EFE
En una entrevista Sapia revela que el objetivo de sus pinturas es reflejar la “enorme cantidad de cambios” que atraviesa Argentina y, en concreto, Buenos Aires, donde masas “enormes” de gente ocupan el espacio público mientras establecen relaciones “insignificantes” a través de las redes sociales.
El artista cree que “el velo de la realidad” se va a “desgarrar” fácilmente, una sensación que intenta transmitir en su cuadro “Escenas de la vida tumultuosa”, donde recurre a todo aquello que pueda contribuir a incomodar y estresar al público.
Caballos, delincuentes con pistolas, carritos de la compra llenos de gente, personas corriendo con plantas, electrodomésticos y cuadros... Todo ello aparece representado mediante colores llamativos en esta obra que da nombre a la muestra que acoge el Centro Cultural Borges de la capital argentina hasta este domingo.
Pese al notable predominio de pinturas que evidencian el caos que se genera a diario en las estaciones de grandes ciudades como Buenos Aires en plena hora punta, en la exposición también hay un hueco importante para la miseria.
Sapia refleja la rutina de las personas que viven en la calle y la de los llamados “cartoneros”, que se dedican a recoger basura en la capital de un país que, para el pintor, durante los últimos 25 años no ha dejado de ir “cuesta abajo” y se ha convertido en una “frontera” entre el tercer mundo y los países desarrollados.
“No es una cosa ni la otra, no es Somalia ni Francia, pero es ambas al mismo tiempo”, apunta antes de señalar que el hecho de que Argentina se encuentre en ese límite aporta “una gracia muy particular” a sus ciudadanos.
El artista únicamente abandona los tonos vivos como el rojo, el azul o el rosa en sus cuadros sobre las villas, asentamientos precarios de las zonas urbanas más pobladas del país, que transmiten mayor tristeza que los demás gracias al uso del verde oscuro, el marrón o el negro.
Aun así, hasta en estos últimos aparecen ciertos trazos en colores “juguetones” porque -apunta- en los barrios marginales “también hay amor, movimiento, energía y desazón”.
Además, si un artista pinta de una manera turbia una temática sombría, se resigna a crear “una pintura de museo, en el mejor de los casos”, con la cual “no puede convivir”, asevera.
Todo esta vorágine de lo cotidiano desaparece, sin embargo, en algunos cuadros de la muestra, como “El cartel”, en el que un hombre -solo y en plena noche- abraza la imagen de una mujer desnuda que se alza en las paredes de un callejón.
Una forma de plasmar que la soledad “también es una marca de nuestra época”, ya que existen demasiadas relaciones por redes sociales “que no significan” y que contribuyen a conformar esa “capa de superficialidad” que caracteriza al mundo occidental.
Pese a que admite que su obra está principalmente inspirada en Buenos Aires, donde nació hace 50 años, Sapia considera que las escenas son globales y trasladables al “desequilibrio” que atraviesa “todo occidente”.
Sin embargo, se resiste a calificar su obra como una “denuncia social” porque aborda circunstancias que “todo el mundo conoce” y, por tanto, supone un “reflejo” de la identidad argentina.
Después de más de tres décadas sin separarse de su pincel, su lienzo y sus tubos de óleo, Sapia no se imagina haciendo otra cosa, aunque “podría hacer cine, pero tendría que lidiar con mucha gente”, bromea.
Pintar no es para él solo una manera de acercarse a aquello que le “importa” mientras se gana la vida sin depender de nadie sino que también le ayuda a “procesar” los sentimientos que le generan esas irrupciones de locura cotidiana que protagonizan la “vida tumultuosa” del ciudadano occidental.