como una actividad rentable e inofensiva.

A nivel social, hace más daño un ama de casa que vende piedritas de crac a niños y adolescentes, que aquel que comercia toneladas de cocaína; sin duda, la ganancia de las toneladas es mayor, pero el daño social que causa la venta del crack se ubica en otro nivel, explicaba el experto en seguridad José María Amarilla.

Añade que no es un problema de oferta, sino un tema sistémico que involucra la frustración social, la falta de oportunidades y el mal uso del tiempo libre –ante la escasa oferta contra el ocio para los jóvenes–, lo que a su vez deriva en una masificación de la demanda. Esa masificación implica un crecimiento del consumo interno, especialmente entre jóvenes que consumen drogas sintéticas y cocaína base, conocida popularmente como chespi o crac.

Para iniciarse, dice Amarilla, “la barrera de entrada es baja, no se requiere capital alto para empezar”, incluso, comenta, lo hacen a “consignación”, y tampoco requiere una logística compleja.

Finalmente menciona el elemento de la corrupción policial y fiscal, y apunta a “un sistema judicial venal y cárceles porosas que funcionan como oficinas narco, custodiadas por el Estado”.

Ya es imposible ocultar que la problemática del consumo de drogas en nuestro país ha ido adquiriendo características alarmantes. Esa situación no solamente se agrava, sino que comienza a presionar sobre la salud pública y sus diversos servicios. Recordemos que el Centro Nacional de Prevención y Tratamiento de Adicciones cuenta con 45 camas, las cuales no abastecen la demanda de los pacientes en espera, y quienes necesitan el servicio deben esperar como mínimo tres meses.

Además de mayor efectividad en el combate del tráfico, es urgente que el Gobierno cree oportunidades para los jóvenes, porque sin salud y educación pública de calidad, sin recreación ni empleo digno, sin más opciones, la droga será la única respuesta para miles de jóvenes paraguayos.

Crear esas oportunidades es una obligación de las autoridades.

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